sábado, 24 de marzo de 2007

"Cuatro mil personas respaldan a los despedidos de Atento y protestan por la deslocalización" Esta es la noticia con la que un periódico gallego abre la plana informativa del sábado. El despido de 180 trabajadores por dicha compañía, parece ser la mecha que prende la combustión social. Los medios y ciertos intelectuales, opinan y se rasgan las vestiduras por la precariedad laboral (clave para el desarrollo de la sociedad capitalista) y los cientos de problemas que se les vienen encima a los despedidos (hipotécas, créditos, letras...). Pero por partes.

Los problemas, sólo son problemas cuando nos tocan de cerca - la víctima lo es en relación a una agresión, si no, es un ciudadano - y éste es un ejemplo. Cuando la comodidad y burbuja de bienestar consumista del primer mundo se rompe, entonces salta la jauría. Mientras no es así, se mira para otro lado ¿esos trabajadores despedidos en su día a día pensaban en la precariedad del tercer mundo, en que el desarrollo de su bienestar viene por la opresión de tres cuartas partes de la población mundial?. De hecho, los clientes que atienden (los relativos a las telecomunicaciones) representan un 80% de consumidores de dichas tendencias, pero en relación al total mundial no llegan a un 15%. Si, el trabajador de Atento no tiene culpa del sistema, está claro. Pero lo triste es que la protesta sólo llega cuando toca de cerca, tanto, que te ves en la calle. Y ahí radica la tristeza. Mientras trabajamos en horarios abusivos de 10-14 horas, cobramos nuestro sueldo, pagamos la letra del coche religiosamente (y quién puede da la entrada para un piso) mientras todo eso es posible, lo demás, da igual. La sustentación de una felicidad material autoimpuesta e irreal es lo que nubla la vista.

El problema, no es la deslocalización que tanto chillan. Dicha deslocalización llevará la instalación de la compañía en Marruecos u otro país africano, allí, la hora será remunerada a un precio irisorrio por el cuál ningún trabajador español o gallego estaría dispuesto a trabajar. Pero para el trabajador autóctono africano supone una oportunidad para meterse en el ansiada barco, o séase, el consumo y el bienestar. Una hora a 3 euros, aquí suena a poco, pero en países donde la renta pér capita no supera los 300 euros, ya supone un salto cuantitativo. Las necesidades primarias se cubren holgadamente, con lo cual se generan nuevas - Maslow- y ya estamos extendiendo el sistema que desbroza y aniquila todo aquello que se le pone por delante.

Esa igualdad del ser humano es alcanzada a través de un economicismo imaginario e irrealmente necesario. Entonces ¿porqué protestan? ¿Por el hecho que su trabajo va a pasar a manos de gente necesitada e igualmente explotada que durante este siglo, su opresión y pobreza, ha ayudado a crecer el sistema que ahora los requiere? ¿Por el hecho de perder una posición de comodidad relativa - habría que ver si recompensa la jornada laboral en relación a lo obtenido - en la creciente sociedad de consumo? ¿ Por el hecho que la realidad laboral es más precaria de lo que imaginaban, y que veían lejana y ajena para pasar a ser cercana y sombría? ¿Si el finiquito fuera elevado, la protesta seguiría en pie? La duda sobre algo tan loable como la protesta ciudadana por el reconocimiento de su respeto, se cierne irremediablemente como fruto de las tendencias egoístas e individuales que cuando benefician, no son puestas en duda, pero cuando su naturaleza se deja ver (economicismo, capital y beneficio) se grita, protesta y patalea, que derecho tenemos todos. La sociedad, las personas, tenemos lo que merecemos, lo que nosotros mismos hemos generado, legitimado y consensuado, ahora de nada valen los lloros. Dice Melucci que el éxito de un movimiento social, su definición como tal sólo existe cuando dicho movimiento rompe con los límites de compatibilidad del sistema en el que se sitúa, si no, hablamos de iniciativa o propuesta.

Unas páginas más adelante de dicha noticia, en un pequeño recuadro podemos leer lo siguiente: "La compra de la PlayStation 3 reunió en los Cantones a decenas de personas. La sucursal que tiene Banesto en los Cantones se viese abordada en la medianoche del jueves al viernes..." Dos días antes, en el mismo medio, podíamos leer: "La consola PlayStation 3, con un precio de lanzamiento cercano a los 600 euros, consigue cerca de 80.000 pedidos en galicia" ¿De qué nos quejamos?

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