lunes, 31 de diciembre de 2007

Ella: El amor se vive con intensidad. Lo había encontrado en una de esas casualidades en las que dos personas cruzan su mirada y parecen decirse algo cuando simplemente se están observando. La interpretación de cada uno hizo el resto. Un café. A la semana una noche de marcha. A la siguiente un cine. Y entre medias, amor camuflado de sexo. La confianza y el respeto se convirtieron en sus armas. Su relación, su amor, un ejemplo. Ahora, le esperaba...

Él: La conoció una tarde antes de enfrentarse a una noche de pasión y sexo rápido. La vió por la calle, y su naturaleza de lobo se convirtió en vida espiritual. El mundo se paró por un instante, cuando se quiso dar cuenta, la tenía en sus brazos, desnuda y preciosa, a la luz de un nuevo amanecer. No es fácil borrar una vida de nombres sin cara en la agenda. Prometía amor, por no decir miedo. Ahora, una vez más, se dirigía a su encuentro con la sonrisa de enamorado...

La otra: Guapa de cortar la respiración. Con ese toque de veteranía e inocencia que hacía perder la cabeza al más cuerdo. Ninguno más que otro, ni nadie más que ella. Él era distinto. Mezclaba un curioso cariño con una pasión descontrolada. Se divertían las pocas horas que se veían. Disfrutaban el uno del otro sin nadie saberlo. En un peligroso sentimiento de complicidad y amor furtivo. Las horas, escasas, se convertían en días y paraban en el tiempo en el mismo colchón donde yacían el uno junto al otro. Hoy, como casi siempre, despues de una cita, lo veía marcharse, calle arriba, a junto de Ella

martes, 25 de diciembre de 2007

Half of what I say is meaningless
But I say it just to reach you, Julia
Julia, Julia, oceanchild, calls me

So I sing a song of love, Julia
Julia, seashell eyes, windy smile, calls me
So I sing a song of love, Julia

Her hair of floating sky is shimmering, glimmering,
In the sun

Julia, Julia, morning moon, touch me
So I sing a song of love, Julia

When I cannot sing my heart
I can only speak my mind, Julia

Julia, sleeping sand, silent cloud, touch me
So I sing a song of love, Julia
Hum hum hum...calls me
So I sing a song of love for Julia, Julia, Julia

Julia - The Beatles (White Album - 1968)

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Confianzas...

Una de las acepciones que la RAE da de confianza es familiaridad o libertad excesiva. Lo de familiaridad le dota de ese componente tradicional y costumbrista. La confianza como vínculo, unión fundada en el respeto y en entendimiento entre iguales. Pero ¿libertad excesiva?. ¿Puede ser la libertad, excesiva?. Si. Cuando interfiere en la de la otra persona. Ese es el límite entre libertades, el famoso "la libertad de uno acaba donde comienza la de los demás". Gran proverbio.

En los tiempos que corren resulta complicado distinguir entre confianza y abuso. Por la sencilla razón que delimitar las cosas es visto como egoísmo. En la fiesta de la libertad individual, todo es relativo. La comodidad la juzga el "yo", una vez más. Un "yo" orgulloso de sí mismo, de su propia existencia. Donde todo es bonito porque "yo" lo hago, porque soy "yo" quién lo siente y percibe así, y los demás están muertos porque "yo" lo digo. Amparado en mi propia especificidad y magnificencia ególatra.

En este campo, la confianza se torna en arma más que en forma de vida. Cuando se sobrepone la necesidad propia a la de los demás, cuando no se consulta porque se da por hecho. A fin de cuentas, cuando no se tiene una noción realista de las cosas, porque vivimos cada uno en nuestro mundo. En este ámbito la convivencia se vuelve insostenible. La solución no es fácil, porque en la actualidad reconocer un error significa ser inferior, perder partes de esa magnificencia. Y en lugar de reconocerlo, lo justificamos. Con argumentos individuados, o con la intromisión de "pues tú..." el otro como reproche, no como compañero. El error muestra la imperfección, el mostrarse ante los demás, ante el público que te observa y convive contigo. Los juicios que a nadie gustan.

Pero no se es menos persona, dicen que el buen entendedor no es el que más habla si no el que sabe escuchar. Y sólo nos oímos a nosotros mismos, porque todo "yo" es especial, y si no se siente así se recurre a la insensibilidad como definición vital.

Hoy en día no se puede dialogar, porque todo el mundo quiere llevar la razón como garante de su dominio y posición privilegiada como oráculo anónimo. No se debate, porque no se tiende a ceder, a buscar la verdad subyacente. Sólo a corroborar lo que uno piensa y dice por encima del otro. En la sociedad competitiva el segundo es un perdedor, no una persona que tiene la posibilidad de ser primero, o mejor aún, sin categorías. La de una persona que intenta realizarse y superarse, no como premio, no como medio para conseguir algo, si no como forma de transcendencia, como elemento eugenésico. Ya no.

No se puede diverger en opiniones porque cada uno es como es. Y en eso no hay problema, sino en que cada uno siendo como es sea más que los demás. Una lógica paradójica que engloba una verdad inmutable, que sólo pensamos en los demás en la medida que nos afectan. El utilitarismo en su punto álgido. Las personas están cansadas de escuchar "pues a mi..." "pues YO no hago eso..." " pues YO no soy así". Nadie te lo ha preguntado. A nadie le interesa. Porque en esa oda individual no hay nada que escuchar, y mucho menos algo que descubrir. Pero da igual ¿a quién le importa? "Rayadas", "Comerse la cabeza". En una sociedad donde el individuo tendiera a mejorar, a realizarse a través de los demás y en sí mismo. En una sociedad donde escuchar fuera norma y autocomplacerse sanción. Ahí donde el individuo es consciente de sí mismo y de todo el entorno en una unión perfecta, ahí, las cosas comenzarían a cambiar. El yo surge necesariamente por contraposición a algo. La conciencia de uno mismo surge cuando se tiene conciencia de que hay algo más. El yo sin el otro, no es nada. Pero lo otro siempre existe. Cualquier lugar existe aunque no hayamos estado allí, otra cosa es tener conciencia de ello. Y la coletilla del "´¿y luego yo?" ya cansa. Pero es lo que hay.

jueves, 22 de noviembre de 2007

No somos dueños de nada, porque si lo pensamos fríamente, no tenemos nada. "somos la mierda cantante y danzante del mundo" lo decía Tyler Dourdain, y poco se equivoca. En lugar de reflejarnos en nosotros mismos, en crecer y desarrollarnos como personas en y por los demás... No, lo hacemos a través de la posesión. De la falsa certeza de que aquello que tenemos nos hace más fuertes, seguros y mejores. El problema es que cada vez que obtenemos una cosa surge otra que la mejora, y con ella, la imperiosa necesidad de sentirse cobijado en esa necesidad creada. La avaricia se ha convertido en una forma de vida. Acumular ya no en relación a los demás, si no a un "yo" que se infla a una velocidad proporcional a la que consume. Y cuando hablamos de consumir, no hablamos de aquello que se puede comprar, si no de todo aquello que tiene la cualidad o es absorvido por la esfera de lo consumible.

Las personas ya no son por sí mismas, sentimos a la gente por lo que significa para uno mismo, por lo que "me aporta", no por lo que es. Fetichizamos las relaciones de amistad a través de baremos de productividad; si me siento feliz, si estoy cómodo, si me aporta una conversación. Convertimos la amistad en utilidad, no en sentimiento. Y para obtener la máxima utilidad hay que estar preparado, hay que saber lo que mostrar y lo que no, hay que ser una persona según el ambiente en el que te veas implicado, siempre con una sonrisa, con buenas formas. Como mostrando que eres un amigo universal. Todo para conseguir algo, no para sentir. Se trata de entretener, de realizarse con los demás no a través de ellos. Soy porque estoy contigo. Una simbiosis neutralizanete, donde el "yo" sujeto es más grande que todo el predicado. Ese SOY suena enorme, pesado. Tanto, que limita la segunda parte, que es el objeto que le permite ser, el otro. Pero ese "otro" en lugar de ser él mismo, es por lo que significa para el yo. Pierde su naturalidad, su condición y su cualidad que se ve maquillada por el filtro de la utilidad que representa para la otra persona.

El amor, camina por el mismo sendero. Ya no se trata de amar a la persona, si no que la capacidad de amar recuerda que "yo" puedo amar, que soy libre en mi acto de amar y me enorgullezco de todo ello porque soy "yo" quién lo hace. Ya no se ama a la persona por lo que es, si no por su significado para mí. Y eso es peligroso. Puesto que la persona puede significar mucho para mí, pero si ha sido una mala persona con los demás ¿de que vale?. Pues sí, sigue valiendo. ¿Porqué? Porque se ha perdido la moral y las referencias. La referencia es el individuo, el yo narcisista y egocéntrico. "mientras no me lo haga a mí..." parece ser el nuevo credo. "Me gustan las personas que me juzgan por lo que soy con ellas, no por otras cosas" sí, tal cual Hitler. Sólo el propio individuo es quién de glorificarse u hundirse (esto último, más bien poco, puesto que suele ser una forma de llamar la atención y mostrarse, que de sentimiento verdadero) Las relaciones son por y para siempre, y para ello hay que apartarse en una burbuja individual que se pinta de rosa y se llena de caramelos. Las parejas viven su amor en una soledad compartida, es un amor egótico, excluyente ¿lo que excluye es amor? El amor une, crea, produce, no divide o selecciona. Eso es otra cosa.

Pero para plantearse todo esto hay que tener espíritu crítico, primeramente, con uno mismo, y luego ir ampliando miras. A nadie le gusta saber que está equivocado ¿por? Porque históricamente siempre se hizo burla sobre el error, el desprestigio cae sobre el fallo y la incapacidad, en lugar de la comprensión y la ayuda. ¿Porqué? Porque quién falla no tiene, no puede poseer, y eso, se ha convertido en marca social. Ya no se trata de medios de producción, si no de bienes de consumo, somos lo que consumimos no lo que producimos, puesto que nos hemos hecho a la idea, casi innata, del trabajo como obligación y medio para, no como realización. "Estuve allí.." "tengo esto.." "fui a comer a..." es más la sensación de posesión que la de sentimiento. LAs cosas no se hacen porque se sienten, se perciben, si no como dinámica general. Los viajes se convierten en fetichización de los lugares "yo estuve allí, por lo tanto existe y es mío" en lugar de sentirlo per se. No puedes entrar en el Louvre creyendo que sólo tú lo percibes, básicamente, porque no estás sintiendo objetivamente todo lo que ves, si no por reflejo de lo que deberías sentir. No se trata de lo que me transmite la medusa, si no de lo que evoca, lo que significaba para el pintor, que inquietud tendría para plasmarlo de esa manera. Eso es sentir el arte, porque el arte tiende a lo absoluto, a la perfección, no a la belleza. La belleza es un paso, lo absoluto es la finalidad (T. Adorno).

Y como el individuo actual es absoluto, puesto que lo abarca todo, el arte también lo es, porque se subsume en todo su ser. Como decía al principio, ya no sentimos verdaderamente, si no que conceptualizamos las cosas para que signifiquen algo para nosotros. Si no las podemos tener ya no significan. En el mundo visual y posmoderno la vida es así, lo imaginario como triunfo. Ya no hace falta sentir porque la posesión de las imágenes evoca ese sentimiento y esa realidad. Así es que la gente está triste, que defienden lo indefendible y que se dedican a vivir una juventud eterna que ya no volverá. Y alguno de éstos, hubo un momento, en que lo llamamos amigo y un amigo esta lleno de vida, éstos también están llenos, pero de mediocridad.

"... no se puede pensar un sentimiento ni se puede sentir un pensamiento" J.P. Sartre

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Go 'way from my window,Leave at your own chosen speed.
I'm not the one you want, babe,I'm not the one you need.
You say you're lookin' for someone Never weak but always strong,
To protect you an' defend you
Whether you are right or wrong,
Someone to open each and every door,
But it ain't me, babe,
No, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're lookin' for, babe.
Go lightly from the ledge, babe,

Go lightly on the ground.
I'm not the one you want, babe,
I will only let you down.
You say you're lookin' for someone
Who will promise never to part,
Someone to close his eyes for you,
Someone to close his heart,
Someone who will die for you an' more,
But it ain't me, babe,
No, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're lookin' for, babe.

Go melt back into the night, babe,
Everything inside is made of stone.
There's nothing in here moving
An' anyway I'm not alone.
You say you're looking for someone
Who'll pick you up each time you fall,
To gather flowers constantly
An' to come each time you call,
A lover for your life an' nothing more,
But it ain't me, babe,
No, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're lookin' for, babe.

It ain´t me, babe (Bob Dylan, 1964)

sábado, 27 de octubre de 2007

El agresor del metro

Anda estos días la opinión pública española revuelta. Durante esta semana en televisión se pudieron ver las imágenes de un joven catalán agrediendo a una emigrante ecuatoriana. Leí en varios sitios que las imágenes recuerdan a la violencia gratuita narrada por Kubrick en La Naranja Mecánica. Lo que Kubrick dibujaba como una paranoia social se ha convertido en realidad. El problema no es que se trate de un caso aislado, puesto que no hay cámaras en todos los sitios y no se puede saber lo que acontece realmente, si no que la demostración de poca humanidad del sujeto es preocupante.

En primer lugar se pudo ver al susodicho tomándose una cerveza en un bar de su barrio, con total tranquilidad. Si fuéramos gente coherente, por encima de vender una cerveza (1,20 euros) está la persona a la que estamos atendiendo. Así como en muchos establecimientos no se permite la entrada a gentes ebrias, tampoco se debería permitir a descerebrados. Vamos, que por mucho bar que tenga un tío que piensa que el hecho de ser de otro país significa inferioridad no merece ser atendido, de hecho, no merece ni salir en prensa, de tener todo ese eco mediático.
Merece un funcionamiento estricto de la justicia que visualice esas imágenes y lo condene con todos los mecanismos que la jurisdicción española pone a su disposición.

Y es que lo de dar estas imágenes, puede ser un arma de doble filo. Por un lado se conciencia a la gente y se da un discurso moralista sobre la integración, tolerancia y respeto. Pero por otro se puede desatar un fenómeno mimético. Me explico. Una persona graba en su móvil una agresión a un compañero de clase y lo cuelga en internet recibiendo miles de visitas, lejos de desaparecer, se multiplica y convierte en un fenómeno preocupante (basta con poner peleas instituto en youtube y ver lo que sale...). No digo que ahora cualquier persona en pleno metro, calle, bus o local se le de por emprenderla a patadas con el primero que pasa, pero el morbo de lo prohibido y vetado es provocativo. Como la cleptómana roba por el placer de no ser descubierta, el enfermo social lo hace con el mismo placer. Es evidente que una persona que pega y maltrata a un igual, equilibrado o sano no es. La sociedad debe poner todos los medios al alcance para evitar este tipo de comportamientos así como su solución. Pero ¿realmente el individuo en cuestión se quiere curar? Él no piensa que esté enfermo, incluso aprobará su conducto y hablará de "caza de brujas", "exagaración" o cualquier justificación posible. Una persona que se encara con periodistas, muestra una mueca desafiante y chulesca despues de cometer tal atrocidad ¿piensa que esta enfermo? No, los enfermos son los demás.

Y en estás estamos. Repito, parece que se trata de un caso aislado. Pero revuelve el estómago, puesto que se trata de una muestra extrema de una conducta, pero no quiere decir que las pulsiones que mueven a dicha conducta no existan en más individuos o grupos sociales. Es decir, se puede sentir ese rechazo de lo diferente pero no canalizarlo en forma de agresión, si no de partido política, movimiento social o tribu urbana. Algo menos evidente a los ojos de la opinión pública. Lo aislado debilita, lo grupal fortalece.
El agresor del metro de Barcelona es un ser deleznable, pero lo preocupante es que las ideas y pulsiones que llevaron a dicha persona a cometer tal vejación, se hayan igualmente en otros lados de la sociedad española. Una sociedad que da cabida a pensamientos que rechazan lo diferente por miedo e inseguridad, claro referente de destructividad. Que se apoyan en falsos historicismos para hablar de razas o comunidades superiores a otras. Que se permiten juzgar quién puede y quién no puede convivir entre iguales, repito, una sociedad que tiene en su seno este tipo de ideas, tiene un problema.

Alguno dirá "pegarle no, pero yo estoy de acuerdo en que no vengan a nuestro país..." y contiene la misma violencia y rechazo que el golpe en la cara del chico de barcelona, lo que pasa que no se ve en la cámara de un metro, no se escucha en los telediarios, si no que está presente en las mesas de los cafés, en los círculos de amigos, y en cualquier calle que transitemos. No se trata ya de la violencia manifiesta, si no del rechazo contenido.

martes, 16 de octubre de 2007

Sobre los políticos

En una sociedad que funcionara bien, la política sería un medio para no un fin en sí misma. Hace siglos, Platón dibujó en La República la figura del político como un sabio, sin ánimo de lucro que ayudaba al desarrollo de las sociedades y el individuo. Con su división social de artesanos-guerreros-políticos parecía solucionar algo tan complejo como la naturaleza de las sociedades. Poco a poco la política fue perdiendo esa conexión primigenia con las bases del pueblo, la megalomanía de muchos mandatarios quemó los vestigios de pureza que en ella podían quedar. La división de los poderes, maquiavelo, rousseau... son cientos los clásicos que han enfocado el problema de la política, desde la utopía de Thomas Moro, pasando por el utilitarismo de Mill o el egoísmo Hobbesiano, todos han intentado dar una respuesta a la gobernabilidad de las pulsiones humanas, pero todos se han olvidado del hombre.

La ilustración dibujó a un verdadero hombre, que produce, que está activo, que se desarrolla él y su entorno, que crea en lugar de destruir, que ama en lugar de poseer, que vive en lugar de pensar en la muerte. Y todos esos logros se vinieron abajo, de una u otra manera se pasó de la filosofía de ser a la filosofía de tener ("Tener o ser" E. Fromm). La seguridad del yo pasa por la posesión de las cosas, en un mundo donde todo se puede cuantificar la seguridad, la afirmación de la existencia pasa por lo tangible, por lo que tiene un valor ya no en sí mismo si no en relación a las demás cosas (K.Marx). Es una fase más de la búsqueda humana, búsqueda que se inicia en el momento que tenemos conciencia propia o de "uno mismo" e interiorizamos nuestra relación con el mundo, ya desde bebés, como una relación de obstáculos e interpretaciones, como un desarrollo y esfuerzo continuos. Esto lo descubrimos como bebés, y en ese tiempo es nuestra madre la que nos ayuda en dicho proceso, la seguridad que imprime la falta de responsabilidad, la comfortabilidad... ya es experimentada desde niño. Ese tener está enraizado en la historia (no en su totalidad) humana. Ya no se trata únicamente de los que poseen los medios y los que no, si no de los que quieren tener y tienen más y de los que simplemente no tienen. A mayores, el mundo sigue esos preceptos de posesión como marca de clase, éxito, presente, pasado y futuro.

Somos lo que tenemos y eso es lo que genera inseguridad ¿si no tengo, no soy? o ¿que pasa si no tengo? En un conjunto social donde se siguen y erigen una serie de normas, convecciones y pautas sociales para el funcionamiento del mismo, el individuo que no las sigue es castigado, reprimido u olvidado. A mayores, estos casos son límite, puesto que la propia sociedad se encarga de dibujar como deseables y necesarias dichas normas qué garantizan ese sistema, que no quiere decir que sea el mejor o que otro no sea `posible, si no que para el funcionamiento y cohesión del mismo es ese el camino a seguir. El político no escapa a esta visión, decía schopenhauer que las discusiones es mejor no tenerlas, porque no se trata de desembocar en la verdad, de descubrir la misma sin vendas ni prejuicios, si no de tener razón, de poseerla como símbolo de superioridad intelectual. Ya no se trata de inquirir lo verdadero si no de ganar una discusión de demostrar una fortaleza frente a lo ridículo del perdedor, aunque lo que se tenga nada tenga que ver con lo que verdaderamente es. Los políticos se preocupan de tener, de los números, de cuantos votos va a producir tal o cual medida, de los asesores de imagen para llegar a MÁS gente, del impacto del mensaje, de discusiones estúpidas para que una u otra fuerza política "lleve la razón" cuando ni siquiera la tiene (entendido tener como descubrir la verdad).

Los políticos son la muestra más clara del egocentrismo, de la falta de conexión con la realidad y del aislamiento egótico. Se ven como semidioses en sus escaños y periódicos, paladines de la dialéctica y huérfanos de contenido, unos y otros, da igual el color. Para decirlo llanamante, son todos una mierda. Egoístas sin fronteras. Preocupados de su cargo de, cuando ese cargo viene del ciudadano engatusado cada 4 años con una urna garante de "la democracia y la libertad" ¿que libertad hay en la presión de ejercer el voto?.

Leo hoy unas declaraciones que me dejan atónito, un tal Mayor Oreja, ex-ministro del PP (ese partido democrático) dice que él no es quién para condenar el franquismo y ahora escribo textualmente: ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad? En mi tierra vasca hubo unos mitos infinitos. Fue mucho peor la guerra que el franquismo. Algunos dicen que las persecuciones en los pueblos vascos fueron terribles, pero no debieron serlo tanto cuando todos los guardias civiles gallegos pedían ir al País Vasco. Era una situación de extraordinaria placidez. Dejemos las disquisiciones sobre el franquismo a los historiadores. (http://www.lavozdegalicia.es/espana/2007/10/14/0003_6226393.htm)

¿Que clase de persona puede hacer estas declaraciones? No tiene desperdicio la parte de los bandos en las guerras y que en el nazismo sólo había uno (¿?). Una persona que no reconoce el derecho universal a la vida, puesto que la negación del franquismo y sus atrocidades son un ataque a la vida ¿merece ser considerado ser humano? ¿merece ser escuchado? ¿un partido político que no reconoce esta época y mira sonrojado hacia otro lado, merece cobertura informativa y electoral? Lo que más gracia me hace, es que luego hablen de la dictadura de Cuba con toda la razón, y yo les pregunto a esos sesudos franquistas disfrazados de peperos ¿a quién atacó Cuba en los último 51 años de revolución cubana? ¿cuantos países invadió Cuba en el último medio siglo? ¿en cuantas guerras se ha visto envuelta Cuba en los últimos tiempos? Se lo digo yo, ninguna. Ah, es verdad, el régimen castrista y los disidentes ¿alguién puede hablar de primera mano sin estar mediado y mediatizado por la prensa sobre los disidentes cubanos? ¿Es gloria estefan un representante? ¿Acaso da miedo pensar que en Cuba hay gente que tiene derecho a educación y sanidad de primera mano sin consumismo por en medio?. Para el PP, Castro es un dictador malo, maloso. Un dictador que devolvió a Cuba lo que Batista le dió a Estados Unidos. Un dictador que habla con otro dictador como Chávez que ha conseguido que venezuela crezca un 8% en los últimos tiempos, nacionalizado la economía, regularizado la educación y devuelta la potencialidad a Venezuela. Del hermano Evo, tampoco hablo, porque merece un capítulo a parte una persona tan grande. Todos son dictadores, menos Franco, segun mayor Oreja, ya que muchas familias vivían bien. ¿Muchas? ¿Quiénes, Los Alcántara?. Franco cohartó la libertad de prensa, de asociación, tuvo censores (¡Ay Cela!), asesino con el aguilucho como excusa, habló con hitler y mussolini(creo que premios nobel de la paz...). Pero, había familias que vivían bien el franquismo, a parte de los Bordiu. ¿Es esto un político? ¿Un partido que aglutina este tipo de pensamiento es un PARTIDO DEMOCRÁTICO? Son una panda de zoquetes, dicen que son odiados, pero es que son los únicos que generan odio con sus camisitas y politos lacoste. Con sus pelitos repeinados y sus trajes pantalón encorsetados. Sus loas a Franco y al Valle de los Caídos. Sus ansias de tener y poseer, de destructividad a fin de cuentas. Los de ZP poco más son, pero son respetuosos. Y luego se escandalizan de que muchos no nos sintamos españoles, y es que asco me daría que el sustantivo español sirviera para designar a Mayor Oreja y cualquier otro ciudadano por igual. Vergüenza de país.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Muertos Asimilados

El telediario de los fines de semana es una crónica de sucesos continuada (bueno, esto suele ser casi siempre así). Uno de los temas estrella de los medios, algún día hablaremos del terremoto mediático de los McCann, son las muertes en accidentes de tráfico.

La carretera se ha convertido en la nueva lacra social para los medios. Jóvenes, alcohol, drogas, exceso de velocidad... parecen ser las razones que se encuentran detrás de este drama social. El asunto es que las muertes al volante son un goteo incesante, y algún espectador se puede preguntar ¿acaso antes la gente no moría en las carreteras? ¿o será que no morían tantas personas? ¿o quizás será que si no era tanta gente era porque había menos coches matriculados en España y el riesgo de morir en un accidente era mucho menor porque también había menos gente sometida al mismo? O puede que no afloren, pero no parecen ser preguntas insensatas.
Por un lado, la sangría constante de muertos al volante se convierte en una pesada losa en la conciencia de la sociedad. ¿En qué hemos fallado? Parecen preguntarse políticos, autoridades y analistas. Quizás este crecimiento sin barreras se haye detrás de todo esto. Es decir, si cada vez se fabrican coches con más prestaciones y posibilidades pero el asfalto sigue siendo el mismo ¿qué es lo que falla? El conjunto, sin duda alguna.

La sociedad es de consumo, para consumir hay que generar riqueza, esta riqueza la generan enormes fábricas de vehículos que cada mes expeden un nuevo modelo, en esas fábricas trabaja gente por un sueldo, ese sueldo es dirigido por la publicidad hacia la satisfacción de la seguridad fetichizada en una casa, un vehículo, vacaciones, lo último en tecnología... En el caso del vehículo, cada modelo es más novedoso que el anterior (ahora se lleva el coche ecológico, por eso del cambio climático. Va a ser que las fábricas que lo hacen son biodegradables...) estos nuevos modelos te hacen sentir la libertad en forma de velocidad y control, y este control hace ya a más de 250 muertos en un año. Es decir, muerto por día. Pero no es tan fácil. Una pistola mata, pero si no se dispara no tiene uso. El vehículo depende del piloto, y parece que los pilotos españoles les da por hacer su propia ley de la carretera; controles positivos, excesos de más de 30km/h en zona urbana, 160 en autopista (si, en Alemania cada carril tiene su limitación de alta velocidad, pero quién se pase 1 km, va al talego...) juventud que se deja los dientes en el salpicadero...

¿Que se nos ocurre? Sensibilización. Claro, como que al individuo que va mamado hasta las cejas seguro que se acuerda del anuncio una vez puesto a 180 por la recta de su casa. O como si el que tiene prisa porque lelga tarde al curro, o simplemente quiere llegar ya a casa después de su jornada laboral.consumista le importaran los lesionados medulares. Da igual. El número sigue aumentando, y la sensación, para variar, ya no es que no se pueda parar (si es que realmente es una lacra y no una pérdida asimilada de la estructura de la sociedad de consumo. Muchos coches, más conductores, más gente sometida a riesgo, más muertos,) si no que el problema, como decíamos, no es problema hasta que no toca de cerca, hasta que no muere un allegado.

Hoy, una de las noticias hablaba de un accidente en Sarria (Lugo) un chico de 19 años borracho al volante tras un botellón, con seis personas a bordo, se empotró contra un pilar de hormigón. Murieron dos hermanas de 15 años y otros 3 están graves. El conductor ileso. Por lo visto iba a más de 180 por el pueblo, llovía, perdió el control y se empotró. Si, se saltó toda la precaución, y mato a gente joven, y yo me pregunto, al margen de todo lo viario, ¿Que hacían dos chicas de 15 años de botellón hasta las 3:30 de la mañana? Quizás, una mayor responsabilidad social las hubiera salvado de la muerte en esta ocasión. Pero no. Como decimos en Galicia " a tiñan aí..."

jueves, 27 de septiembre de 2007

¿Amigos o Pareja?

Creo que todos conocemos a alguien que alguna vez se ha visto entre la situación de elegir a un amigo o a una pareja. Lo peor de esto no es la elección que se vaya a realizar, si no que ya da igual el resultado, porque, si se supone que tu pareja te quiere y tu amigo también ¿porqué te obligan a elegir? "uno o ninguno..." pues que bien. Vaya pareja y menudo amigo. Ahora bien, analizemos esto un poco más en profundidad.

Un amigo, al igual que una pareja, puede tener la necesidad de acaparar al objeto de su amor, es decir, su amigo. El sentido de acaparar va en la siguiente dirección; en la amistad se desarrollan actividades, sentimientos, momentos... cargados de sensibilidad y significado, de ellos crece un fuerte lazo entre las personas. El lazo no es impuesto, como puede serlo la familia, si no que se adquiere, se construye. Sucede, que en nuestra sociedad, la pareja se disfruta individualmente. En el sentido que las experiencias son de uno para el otro exclusivamente, el amor se dirige y centra en uno por el otro, lo que en sicología se llama folie au deux. En esa relación de amor cerrada no tiene cabida nadie más, evidentemente, y ese amigo que vivió de una manera su relación para con la otra persona en lugar de amar a la persona que ama a su amigo porque éste es feliz, comienza a rechazarla. Porque en lugar de unir, separa. Porque en lugar de sumar, resta.

Y quiénes han perdido son los 3; el primer amigo porque a partir de ese momento toda su vida va a quedar marcada por ello. El novio porque pierde a un amigo y gana una pareja que no sabe si lo va a ser, yq ue cuando despierte del enamoramiento egótico, que no verdadero, sea demasiado tarde para arreglarlo. Y la novia por su egoísmo (los sexos se pueden intercambiar, pero los papeles son básicamente estos). Esto es algo que ocurre todos los días; "es que una pareja es una pareja..." Hay una frase, que ya parece en desuso, que dice eso de que "amigos hay muy pocos, parejas hay muchas" y creo que es cierto. Porque el amigo verdadero entiende y comprende, no se sitúa por encima o por debajo, si no a la misma altura. Y la pareja, no debería de ser otra cosa, la verdad. Si no una parte más de nuestra vida que nos ayuda a realizarnos y completarnos, pero no por ella mísma si no porque es una parte más del conjunto armónico de nuestra vida. No se trata de la única persona a la que se puede amar, no, si no que ayuda amar a los demás, a que el amor sea mayor, pero no por ser pareja ya es así, eso cuesta una vida conseguirlo.

Reconozco que ya no me gusta compartir mi tiempo con parejas, que lo hago igualmente, aún sintiéndome apagado. Y esa es la clave, en lugar de avivar la vida, me la apagan lentamente. Porque no veo amor, si no necesidad de no estar solo. Y en esa necesidad de no estar solo, a lo mejor, el que sobras eres tú, porque si sientes esa soledad al estar con dos personas que se sienten una en su propia soledad y especialidad, y lo peor no es eso, si no que cada vez me planteo tener una relación porque no quiero ser así, no quiero crear un ser único que también está solo. No, antes que destrozar algo tan bonito como el amor y convertirlo en una soledad compartida y absorvente, prefiro estar solo, conocer mujeres de vez en cuando, pero tener una sonrisa dibujada en la cara que me haga sentir la totalidad no la particularidad compartida. Lo único malo de todo esto es que si lo dices eres un insensible, o inmaduro, pues puede que lo sea, pero ¿Si soy tan inmaduro, porque las parejas que llevan este tipo de relaciones acaban sumidas en la comodidad y desamor a lo largo del tiempo? Porque no construyen, si no que se encierran en sí mismas...

jueves, 20 de septiembre de 2007

Sobre la Velocidad

En una sociedad bien articulada, lo fugaz no debería de ser premiado ¿Porqué? Por la sencilla razón de que no puede ser sentido y vivido completamente. Lo fugaz pasa y no deja rastro. En la nueva sociedad del consumo todo tiene que ser "ya" y "ahora" no existen estados de ánimo, sólo momentos.
El hombre consumo no quiere vivir su vida, quiere disfrutarla, comprarla, fetichizarla. Convertirla en un objeto de deseo y anhelo por sus iguales. Eso sólo se logra poniéndola en competencia con los demás. Gana quién más tiene y rápido lo consigue (lo de rápido referido a la novedad del mercado, lo último si se quiere.). Es una señal de poder, porque no todo el mundo tiene acceso a ello; como sólo unos pocos llegan, esos pocos tienen unas características especiales que son deseables y deseadas por la sociedad por llegar a ello. Pero nadie se pregunta ¿porqué tienen más? o mejor dicho ¿realmente tienen algo diferente? La verdad es que no, ya no se trata de medios de producción, si no de bienes.

La dictadura del proletariado se ha traducido en una dictadura del consumo, en la sociedad, como los medios están alejados, quién posee los bienes es quién tiene poder. A nivel micro, de ciudadano, el que hace una ostentación de poder es el que más posee. Y suele poseer cosas más y más caras, como muestra de lo alejadas que están del resto de las personas. Lo que las hace "únicas", no compartidas por nadie más. El exclusivismo se ha convertido en tendencia. Pero éste se encuentra imbricado en un todo genérico. Si a un pequeño nivel es el que tiene bienes, el que está por encima es el que tiene los medios. El que marca la oferta y la demanda a cada momento. Como dice Galbraith, todo se encuentra en manos de lo mismo, el mercado.

Y para que los bienes sean deseados tienen que perder su valor rápidamente para pasarlo a otra mercancía de nuevo anhelo. Moda, cine, música, arte... todo se mueve por fugacidad; la última moda del verano, la película más taquillera que la anterior, la canción más escuchada... se producen hits a una velocidad de vértigo para no tener conciencia de temporalidad. Como todo se devora y consume no hay una noción de tiempo porque siempre es presente, siempre es moda, lo que no es presente ni moda forma parte del pasado, no se recuerda. Esto último simboliza el triunfo de lo veloz, no hay conciencia de continuidad ni visión histórica. Ya y ahora.

De ahí el nuevo estrés por no ser capaz de distrutar el presente en toda su extensión de regeneración inmóvil. Tampoco puede haber futuro porque la intensidad del presente, de la moda no permite ver más allá. No interesa ver más allá de lo que está sucediendo. Todo a tiempo real, como si el tiempo se pudiera congelar, como si a cada segundo no murieran millones de células en nuestro cuerpo y volvieran a nacer otras. La conciencia de individuo se ha borrado, no hay un fin porque ni siquiera hay preguntas, sólo momento presente que es consumido, como si en ese acto se pudiera poseer el tiempo y la perpetuidad, consumo, lo tengo, es mío para siempre.

El hombre deja de ser para pasar a tener. Y en ese camino ya se pierde como tal. Lo llamamos sociedad, cuando realmente es un gran escaparate donde todo se vende y tiene un precio. Hay tiempo para cambiarlo, el primer paso, es tener conciencia de ello...

martes, 11 de septiembre de 2007

Allí estaba. Su pelo lacio se movía al compás que marcaba el viento. Su figura, estática, dejaba entrever un movimiento de caderas frenético. Sus ojos eran como dos pompas de jabón sostenidas en el infinito. Y su boca parecía prometer aventuras interminables. Podría ser la mujer perfecta, aquel libro que sostenía gracilmente con una mano, no podía ser más que interés innato por la lectura y la vida. Por lo tanto, tendría que ser una persona alegre; una de esas que consigue sacarte una sonrisa todos los días. O que hace que no vuelvas a recordar nunca jamás a tus ex- o aventuras eventuales imposibles de repetir.
Su voz, al otro lado del móvil, sonaba cálida y seductora, como la de esas dobladoras de cine que convierten al putón más grande en una "femme fatale" de rompe y rasga.
Pero lo mejor, era su manera de vestir. Unos pantalones vaqueros entallados que dejaban asomar gracilmente una cintura digna de cualquier escultor griego. Un escote calculado que tapaba lo suficiente como para dejar volar la imaginación de quién esta enfrente. Esa armonía sólo podía ser de una persona fiel y extrovertida, una de esas con la que nunca te cansas de hablar y cada noche de sexo es una aventura diferente.

"No puede ser tan difícil, seguro que ninguno se acerca a ella por miedo al fracaso. A ver, camino, hago que me tropiezo , choco y le digo "oops, perdona, lo siento, ah, muy buena lectura..." empezamos hablar del libro y seguimos con la conversación en un café. Se nos hace tarde y cenamos juntos, porque hemos tenido química. La acompaño a su casa. Y me despido, no sin antes pedirle el número de teléfono. Un beso, en la mejilla ¡que clase¡. La llamo al día siguiente, quedamos y seguimos hablando. Así van pasando los días, nos besamos, nos acostamos, nos amamos, y después de tanto tiempo vuelvo a tener novia... entonces el metro anuncia la parada, ella se baja y yo me quedo, fue bonito mientras duró..."

jueves, 6 de septiembre de 2007

La Muerte de Antonio Puerta

El deporte español se ha visto sacudido, recientemente, por el fallecimiento del futbolista del Sevilla Antonio Puerta. El chaval, porque tenía 22 años, sufrió un primer desvanecimiento del que se recuperó. Una vez en los vestuarios le sobrevino una parada cardíaca que sería seguida de cuatro replicas más. A las 24 horas, Puerta, fallecía. Antonio Puerta había jugado al fútbol desde que era pequeña, alguna que otra vez se quejó de mareos y pequeños desvanecimientos sin mayor importancia. La llamada "Muerte Súbita" le sobrevino por una enfermedad congénita; un defecto en una de las válvulas cardiacas que no permitía un bombeo normal de sangre en esfuerzos grandes y prolongados. Las estadísticas, ese elemento de distorsión, dicen que de 100.000 deportistas entre un 0,4 y un 2% mueren por esta razón, es más, ese es el porcentaje sometido al riesgo de una muerte súbita. Siendo un poco más bajo el índice de muertos.

Por partes. Como buen país morboso que somos, la repetición de la imagen de un Antonio Puerta tendido en el suelo convulsionando tras tragarse la lengua fue emitida por todas las televisiones a todas horas. La última imagen que se tiene del futbolista es su caminar pausado hacia el túnel de vestuarios esperando recuperarse. Su última frase fue algo así como: "ya vuelven otra vez estos putos mareos de mierda..." Sin duda el cóctel mediático es perfecto para llenar horas y horas de contenido lacrimógeno; una mujer embarazada que queda viuda, unos padres que entierran a su joven hijo, la "masa" sevillista que pierde un ídolo (¿o habría que decir que ven nacer uno?) los llantos desgarrados de compañeros, periodistas y presidentes...

Y al día siguiente, empieza el circo. Que si Medalla al Mérito Deportivo (y yo me pregunto ¿su mérito fue morir haciendo lo que más le gustaba?), que si el "espíritu Puerta" no nos abandonara y obra el milagro de la unión entre Betis y Sevilla (¿?), que si retirada de número, homenajes de todo el mundo del fútbol (aquí es donde verdaderamente hay sentimiento). Y ya llevamos dos semanas recordando a Puerta, su calidad humana, su progresión, su simpatía, un largo blabla de demagogia...

España, y me imagino que otros países, por eso de non sentirnos tan ridículos, es muy dada a glorificar a las personas después de muertas. Como si la muerte fuera una sorpresa que nos coge desprevenidos, habiéndonos olvidado que si nacemos es porque tenemos que morir, pura naturaleza. La muerte de Puerta aterra por varias razones, en primer lugar su juventud. Muchos jóvenes mueren en las carreteras españolas, pero el riesgo en este campo es mucho más elevado que el de jugar un partido de fútbol. Juventud y casuística no hacen buena pareja. Otra de las razones es lo mediático, todos vimos las imágenes que parecían decir una cosa (recuperación) cuando el cuerpo decía otra (fin) la última imagen, como ya hemos dicho, es un Antonio Puerta caminando por su propio pie. Se rompe el principio de "Lo que enseñan los medios es lo que está ocurriendo" los medios enseñan a una persona conmocionada pero virtualmente sana, al poco rato, fallece.

El problema de la muerte de Puerta es que fue algo tan límite, es decir, un deportitista aquejado de una dolencia indetectable y congénita que en muy pocos casos produce la muerte, jugando al fútbol mientras lo ve media España y posteriormente, muere. En lugar de admitir que la probabilidad de la muerte bajo esas circunstancias cayó, casualmente, sobre Puerta como pudo ser sobre otro cualquiera, pero le tocó a él, y no hay más. Nos dedicamos a narrar el infortunio como si una venganza divina se tratara, no reconocemos nuestra limitación como seres humanos, nuestro paso fugaz por la historia. No, queremos ir más allá, ser semidioses que controlemos todos los parámetros de la vida y la muerte, y eso es imposible. Como imposible pensaría Puerta que era fallecer ese día mientras jugaba contra el Getafe...

No hay más, lo dramático es que le tocó a él como pudo ser a un chaval de modestos con la misma afección, o un fondista, un trabajador... fue a él, un futbolista joven. No es ni más ni menos importante, si es dramático es lo mismo que para los demás, con la salvedad que Puerta era una figura pública (guste más o menos) y que murió antes de tiempo, los 22 años son una mortandad digna del siglo XIV en plena peste negra. Y si queremos hablar de pena, porque el drama se lima con la naturaleza estructural de esta muerte, también es correcto. La diferencia, estriba, en analizar cada cosa desde su propio campo y no mezclar churras con merinas.

Y digo esto, porque por ahí empiezo a leer eso de "es que en África mueren miles de personas...", "Es que en Bam por el terremoto..." y yo me pregunto´si la persona o personas que escriben eso piensan que una cosa nada tiene que ver con la otra. Si queremos generar conciencia pública sobre los problemas del mundo, no podemos ir tocando los pies con argumentos vanales y vacíos. La estructura social, económica e histórica donde se da el conflicto Africano, nada tiene que ver con el tema Puerta. Las muertes de Africanos o por causas meteorológicas obedecen a otro campo. El problema es que no tienen el mismo eco mediático, no que unos mueran en un país de una manera y otros en otro de otra. Acaso es más afortunado Puerta por morir tras 5 paradas cardiacas que el que es aplastaod por un tsunami. Creo que el desenlace y dolor es el mismo. La cobertura, en una sociedad mediática, es otra. Pero no seamos fariseos y reconozcamos cada cosa en su medida. Ahora bien, si por decir que la muerte de Antonio Puerta no es para tanto porque hay conflictos peores en medio mundo sirve para hacernos un hueco en las mentes de las personas por nuestro "Pensamiento tan revolucionario y contestario" en lugar de crear humanidad, adelante, pero esa falta de perspectiva y comprensión me revuelve más el estómago que cualquier círculo mediático vacío de contenido y sensibilidad.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Ya no había nada que aquella maldita ciudad pudiera ofrecerle. Casi 20 años entre sus paredes de cristal y cemento. En algún momento habría matado por ella, ahora deseaba que la destruyeran. Las mismas calles que desprendieron vida eran ahora senderos de muerte. Aquellas caras y cuerpos de mujeres imposibles que levantaban el ánimo, producían una interminable arcada de asco y pena.

El amor de las parejas era superficial, una especie de "así debe ser..." que se convertía en la puerta hacia la aceptación de la masa. Los errores de un tiempo no cesaban en su persecución. A veces, en medio de la noche, pensaba en un nombre y deseaba machacarlo con sus propias manos hasta que dejara de respirar. Otras, veía una cara que le tranquilizaba y cuidaba por momentos, tan pequeños, que la sensación pronto se olvidaba.

Cada mañana comenzaba la balada del egocentrismo y la egolatría . Y lo peor no era vivirlo, si no, no poder gritar. Porque un día dijo "sí" sin saber lo que realmente le esperaba. A fuego quedó grabado: esclavo de tus palabras, libre de tus pensamientos.

miércoles, 15 de agosto de 2007

La gente habla de viajes interiores como el camino para encontrar la salida a una situación de tristeza o desesperación. Quieras o no, el concepto de viaje conlleva movimiento, ir de un lugar a otro. Partir de un punto A para llegar a un lugar B. El llamado viaje interior me suena a chino. Creo que eso se llama conocerse a uno mismo, y para eso no hay que viajar por tu interior, si no recordar, valorar y analizar ¿dónde hay movimiento en todo eso?. Otra cosa es que hablamos de retroinspección, ahí me tendré que callar. Pero "viajar", viaja quién sube en un coche para recorrer largas distancias, quién peregrina a pie también viaja, o quién va en tren, como los próximos 15 días por europa adelante, no porque lo haga yo sea viajar, si no por la propia naturaleza y definición de la palabra: Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción ¿Nos montamos en avión para conocer nuestro interior? Menos palabrería, y más valor para conocerse...

sábado, 11 de agosto de 2007

Sobre la Ansiedad

Vivimos en una sociedad enferma, no hace falta explicar el porqué. Necesitamos estar tan enfermos que hasta elevamos simples estados de ánimo a la categoría de enfermedad. Uno de los grandes ¿descubrimientos? de la época actual es la ansiedad como enfermedad mental, aunque yo la llamaría social. Dicha enfermendad, segun la comunidad médica se define de la siguiente manera: estado emocional en el que se experimenta una sensación de angustia y desesperación permanentes, por causas no conocidas a nivel consciente. Es decir, que para estar sanos debemos de conocerlo todo, puesto que si no caeremos enfermos. No es exactamente esto. Más bien, debemos conocer las causas de nuestro mal, dolor o preocupación. En una sociedad de ciencia como la nuestra, todos los hechos obedecen a causas y tienen consecuencias, otra cosa es que no las queremos ver. Porque realmente, y si lo pensamos fríamente, todos somos capaces de ver cuando nos equivocamos, cuando lo hacemos bien y un largo etcétera de causalidades.

Otra cosa es que no tengamos el valor suficiente para hacerlo, o que nos engañemos. Decía Freud que el individuo tiende a eliminar aquello que no le es placentero o por lo que puede ser sancionado, a la larga, esto se manifiesta somáticamente en forma de tics, enfermedades o diferentes parálisis. Neurósis, a fin de cuentas. Subyace en este aserto que el individuo no quiere ser consciente de sí mismo. Con esto en la mano ¿qué es la ansiedad? Pues no lo sé, realmente es no saberse controlar. La sociedad actual vende el placer, la felicidad, la satisfacción no como estados de ánimo si no como formas de vida, en el momento que no los alcanzas es cuando comienza la espiral de la ansiedad. Puesto que surgen crisis nerviosas, neurosis, preocupaciones... Y ahí radica el problema, en que de estados de ánimo hacemos formas de vida. Es inevitable que para ser felices tengamos que experimentar la tristeza, o si lloramos es porque antes hemos reído y ya no somos capaces de hacerlo. Pero curiosamente, una sociedad que se basa en la fugacidad alimenta estas emociones de tal manera que las convierte en formas de vida.

Esto de la ansiedad es un invento relativamente nuevo, antes, en la época de nuestros abuelos existía el "agonías" una persona inquieta y nerviosa a la que todo le venía grande y que despertaba la simpatía de muchas personas. Esto se convirtió en ansiedad, terrible enfermedad social que hay que medicar y controlar. Un ejemplo; un concierto con miles de personas donde no ves la salida a nada, y piensas que si pasa algo malo vas a morir o te va a pasar algo. Bien, en primer lugar, si hubieras pensado en algo malo ya no hubieras ido al concierto, ya que lo malo se presenta como excepción, o mejor dicho, como poco probable. Es lógico que en una gran concentración de gente nos sintamos arrinconados, agobiados, oprimidos porque el espacio es limitado. Es natural esa sensación, como natural es respirar y controlarse. Pensar que todos los demás están en la misma situación y que no pasa nada. Pero en ese trayecto, el bombeo de nuestro corazón como manifestación de una situación de peligro (instinto) es tomado como neurosis y ataque de pánico. Un poco triste ¿no?. Puede ser que tras un período vital complejo, donde se ha aguantado mucha presión se derive en un ataque de nervios, pánico o epilepsia. Pero en esto hay que volver al sicoanálisis y ver que no es más que la manifestación de la sublimación a la que sometimos a nuestras percepciones y sensaciones.

Como lo reflexivo no se premia, ya que todo tiene que ser ya y ahora; "tengo que estar bien ya" entonces es cuando el hombre se ve débil y desvalido para superar este tipo de cosas. Se siente perdido, desposeído de su racionalidad y capacidad de decisión sobre sí mismo. Pasa a depender de un médico y una medicación que le devuelven al placebo social del que nunca debió de salir. Curiosamente cuando alguién está ansioso, es que está nervioso, que no da llegado lo que desea y desea adelantarse a ese tiempo de espera. Por lo tanto, la ansiedad, es la sensación de querer pasar las cosas ya y rápidamente, la imposibilidad de esto, porque todo tiene un tiempo y una forma, es lo que desemboca en ataques de pánico, palpitaciones y todo tipo de jergas médicas. Al perder la condición humana de la reflexividad y la tranquilidad, perdemos todo control sobre nosotros mismos. Lo peor es que alimentamos nuestro estado, una profecía autocumplida: "como tengo ansiedad..." y de ahí que la sociedad esté enferma.

Está enferma porque no deja que sus individuos piensen y reflexionen sobre sí mismos, que valoren las cosas por lo que son, no por su valor y necesidad. Está enferma porque en lugar de ayudar, medica, es decir, droga legalmente. ¿Que clase de persona puede ser aquella que es sometida a pastillas anti-estrés durante toda su vida? ¿Donde está su fortalaze y racionalidad? ¿Donde queda su humanidad? Pero no pasa nada, los sicólogos, esa suerte de gurús neoyuppies, no buscan la solución si no aplicar su manual de terapias de control de ansiedad, como si se tratara de un cáncer, una tuberculosis, meningitis, sida... enfermedades de verdad, lacras auténticas de nuestra sociedad. ¿Hay en el Tercer mundo ansiedad como la entendemos aquí? Me imagino que por esos lares estarán preocupados en poder comer, vacunas, erradicar el Sida, tener agua potable... a lo mejor la pirámide de Maslow ha enloquecido y como lo tenemos todo tan cubierto y recubierto, inventamos gigantes en forma de enfermedades a los que hay que controlar, sin mirar el daño que hacemos y lo que dejamos para las generaciones venideras, que dios quiera, que vean en todos estos ataques y paranoias de ansiedad lo mismo que vieron los criminólogos en la seudociencia de Lombroso y el atavismo, un error.

Lo que da miedo es que toda sociedad para funcionar necesita que sus individuos crean que lo que hacen sirve para el funcionamiento de la misma, porque dicho funcionamiento es el mejor. En ese proceso de automatismo ¿dónde queda la crítica? Se lo digo yo: " es que como tú no lo tienes no sabes de lo que hablas..."

lunes, 30 de julio de 2007

Lo único que pude decir es gracias. A los que no estuvieron, porque seguro que querían estar. Y a los que estaban, gracias, por haber vivido una noche grande, tanto, como la sensación de no sentirse a pesar de ser hijo único. A vosotros, gracias.

sábado, 28 de julio de 2007

Caminando por la calle copa en mano, alzo mi cabeza, y a mi derecha, como si no tuviera alma, una chica escucha con sus cascos el mp3 de su móvil. Absorta, ida, presente de cuerpo pero lejana de mente. En esos momentos, me imagino que está oyendo esa canción que todos tenemos en la qué cerramos los ojos y, simplemente, nos vamos, pero seguimos estando presentes. Durante esos instantes no ocurre nada, simplemente escuchamos para luego volver a donde el tiempo sigue corriendo.

Podría estar escuchando Bisbal, prefiero pensar que no y seguir con una sonrisa en la cara...

martes, 24 de julio de 2007


"Felicidad no es hacer lo que uno quiere, si no querer lo que uno hace"
Jean Paul Sartre

sábado, 21 de julio de 2007

Me hace gracia hablar de cine con la gente. Porque uno se da cuenta de lo frágil que es la memoria, de lo sencillo que resulta arrojar miles y miles de películas a la retina del espectador, como si fueran hamburguesas, listas para comer, digerir y olvidar. Me hace gracia eso de " es que vi muchas películas pero no me acuerdo del título ni de que iba hasta que no la veo..." es decir ¿me leí muchos libros pero no me acuerdo ni del escritor ni del título? triste, cuanto menos.

Digo esto a propósito de una joya que allá por 1999 removió las entrañas del sistema con una lírica desconocida en el séptimo arte, pese a quién le pese esta expresión. Sam Mendes se encargó de dibujar una historia contemporánea en American Beauty, una de las obras maestras de los últimos 20 años, como suena. Ni Crash, ni Brokeback mountain, ni El Pianista... tengo mis dudas con Babel. En American Beauty se hace realidad lo invisible; que detrás de la normalidad existe la infelicidad. Una normalidad creada en una casita con una puerta roja (iluminada toda la película) el amor incondicional a una mujer, que dejó de ser ella hace mucho tiempo. Una Hija adolescente desplazada, la golfa que no es tan puta porque es vírgen pero no quiere ser "vulgar", gloriosa última escena. Todos conforman el collage que traza Mendes a lo largo de dos profundas horas. En ese momento, como Ricky Fitz, sabes que no estás solo en el mundo, que hay alguién ahí afuera que te entiende, y mejor aún, que lo ha sabido plasmar en imágenes, acordes y palabras medidas perfectamente, sin llegar a cargar pero sin saber a poco.

Habrá memos y bobalicones, porque todo hay que decirlo, que se queden con la imagen de la bolsa de plástico "queriendo bailar, en uno de esos días de otoñoa en que va llover, y el aire está cargado de electricidad..." vean en eso el explotado "placer por las pequeñas cosas" de Amélie. Pues eso, bobadas, estupideces ñoñas. Porque lo dice Ricky en una alegoría que marca época; " y descubrí que hay vida detrás de las cosas [...] y siento que hay tanta belleza en el mundo, que creo que no puedo soportarlo..." No es lo azaroso de la bolsa y lo "bonito" de ese baile, la belleza radica en la energía "electricidad", "baile" en esa sensación de reencarnación entre Ricky Fitz y la naturaleza a través de la modernidad, una bolsa, avance del hombre, arrastrada por el viento y la hojarasca, sin más utilidad, una pieza más, pero que dota de armonía al conjunto.

Esa idea no la tiene cualquier persona, es de un genio. En una película donde todos son normales; Anette Bening vende casas pero no quiere dar una IMAGEN de fracasada, el padre de Ricky (un excelente Chris Cooper) quiere educación y disciplina para dar una IMAGEN de normalidad, Angela (Mena Suvari) simplemente quiere ser modelo y ser deseada por todos para huír de la IMAGEN de vulgar. Y el bueno de Ricky, en un comienzo que recuerda a La Ventana Indiscreta pero modernizada, simplemente captura esas imágenes porque le parecen "bonitas" o "atractivas". Por no es ñoño, al contrario, fluye porque es natural, porque todos los personajes buscan esa redención, y ninguno la tiene.

Se convierte Lester Burham en el antiheroe de la película. Despido brillante, trabajo denigrante para él complaciente, búsqueda de la felicidad que perdió como camino a la amiga guapa de su hija... Y al final, en otra alegoría se describe esto: "¿Como está señor Burham?. Es la primera vez en mucho tiempo que alguién me pregunta eso... Bien, estoy bien... " Con una sonrisa mirando la foto de su hija, "vaya, vaya, vaya..." y los sesos estampados en la pared. Brutal. En un Mcguffin para la eternidad, las vidas de todos y cada uno de los protagonistas cobran otro sentido, la soledad de Carolyn, la compañía en la separatidad del mundo de Ricky y Jane, la inocencia de Angela, la espiral de destrucción del coronel... Y todos ellos unidos por la mueca sonríente de Lester Burham apoyado en la mesa de la cocina en un inmenso charco de sangre.

Su voz en off transmite una paz colosal, un plano secuencia sin más virtuosismo que mostrar la misma imagen del principio sustenta los últimos minutos, y el cuerpo se estremece cuando el bueno de Lester, desde algún lado, recuerda su felicidad en las manos de su abuela, las acampadas con los boy scouts, Jane creciendo, carolyn siendo carolyn... y dice eso de que no es un segundo lo que se te pasa delante de tus ojos, si no un océano de recuerdos. "... algún día lo entenderán".

Y se acaba. Te das cuenta que el bueno de Mendes ha dinamitado el sistema desde dentro, y también te das cuenta que su mensaje se malentenderá. Los ñoños lo entenderán como una oda al amor, mentira. Los solitarios como lo triste que es estar solo, mentira. Todo el mundo se olvida del título, "American Beauty" Belleza Americana, y esa belleza no es cosa por cosa, si no todo el conjunto. Ninguno es feliz, Jane Y Rycky tienen "un amor tan intenso" que lo tienen que vivir solos, ellos dos únicamente. De Carolyne ni hablamos. Pero Lester se realiza en el conjunto, en su ejercicio, su dignidad laboral (disfruta haciendo hamburguesas, le dignifica), su volver a sentirse vivo. Siente el conjunto, la totalidad. De aí su sonrisa, porque en el momento que muere pasa a formar parte de la totalidad del mundo que el vivió, es energía. Eso es amor, el único amor que hay en toda la película, el que viene de la belleza, de la armonía.

El problema de esto, como digo, es que la creciente cultura postmoderna convierte este tipo de película o Amélie en ñoñerías, les quita el mensaje y contenido para adueñarse individual y egóticamente del contenido como si fuera su vida. Y así le quitan el significado, porque es sólo imagen. Porque la grandeza de American Beauty o Amélie es que son excepciones, no formas de vivir la vida. Las pequeñas cosas de Amélie eran por su infelicidad y necesidad de sentirse querida a través de sus buenas obras, luego encuentra el amor. En American Beauty la normalidad devora a Kevin Spacey y esa "anormalidad" que le hace feliz le termina matando. ¿La moraleja? No lo sé, a mí, particularmente, me dice que el amor no es una relación de pareja, ni querer para siempre ha alguién, ni tener cosas, ni ser valorado por una sociedad que no es social, para mí es mucho más sencillo. "... hay tanta belleza en el mundo que creo que no puedo soportarlo" apreciar eso es muy difícil, pero no imposible, y ese es el camino de la eternidad, del verdadero amor, el que ni se crea ni se destruye... Gracias Sam.

jueves, 19 de julio de 2007

SOBRE EL CINE ACTUAL

¿Es la actualidad actual o una copia mal hecha del pasado? Lo digo por una curiosidad en la que repare el otro día. Alfred Hitchcock es uno de los grandes genios del cine, y no lo digo yo, si no sus películas. De Steven Spielberg se dice que es "el rey Midas de Hollywood". Uno por calidad y el otro por cantidad. ¡Mentira¡ gritaran los más osados. ¿Y La Lista de Schindlers? Una adaptación. ¿Y Munich? Un trauma de Steven. ¿Y ET? bonita película. Y así podríamos seguir con Tiburón, Jurassic Park, Encuentros en la Tercera fase... No voy a discutir la calidad de Spielberg, para mí limitada tirando a nula (otra cosa es la capacidad para generar éxito y sueños). Si no de la forma en que el pequeño Stevie se da a conocer en el mundo.

El Diablo sobre ruedas (1971) originalmente pensada para televisión, marca un hito en el cine moderno. Dennis Weaver es el protagonista que recorre América en coche, y que sin saber cómo ni porqué topa con un camión que lo persigue para fines no muy bondadosos. La película recrea una atmósfera claustrofóbica y tensa, donde la desesperación por el heroe crece y crece a lo largo del metraje. Lo inexplicable de la persecución atemoriza, así como el final, que lejos de acabar algo arroja una sensación de intranquilidad y adrenalina disparada.

Se le cataloga por ciertos círculos como obra maestra. Pero veamos. Allá por 1963 en un apacible pueblecito, donde veranean los protagonistas, comienzan a sufrir ataques del reino animal, descontrolado y enloquecido. Son Los Pájaros, de Hitchcock, donde Tippi Hedren pone el primer peldaño de lo que será el cine de alaridos. ¿Porqué unas gaviotas? ¿porqué a la gente? ¿Porqué...? La misma atmósfera de terror e incertidumbre, ya la dibujó Hitchcock diez años antes. Con el simple recurso de la cámara y un ritmo pausado roto por los graznidos de las aves.

Creo que no hacen falta más comparaciones. En la época de Hitchcock éste emplea una naturaleza que se rebela, temor atávico de la sociedad, descontrolada e imprevisible, cóctel explosivo para la sociedad. Stevie hace lo mismo con la modernidad. Personifica el terror en un mastodóntico camión, símbolo del avance y libertad (entendida ésta como mayor número de posibilidades de desplazamiento en tiempo y espacio) puesto en manos de un desvíado. Dando a entender, implícitamente, que esa rutina del viaje y el trabajo desequilibran al individuo. En el caso de Hitchcock critica el avance de esa modernidad, de la que habla Stevie, que termina invadiendo espacios y áreas que no le son correspondidas.

El jovencito Spielberg alucinó con esto, pero repetir con los mismo elementos es plagio, o como le llaman ahora, "remake". Simplemente lo "actualizó", mantuvo el mismo mensaje, la misma esencia pero filtrándolo hacia la modernidad creciente. No es una ruptura en la forma, sí en la estética y en la "actualización" del mito. Realmente, Stevie no ha sido referente de nada. Porque en Tiburón, nuevamente, emplea Los Pájaros pero con más violencia. La imagen del Tiburón, la naturaleza más descarnada que atacan a los apacibles turistas de una playa (el choque del turismo como ocio de la nueva clase moderna y la playa como símbolo de la naturaleza, la misma invasión espacial que en Spielberg) lo que con Hitchcock se resuelve con paraguas, una rudimentaria hoguera, en Tiburón se necesitan explosiones y sofisticados armamentos, al igual que en el Diablo sobre ruedas surge el mensaje poético de que el hombre supera a la máquina cuándo se sirve de ésta para destruirla. Los Pájaros deja abierto que pueda volver acontecer, en El Diablo la sombra de la locura colectiva sobrevuela los títulos de crédito.

Y resulta grotesco que a un artista se le valore cuando su obra no es suya. Sí, le da personalidad, la personifica, la cosifica. Pero no le da originalidad ni creatividad. No es creada, es simplemente actualizada. La única creación que existe es la quitarle el contenido histórico y convertirlo en innovación, cambiar, no crear. No por ello es malo, pero si se le asocia a otra esfera. Claro que tiene mérito estar influenciada e intentar parecerte a tus maestros. E incluso llegar a su altura, pero eso, MAESTROS, los orígenes. Y ese es el problema, se olvida el orígen de las cosas. En la cultura de la fugacidad todo tiene que ser "ya" y "ahora". No hay consciencia de temporalidad o continuidad, todo surge, está y desaparece. Pero hay un pasado artístico ya creado, donde están las directrices y los orígenes qué interesa borrar. Si todo surge en el momento, sin influencia, es dotar al artista de una característica de gurú, de maestro en el momento. Si no hay referencias, entonces algo de lo qué no se tenía constancia y es bueno, es lo mejor. Es sencillo. El problema es que el acuerdo de que un producto es bueno, no surge objetivamente, si no que está mediado por intereses (en el cine taquilla, espectadores, el número, la cantidad).

El arte es producir, ofrecer esa expresión sin esperar nada a cambio, quién llega al mundo del arte esperando recibir algo no es un artista, es cualquier otra cosa. Lo dice E. Fromm, uno de los grandes pensadores del siglo XX. Algo de razón tiene que tener.

sábado, 14 de julio de 2007

Papá y mamá tenían un hijo muy robusto, era como le llamaban las amistades para no herir sensibilidades. El niño, consciente de su cuerpo, tenía por naturaleza lo que en ocasiones le negaba la inteligencia. ¡No pegues¡, le decía su madre en el parque. Pareció escarmentar aquel día que cogido por una mano y zarandeado insistintemente con la otra, dejó de abusar de los demás niños para ser quién mandaba en el columpio...

El colegio hace madurar, pero también que se aprenda a leer, escribir y querer ser algo, o nada, pero con conocimiento de causa. AL principio los colores y dibujos de los libros le llamaban la atención, igual que los vestidos de las niñas. Luego las figuras, cuadrados, rombos, trapecios, y círculos. El cículo se repitió muchas veces en sus exámenes. Pero llegó al instituto. Allí, cansado de aquella barriga y aquella cara de pan, decidió apuntarse al gimnasio del barrio. Ya nunca dedicó mucho tiempo a los estudios, y ahora que su cuerpo se transformaba le fascinaba. La atracción que aquellos músculos enormes ejercían sobre él era tan fuerte que no podía resistirla, y los años pasaron entre pesas, proteínas y alguna que otra juerga.

Algo tenía que hacer con su vida, muchos de sus amigos trabajaban, y había algunos, a los qué no veía hace tiempo, que se habían labrado un buen futuro gracias a sus expedientes y posteriores carreras. Otros igual, desde aquellos FP que a él le parecían tan aburridos y para niñatos. Se sentía orgulloso de siempre comprar las camisas más grandes, de mirar con desdén a aquellos que no eran como él, de ir a la última cuando nunca fue el primero. Era el portero de la discoteca de moda. 60 euros la noche hacían más del sueldo base, más alguna que otra chapuza para salir del paso, le permitían vivir si no comodamente, si al día. Mujeres, respeto, autoridad... no le podía pedir más a la vida, porque mucho más no había aprendido.

Esa noche, no había mucha gente, una de esas en las que hay que cumplir porque te pagan un sueldo. A la entrada, dos chicos, normales, como cualquiera que pueda pasear por la calle. Riendo y disfrutando de lo que, a buen seguro, era una borrachera. Sin faltar al respeto, solo riendo y hablando. No le gustaban aquellos aires de despreocupados, aquella sonrisa de ingenuidad que desprendían. Los miró de arriba abajo y decidió que aquella camiseta no le gustaba, y que no entraban. No daban crédito. Habían oido hablar de ello, pero nunca lo habían vivido. Intentaron hablar, dialogaron, sin levantar la voz, simplemente mostrando la impotencia de no poder acabar una noche bebiendo la última, la única noche que tenían para verse puesto que el trabajo y los horizontes, separan.

Le dió igual. Con una media sonrisa y un empujón, les callaba. El era el rey, como en el parque pero de mayor, mientras les decía "No" por la otra puerta pasaban chicas a las que usurpaba un beso por su condición de rey, ellas esclavas. Le seguían hablando, pero él sólo gesticulaba hacia ellas, en un ademán desairado, lo que en un principio fue un suave empujón se acabo convirtiendo en una cara estrellada contra el suelo, una camiseta ensangrentada y un grado de inconsciencia total. "me insultó".
"No entiendo porque no nos dejas pasar, no somos diferentes a nadie, simplemente queremos seguir divirtiéndonos un poco más. A ver... y ¿Si fueras tú? ¿Te gustaría que por llevar ese traje no te dejara entrar porque..." No pudo acabar la frase porque al instante estaba en el suelo, la bofetada sonó a ira y rabia, a ignorancia, a una inferioridad tan grande que lo dejó tumbado en el suelo.

De pie, seguía mirando con su media sonrisa lo que había hecho. Pero a veces, no siempre eres el rey. No sólamente eran dos amigos, si no que eran hermanos. Uno, trabajaba en la Universidad de Bilbao, e iba tener que estar de baja, el otro, el más inocente, fascinado desde niño por Bruce Lee era profesor de Tae-Kwon-Do en un gimnasio de élite de la ciudad.

Le dolía todo el cuerpo, nadie le ayudaba, sólo sus amigas lo miraban y entre histéricas y drogadas intentaban marcar tres números en el móvil, los de la ambulancia. Y él, arrastrándose, con algo que en algún momento fue un traje, recogía,uno a uno, los dientes que había en el suelo...

domingo, 8 de julio de 2007

SOBRE EL CIVISMO

En una sociedad donde los valores fueran fuertes y bien inculcados, no se necesitaría vigilancia ni violencia. La simple coacción del medio sería suficiente para mantener el orden y la armonía.

Los valores se inculcan desde su valía en la tradición y la historia. No hay ningún valor o norma que se legitime en el presente, para serlo necesita un pasado que se divide en tradición y ruptura. La tradición atiende a esas costumbres que se encuentran en el seno de una sociedad o comunidad para ordenar distintos campos de la vida, las mismas se sitúan por encima del individuo, este no las cambia según su evolución si no que evoluciona con ellas, si es que éstas evolucionan. De la misma manera que materse es irracional, las normas son interiorizadas a través de la educación y la tradición. Esta tradición es un conjunto de tiempo donde la misma norma ha ido variando pero siempre manteniendo el mismo fondo y significado. La ruptura se refiere al cambio de paradigma, una norma tenida por central puede perder su cualidad en el momento que una nueva surge y la desplaza, pero NO POR SU CARACTERÍSTICA DE NOVEDOSA, si no por SU CARÁCTER DE MEJORA, es decir, los cambios que producen desarrollo sólo lo producen cuando se mejora en todos los ámbitos, no cuando para avanzar un paso se devasta todo el medio para conseguir dicha meta.

La norma que bebe de la tradición y va mutando y mejorando a través de rupturas paradigmáticas, es la norma verdadera. El individuo no la puede moldear a sus propios intereses o microespacio, porque ésta no atiende a particularismos, si no a la conservación de la evolución y humanismo de la especie. Dicha norma es creada por todo el conjunto de la sociedad, dialogada,negociada (de diferentes maneras) e interiorizada. Mantiene el orden y la armonía. En una sociedad no individualista, donde el individuo desarrolle su potencial dentro de un conjunto estable, coordinado y armónico, los intereses individuales, no es que se subsuman, si no que confluyen en el interés común.

El individuo que atente contra una norma de convivencia básica, como por ejemplo en la actualidad el tema de la suciedad en las calles o de los botellones, debe ser reprimido por sus propios congéneres, porque estos participan de la armonía y funcionamiento de la sociedad. No se trataría de un abuso de autoridad, si no de educar en valores y respeto cívico. Eso es patrimonio de todas y cada una de las personas que componen la sociedad, no se trata de "... quién eres tú para decirme lo que..." si no "... quién eres tú para destrozar lo que no es tuyo..." es sencillo. No se trataría de matar, o castigar corporalmente.

En el caso del botellón sería tan fácil como ir a casa de todos y cada uno de los individuos, que con la excusa de la borrachera lo dejan todo echo una porquería, y llenarles la casa de inmundicia día tras día, restos orgánicos, vidrio, cartón, excrementos... porque ellos es lo que han echo en un parque, plaza o calle con sus orines, botellas medio vacías, bolsas, escupitajos... Si tú no colaboras con el medio que te acoge ¿porque te tiene que acoger ese medio? Lo puede hacer, pero siempre y cuando aceptes una convivencia, unas normas y pautas de respeto humanistas y universales. El YO no decide eso, porque el YO no existe si no hay antes un CONJUNTO del que pueda desligarse como individualidad.

Todo lo demás, es la libertad malentendida, la autosuficiencia que se convierte en mezquindad, egoísmo y estupidez humana. Y todo eso no es innato al ser humano, si no a las condiciones y factores que produce el medio que le rodea y él a ido creando. Entonces, ¿Hay que darle una oportunidad a la gente que ha hecho de la sociedad lo que ahora vemos? Una, sí, más ya no. No consiste en eliminarlos, si no en hacer dos distinciones básicas y naturales: los que quieren vivir en armonía y con un desarrollo humano, cívico y sostenido y los que son egos andantes poseídos por la cultura del relativismo individualista, los que no piensan y malinterpretan el carpe diem, a esos sólo habría que dejarlos viviendo en su propio entorno, pero que por favor, no molestasen a los que son mejores seres humanos que ellos...

sábado, 7 de julio de 2007

"Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, lo que probablemente es más de lo que ella hizo jamás."
Groucho Marx

martes, 3 de julio de 2007

La estupidez humana no tiene límites. Puede sonar fuerte, pero es así. Resulta que la opinión pública y publicada, anda con el ánimo levantado por el tema del atentado en Yemen. Suicidas, Al Qaeda, Españoles... vocablos, nuevamente, que se repiten hasta la saciedad. Pero lo curioso, es que hasta 48 horas después a alguién se le dió por decir que Yemen es uno de los 7 países desaconsejados por el Estado Español como lugar de "descanso".

¿Que hacían 7 turistas españoles en Yemen? Sí, visitar el templo de Saba, hacer safaris, rutas turísticas... ¿Es Yemen un sitio de giras turísticas? Resulta que este país es la cuna de nacimeinto de un tal Bin Laden, entonces, seguro que no tiene relación alguna con integristas, terrorismo y movimientos yihaidistas. Pero ahí había turistas. Es decir, como la percepción del riesgo se ha occidentalizado a través de una idea de seguridad que sólo se ve amenazada por casuística (accidentes urbanos y naturales, asesinatos o reyertas...) creemos que eso vale para todo el globo terráqueo. ¿Es el mismo riesgo el de las sociedades occidentales que las musulmanas? Pues evidentemente, no. En una cultura el simple hecho que una mujer tenga que llevar el hiyab para tapar su rostro o parte del mismo, ya ejemplifica lo que estamos hablando. Si en España no hay riesgo de encarcelamiento por vestir con mini falda, en otros países, como mínimo, se considera ofensa (dejemos al margen el argumento cultural). Bien, pues ahora, repito ¿Que pintaban siete turistas españoles en uno de los países más peligrosos del mundo? ¿Nos parecería extraño leer, "7 turistas españoles cosidos a tiros en una favela en Brazil", o " 7 turistas españoles heridos en Bagdag"? Pues no. Pues esto es lo mismo.

Y no puedo evitar sentir, en las noticias y opiniones, cierto tufillo de barbarie. Vamos, que los musulmanes son todos muy malos, muy malos, y los pobres turistas españoles pagan por un conflicto en el qué no tienen que ver. Esto es cierto, ya estriste no poder visitar un país por conflictos bélicos, pero señores, si sabiendo esto, nos saltamos todas las normas, una vez más, de preservación y conservación natural, sin existir unas mínimas medidas de seguridad (que si son mínimas ya no son seguras...) si nos saltamos todo eso ¿Que esperamos? ¿Que en Yemen, Líbano, Bagdag, Kingston, Cachemira... caigan flores del cielo?

Pues lo que habría que preguntarse primeramente, como ejercicio de crítica constructiva es que se le pasó a esas personas cuando cogieron sus billetes a Yemen. Hay mucha hipocresía en esta sociedad, y en vez de llamarle drama, habría que llamarle irresponsabilidad. Pero luce más venderlo como una guerra de primer y tercer mundo, de desalmados que atacan al buen occidental. Y sí, desalamados son, desde luego pero ¿A caso no lo es quién expone su vida y la de sus seres queridos en un viaje de ocio a un país desaconsejado por todos los estados del mundo? Y seguramente pensaría "que va, si eso es cosa del alarmismo de la prensa, allí es seguro, de verdad..." y tanto lo fue que ahora es noticia...

sábado, 30 de junio de 2007

SOBRE EL FEMINISMO

Es triste, muy triste que en pleno siglo XXI el ser humano no disfrute de la igualdad. Y no disfruta porque la mujer está muy por detrás en la sociedad, según el feminismo. Dicho movimiento está aquejado de una falta de crítica enorme. Tras más de 40 años de lucha feminista, encabezada en sus inicios por Rosa Parks y la lucha racial.
El feminismo encuadra la igualdad de las mujeres en el sistema económico vigente. No se critica la estructura ni el establecimiento de redes, sólo la posición del objeto, primer error. El feminismo occidental se preocupa de la paridad, las mujeres "prostituídas" y otras lindezas. Un elevado porcentaje de la población mundial femenina no se siente representado en esto, porque ni siquiera gozan de sistemas económicos tan desarrollados. Fluyen entre ablaciones de clítoris y malos tratos. Pero el feminismo occidental sigue hablando de las medidas de conciliación, de horas de lactancia y de sueldos iguales. Pues sí, gran loa, pero ¿cuantas mujeres tienen acceso a la educación en todo el mundo? ¿No habría que empezar por ahí? ¿Cuántas mujeres en el mundo no gozan de derechos básicos? Y ya es triste que la propia condición de humanidad no sea disfrutada por las mujeres.

El feminismo no triunfará nunca hasta que no transmita lo universal de su mensaje. Ningún movimiento social ha conseguido un logro con un discurso "nosotros-ellos" de oposición, Ecologismo, movimiento negro... consiguieron una unidad social y por eso triunfaron. El feminismo sigue anclado en sus premisas de patriarcado y simplezas del estilo, en esto del patriarcado Max Weber tiene mucho que decir. Ya cansa tanta igualdad de género, cuando parece transmitir la igualdad de unas pocas, no de todas. ¿Es tan avergonzante ser ama de casa y realizarse a través de este trabajo? ¿O será que la sociedad no ha sabido valorar y darle la importancia que requiere a dicha figura? Si las amas de casa tuvieran un status reconocido y una remuneración de acorde a su trabajo que las dignifica (presupuesto marxista para huír de la alienación y la espiral consumista) ¿no cambiarían las cosas? ¿Alguna teórica de la liberación se ha molestado en preguntar a las amas de casa si estas están o no contentas con lo que hacen? ¿Realmente es tan fácil llevar la economía de una casa, la socialización de los más pequeños y un marco de convivencia estable? Empleando cánones de valoración capitalista y simbólica, la mujer (u hombre) que desempeña su trabajo en la familia, es criticada y señalada como rasgo de inferioridad.

Pues que quieren que les diga, para mí tiene mucho más mérito la mujer que se levanta a las 9 de la mañana, prepara desayunos, limpia, compra, cocina, plancha, rige la economía familiar, aconseja y cuida de marido e hijos, día tras día, sin ningún reconocimiento, con críticas de sus semejantes. Que aquella mujer oficinista que lucha en el mercado salvaje por ser la mejor y tener lo que se merece (subsumisión del valor de uso en el valor de cambio)... Hay dos refranes que dicen "quien mucho abarca poco aprieta" y "aprendiz de mucho, maestro de nada". Y es que es imposible crear a un hijo trabajando, llevando la casa y siendo eficiente (seas hombre, mujer o conjuntamente), y eso de que trabajo y llevo la casa igual de bien, es mentira. Todos sabemos el tiempo y dureza que entrañan las tareas del hogar, sumémosle el trabajo laboral desempeñado en no menos de 8 horas, más dormi,comer y cosas varias ¿hay tiempo en el día para hacerlo todo bien? Pues claro que no. Somos hipócritas, materialistas y esto ha ido dominando y desluciendo de contenido a algo tan loable como el movimiento feminista, ahora, se encuentra dando tumbos entre "dignidad de la imagen de la mujer", "paridad" y "conciliación de lo familiar y laboral". Es decir, el credo de un ínfimo porcentaje poblacional femenino, se ha convertido en representativo de una totalidad desconectada, en su mayoría, de tal mensaje y sociedad.

Eso sí, a Almodovar, Zapatero y otros líderes mediáticos se les ha concedido un premio por la mejora de la imagen de la mujer, uno en sus películas (¿?), el otro por sus medidas políticas, y los últimos por excluír imágenes de mujeres en los anuncios de contactos. Y yo creo, que en el 3er y 2º mundo todas las mujeres están dando botes de alegría por el gran avance que esto supone...

viernes, 29 de junio de 2007

LA PARADOJA DEL SOCORRISTA

La nueva sociedad tiene un componente individual que lo devasta todo. El concepto "individuo" se ha malentendido. Ya no se trata de la singularidad y proyección de la persona, no, si no de la conversión en un Estado. El individuo se ha convertido en imperio de ley, algo reservado al Estado, para su propia satisfacción e interés. Este imperio de la ley, convierte a la persona en un sujeto en constante competencia con sus iguales y con la consiguiente necesidad de notoriedad y diferencia. Todo ello dentro de un marco qué es la masa. El individuo se cree libre cuándo realmente pertenece a un compedio de interacciones, comportamientos, normas y valores dirigidas por un ente social cuyo acuerdo se ha convertido en una imposición. La inconsciencia de pertenencia a tal movimiento, hace que el individuo se aleje de sus semejantes y se singularice en sí mismo, sus ideas y aprendizajes, sin mayor razón que la propia. El individuo es por fin la medida de sí mismo y de todo lo demás. En este resumido ambiente, se encuentra la paradoja del socorrista.

La playa es un sistema natural con sus propias leyes, el ser humano ha llegado a dominar muchas cosas, pero a un no la naturaleza. En verano, las normas del agua se codifican en banderas; verde-apto, amarillo-precaución, rojo-prohibido. El socorrista avisa y vigila por la preservación de sus iguales en la figura de bañistas. Con la bandera roja, cuatro o cinco personas, siempre se meten en el agua, a dos de esas 5 la corriente las arrastra ¿Qué tiene que hacer el socorrista? El socorro es una acción que surje y se deriva tras un momento de peligro inesperado. La casuística determina el momento. De ahí se socorre. La persona que disfruta de una tarde en la playa, se baña y sufre un corte de digestión, un calambre, desfallecimiento... o cualquier situación inesperada en un estado de normalidad y calma aparente, ha de recibir ayuda. Ahora bien, la persona que haciendo caso omiso a los avisos, consciente de sí misma y que valorando la situación decide meterse en el agua con una bandera roja, atenta contra su instinto de pervivencia, contra lo innato de las personas que no es más que las ganas de vivir. Ya no sólo atenta contra sí misma, si no contra un tercero, el socorrista ¿Porqué el socorrista ha de poner su vida en peligro con el mar encrespado, por la irresponsabilidad categórica del individuo? No hay necesidad, porque eso ya no se convierte en socorro, si no en imprudencia, en temeridad ¿Es una temeridad una situación de socorro? NO. Quién la lleva a cabo es un temerario, pero quién la sufre es una víctima, ergo ésta es la que necesita el socorro. Por lo tanto, el socorrido en esta situación es el socorrista. De ahí la paradoja.

La temeridad del individuo sitúa al socorrista en un disyuntiva; la de su obligación para salvar a los bañistas en situaciones de peligro y la de su propia subsistencia. La primera ya no es cierta, porque no es una situación de peligro, si no una temeridad, una provocación o irresponsabilidad. Ya no es socorro, si no educación, obligación de rescate o cualquier otro término. Sin embargo, el socorrista, no pensará en todo esto, actúa por instinto laboral (el de la preservación de la seguridad de los bañistas) viéndose envuelto en una situación dónde requerirá ayuda, ergo se convierte en socorrido. El socorrista sabiendo de los peligros, pone en juego su vida por una socialización errónea en las normas de pervivencia básicas. El individuo social verdadero, es responsable y coherente, valora y comprende. Todo lo demás es una legitimación de las actitudes individualistas.

En una sociedad dónde el individuo es su medida, donde se dice que nadie educa a nadie, que yo mismo sé lo que hago... en una sociedad dónde se han cimentado estos valores. El sujeto que decide meterse en el agua con bandera roja, no merece la atención de nadie. Y no es omisión de socorro, repito, es una temeridad, y la temeridad como su nombre indica no es socorro. Lo que pasa es que hay mucho pazguatismo y estupidez congénita. Se dramatiza todo tanto, que a la excepción se la convierte en norma. Una sociedad donde una persona a sabiendas de que pone en peligro la vida de otras, lleva a cabo su acción y aún encima hay que socorrerle, una sociedad que incita a la salvación de los desalmados e insolidarios, está enferma. Si la humanidad se quiere preservar no debe atentar contra sus principios básicos de solidaridad y supervivencia. Es algo sabido. Entonces ¿dónde está el problema? ¿En que es duro dejar morir a alguién que se está ahogando? No se trata de dejar morir, eso es lo mejor, si no de dar rienda suelta al individualismo, es decir, si cuando los megáfonos clamaban por lo peligroso del mar, si cuando el socorrista señalaba las zonas de riesgo y prohibía el acceso a bañistas, las personas en cuestión dudaban de la legitimidad del mensaje porque "no es para tanto y yo tengo calor y no quiero esperar en las duchas" si por algo tan nimio, tan ridículo, el individuo decide seguir adelante seguro de sus fuerzas y posibilidades aún poniendo en peligro la pervivencia de sus congéneres sin la mayor importancia, entonces, llegado el momento de intervención, el socorrista, debería sentarse, coger sus prismáticos y decir " si tan seguro estabas que te saltaste todas las normas de convivencia y preservación social, pusiste en peligro la vida de otras personas sin importarte lo más mínimo, entonces, ahora, empieza a nadar..." Suena duro, pero es que no lo es. Sea pensado objetivamente, quitado el componente de "es que podría ser mi amigo..." y la verdad lógica y aplastante, se muestra.
Ya no hay normas, ni valores, sólo el individuo. No se llama sociedad si no acuerdo de convivencia individual. Y quién no quiera vivir en ese acuerdo, que dé un paso adelante... Bienvenido.
Estoy harto de las personas que sólo saben hablar de sí mismas. Estoy harto de las personas que para decir algo necesitan hablar de sí mismas. Estoy harto de las personas egocéntricas que tienen que ser el centro de atención hablando de sí mismas. Estoy harto de las personas que no piensan en los demás porque sólo saben pensar en sí mismas. Estoy harto de las personas que para crear una conversación sólo saben hablar de lo que hicieron un fin de semana. Estoy harto de las personas que no castigan al mentiroso ni engreído, si no que lo defienden y apoyan porque es su "amigo". Estoy harto de las personas que no tienen en cuenta a los demás porque están demasiado ocupadas preocupándose de sí mismas. Estoy harto de las personas que monopolizan todos los ambientes hablando de sí mismas. Estoy harto de las personas que para monopolizar un ambiente tienen que buscar alguién con quién meterse, para poder hablar de sí mismas. Estoy harto que la gente que ve esto no diga nada, calle y les siga escuchando hablar de sí mismas. Estoy harto de hablar de cualquier cosa y escuchar "¿y entonces yo?, luego yo...". Estoy harto de estar triste contarlo, y que estas personas digan "como a mí...". Estoy harto de que no tengan empatía con nadie más que no sean ellas mismas o gentuza de su misma calaña. Estoy harto de tenerlo tan cerca...

martes, 26 de junio de 2007

DEL DOLOR EN LA TELEVISIÓN

Ocurrió ayer que un convoy de tropas españolas en el Líbano voló por los aires tras la explosión de una bomba. Hipótesis, como siempre, no faltaron. Se recuerdan imágenes del conflicto israelí, se dan los nombres de los muertos, la palabra "España" o "español" es utilizada en una de cada cuatro palabras... Podríamos decir que los problemas sólo son problemas cuando tocan de cerca, algo ya sabido, por otra parte.

La Televisión convierte en imagen aquello que nosotros elaboramos con nuestro pensamiento. Esa imagen se universaliza, de ella participan todas las personas que sintonizan una u otra cadena en algún momento. Se establece un vínculo social a través de la virtualidad de las imágenes, puesto que lo real sólo es momentáneo. La imagen vincula a personas de diferentes sitios. En este caso, el lugar es el Líbano, lejano. Pero el agente de la acción es español, cercano. Se entremezclan dos dimensiones, la lejana en lo geográfica y la cercana en lo emotivo-personal. La primera es evidente, y la segunda radica en ese componente de identificación personal. Lo nacional como propio. La percepción del riesgo como cercana ¿Cómo se logra esto? Con la transmisión de las imágenes de los funerales. El hecho de ver caras desencajadas, llantos, gritos... recuerda que la muerte está ahí, en cualquier momento. Pero a la vez la dota de causalidad, "como yo no tengo gente en el ejército, no me va a pasar. Pero el drama es muy grande..." se transmite una muerte ligada a una enorme casuística: un conflicto, un lugar sin transitar, un camino determinado que no otro... y le hace perder ese halo de temeridad, sin embargo recobra al ver el dolor en la cara ajena.

No es necesario mostrar el dolor, es gratuito. Todos sabemos lo que se siente al perder a un ser querido, y más aún siendo un hijo, por la sencilla razón que no pertenece a la ley natural que los padres entierren a sus hijos, si no al revés. Pero el componente dramático, humano es necesario para llamar la atención. De la misma manera que las cifras de soldados muertos en IRak pasan desapercibidas, si las dotamos de fastuosos funerales americanos, con las víctimas rotas y los cañones disparando al acorde de las notas del himno, el impacto es mucho mayor. Por lo tanto, el dotar de componente humano a la muerte le da mayor dramatismo. Entonces ¿en que punto de la evolución nos hayamos? ¿Cuándo fue necesario ver el dolor ajeno insistentemente para concienciarse? Y si no es así ¿Que clase de humanidad es aquella que busca la carnaza en el dolor ajeno, que ve como un medio de distracción el dolor de otros? ¿Que clase de comunalidad surge del dolor individual convertido en martirio universal? La que se siente, no la que está. Decía Noelle-Neumann que los olvidados por la televisión son víctimas en una doble dimensión, por un lado en su concepción de olvidados, y por otro, que nadie tiene conciencia de su existencia al no tener cobertura en medio alguno.

Pues si para saber que el mundo está en guerra por las decisiones unilaterales de Estados faraónicos alejados de sí mismos, si para tomar conciencia de que un día morimos tenemos que presenciar los funerales, gritos y dolor ajenos en televisión, sí sólo se nos revuelve el estómago con imágenes impactantes, con lo bobalicón de lo mediático. Si en esto nos hemos convertido, es mejor apagar la televisión y volver a empezar ya no de nuevo, si no desde cero...

lunes, 25 de junio de 2007

¿Está enferma la sociedad? El problema de lo social radica en el sensacionalismo, o se tiende a magnificarlo todo o se tiende a reducirlo. No sé si existe un punto medio, porque ésta es otra gran paradoja de la modernidad mal entendida. Los puntos medios. Ni todo es blanco ni todo es negro, siempre hay grises. Y con eso se va al fin del mundo, como si fuera un axioma demostrado científicamente. Los componentes químicos tienen fórmulas, si cambia algo en la fórmula cambia algo en el componente, ya no es el mismo. Es decir, no es que haya puntos intermedios, si no que hay cosas distintas. El problema de lo imparcial, es ese, que no se emplea como imparcialidad misma, como juez objetivo. Si no como salvaguarda de la persona única e individual. De la misma manera que el individuo no se puede subsumir en la masa perdiendo todo aquello que lo hace diferente, no se puede excluír de sus iguales acentuando la realidad de su ego como vía de escape. La masa es una cosa, y las relaciones personales son otra. En éstas últimas surge lo de "las cosas no son blancas o negras, siempre hay un punto intermedio"

¿Seguro? ¿Desde cuando? ¿Que hay entre la vida y la muerte? Nada, no hay un punto intermedio. El estado natural del hombre es la vida o la muerte, ¿un coma? Eso no es natural, sí, hay casos que despiertan, pero son la EXCEPCIÓN, y la excepción no se puede convertir en norma. El problema es que ésta se individua, se humaniza y dramatiza. Se le da una cara, una vida, unos sentimientos y entonces se estropea todo. No quita que sea un drama, desde luego, pero el componente individualista lo convierte en una causa. Y con todos mis respetos, quedar en coma, seguramente por la medicina, sea visto como un fallo neuronal, algo que aún no se puede explicar, pero es evidente que ahí el concepto de "vida" ya no es el mismo del que partíamos en la explicación. Ahí, la vida, significa estar atado a un aparato para siempre, yacer en sueños mientras te hablan y limpian... ¿es eso vida? ¿y muerte? Pues ya está.

"Hay mucha gente que..." ¿Y? ¿Quién es esa mucha gente? MIS amigos, gente que conozco YO, MIS padres. Así claro que existen puntos intermedios, porque es aceptar la generalidad pero con una excepción en lo tocante a lo personal. Entonces si todos hacemos lo mismo, legitimamos una actituda y la damos como norma universal. Funciona así, pero no significa que esté bien hecho. Lo objetivo radica en verlo todo desapegado de sentimientos, con la única consciencia de lo que estamos analizando. Mediarlo todo por la experiencia personal, por lo cercano sin ser capaces de hacer una abstracción, es garantía de error y estupidez humana. Pero el hecho es que la gran masa social actúa de esta manera, cuando se opina de algo se parte de que uno mismo y sus allegados no lo hacen, y ya queda salvado ante la mirada de la opinión pública. Todo el mundo dice lo mismo, muestra una correción personal fuera de lo común, pero las acciones del día a día demuestran que nadie lo hace. Porque si así fuera...

Pero el hecho de hablar de uno mismo, amigos y familiares, garantiza algo mucho mayor que es la autoprotección ¿quién se atreve a poner en tela de juicio los comportamientos de mis padres? Pero es que los padres son ese rol, padres, que yo sepa no son diáconos que manden sobre otras personas. Y antes que padres, son personas, y las personas nos equivocamos... ¿Los amigos? Pues lo mismo. Pero ese aspecto dramatico y humanizador de las relaciones humanas es lo que las aleja de una verdadera teoría social, de un correcto análisis. Porque nadie esta dispuesto a reconocer un error, a pensar que lo suyo no es lo mejor, y mucho peor, a tener la humildad de decir "sí, hay gente que sabe más que yo y debo escucharla". Pero esto no es posible gracias a la democratización de la cultura mal entendida, algo, de lo que hablaremos en venideros días...

martes, 19 de junio de 2007

Take the highway to the end of the night
End of the night, end of the night
Take a journey to the bright midnight
End of the night, end of the night

Realms of bliss, realms of light
Some are born to sweet delight
Some are born to sweet delight
Some are born to the endless night

End of the night, end of the night
End of the night, end of the night

Realms of bliss, realms of light
Some are born to sweet delight
Some are born to sweet delight
Some are born to the endless night

End of the night, end of the night
End of the night, end of the night

End of the night - The Doors ( The Doors- 1967)

lunes, 18 de junio de 2007

Oscar Wilde, que sabía mucho de la apariencia y la manipulación a cambio del éxito, dijo un día que "Un cínico es un hombre que sabe el precio de todas las cosas e ignora el valor de una sola" Decía Descartes que hay que dudar, porque los sentidos nos engañan, es la duda cartesiana, la que critica lo subjetivo porque viene mediado por la pasión y los sentimientos, claros obnubiladores de la razón. En este sentido, Bukowski decía eso de que el amor hace perder la perspectiva de las cosas refutando la antigua teoría griega que los sentimientos van por un lado y la razón por el otro.

La historia es un continuum, no puede ser vista parcialmente ni mucho menos desde el presente, si no en su momento y su eco en el futuro (tanto en el que va a venir, como en el que es). Lo mismo sucede con las personas, decía Shakespeare que los amantes no son lo que fueron en su última discusión, si no durante toda la relación. Tendemos a sacar conclusiones mediadas, de un sólo lado, y nos equivocaremos seguro. El espíritu crítico es necesario para evolucionar. La persona que cree que nunca se ha equivocado, es mejor desconfíar de ella. La persona que no admite un error o cree que todo lo hace bien y hay una especie de confabulación universal para que al final todo acabe de otra manera, es una narcisista. Valora las cosas por su propia experiencia, cree que por hacerlo ella ya está bien hecho, eso es lo grande. Dice Fromm que la persona narcisista que llega a un sitio y dice buenos días, le parece maravilloso, porque es ella la que lo está diciendo. Fuera de ella no existe nada, pero dentro lo es todo.

El tiempo da y quita razones. Los que creímos en un momento amigos, por los que nos flagelamos día tras día y agachamos la cabeza, ahora no son más, que por decirlo sencillamente, nada. No hay mayor desprecio que no dar aprecio. La mentira, la manipulación, el cinismo, el egoísmo y todos cuantos defectos de la época actual se quieran poner, definen a una persona que un día estuvo cerca, y ahora, con perspectiva, ya no es que esté lejos, si no que puede que nunca estuviera. Se dice que el historicismo, fundamentar la historia en el presente partiendo de hechos post factum, es malo. Y lo es, otra cosa es no haber conocido la historia en su totalidad, sólo tener una visión, y sesgada, cuand se ve desde todas las perspectivas, ya se puede juzgar. Y no desde el presente, si no desde el inicio a su final, y es ahí, cuando te das cuenta que no has hecho nada malo, que simplemente fuiste una consecuencia, una parte ínfima. Y que si te pintan de malo es porque la retórica tiene mucho poder y las palabras son oídas aún sin quererlo, de ahí la grandeza de Saramago; Somos ciegos, podemos ver, pero no sabemos mirar. Y es que cuando miras con la ayuda de tus amigos, ves la verdad, y ante esa no hay justificación que valga.

viernes, 15 de junio de 2007

A veces, el amor duele. No debería de ser pero es. No se controla lo que se siente, como muchas veces no se piensa lo que se dice. El mismo cuerpo que tantas noches he probado, es el mismo que ahora está tan lejos. Nos separan enormes milímetros. Lo que un día fue, ya no volverá a ser jamás. Las mismas caras pero distintas personas.

Le veo hablar con otra y me vuelvo loca. Finjo que no me importa, pero en el fondo, ahí donde debería estar el corazón, duele. Sonrío como si fuera lo más normal, como uno más. Camino decidida, fuerte en mi debilidad. Todo sigue igual, como si fuéramos amigos cuando fuimos amantes.

Es difícil, intento fijarme en él, pero no puedo, no quiero, no me apetece. ¿Para que buscar en otros, si no voy a encontrar nada? Se lo digo, me parece mal, no tengo motivos pero es así. Vuelvo, no ha pasado nada. Bailo como los demás. Me siento, miro al frente y sonrío, una vez más.

Se van, me quedo. Vuelven, estoy. Entra, espero. Una más, otra vez. Cuando un silencio lo dice todo las palabras sobran. Espero, espero, caminamos. Mi coche. Un beso que lo dice todo, dos de cortesía. Punto de embrague, primera. Arranco, segunda. Tercera y ya he llegado. Me desmaquillo y desvisto. Mi cuerpo, suave, desprende dolor. Me meto en cama, sonrío, giro la cabeza, y no está, una vez más, como hace tiempo…

El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga
(Mahatma Gandhi)