miércoles, 21 de marzo de 2007

La vida debería ser como la película "Amélie". Sencilla. Fácil. Altruista. Simple y puro amor por las cosas y las personas. Todos deberíamos tener a nuestro Nino Quincampoix dispuesto a mover tierra y mar para estar con nosotros. O intentar descifrar un misterio que no es tan misterio, si no que es la vida vista de otra manera. O saborear el pequeño placer más insignificante qué dotara al mundo de significado, como meter una mano en un saco de legumbres. O darle su merecido a todos aquellos egoístas pendientes de su propio beneficio y la tiranía de la superioridad, como las noches del señor Colignon. O cambiar por un momento la misma imagen vieja y triste en la que anida la pena de tanta gente por las imágenes inconexas del mundo a través de la televisión. La vida tendría que ser viajar y viajar retratándose en cada lugar como el paraje jamás visto y soñado, igual que ese gnomo viajero.

La vida debería ser perseguir un sueño y terminar cogiéndolo con las manos, como el ciego que cruza la calle sintiendo y percibiendo todo lo que le rodea. La vida es mucho más de lo que nos hacen creer y se empeñan en hacernos sentir. Basta ya de medir las cosas por uno mismo ¿acaso lo haría el bueno del pezecillo suicida?, paremos de aumentar la desgracia porque a nosotros nos tocó de cerca, sí, las cosas salen mal y duelen, pero ¿y cuándo recibes las cartas extraviadas de tu marido en las qué te decía lo mucho que te quería? La vida no es sólo estudiar o trabajar, como decía el mendigo: "disculpe señorita, pero los domingos no trabajo" si no vivirla a cada suspiro. Y si, hay desgracias, de hecho, la camarera de Le Deux Moulins perdió una pierna, pero también hay amor, ese que tanto cuesta recibir, y que tan devaluado semeja estar en estos tiempos. Se reinterpreta en clave de poligamia y libertinaje, lo que apetece y cuando apetece, la mayor y total libertad. Y sí, existe y está ahí, no hay más que ver la felicidad que se nota en la gente viviendo así. Ninguno de ellos, después de haber corrido por una yinkana, tenido a la mujer de su vida delante, hacer que se desvanezca en lágrimas porque no llega su amado y aparecer éste con la sonrisa más grande del planeta, ninguno de esos que vagan por nuestras calles, podrá verse pedaleando en una bicicleta por las calles de su ciudad, disfrutando, viviendo y sintiéndose completo por esa mano que la coge por detrás, y le susurra al oído algo así como: " la máquina de amasar melcocha, amasa melcocha, las monjas práctican su revés, la temperatura es de 20º y la presión atmosférica es de 990 milibares..."

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