miércoles, 25 de abril de 2007

Grotesco. Uno antes de acostarse se dispone a disfrutar de los últimos coletazos de una noche entresemana. En esto, pongo Antena 3 y me encuentro con "Sexo en Nueva York", la imagen sale Samantha (la rubia que disfruta del sexo) en una reunión de enfermos de cáncer dando un discurso. Al final del discurso para darle el último empuje cómico-crítico del guionista de turno, Samantha se quita su peluca para dejar ver su pelo rasurado por la quimioterapia como acto contra los clichés de la enfermedad. El resto de las mujeres la siguen. La escena se cierra con Samantha agitando su peluca al aire y lanzándola a un público entregado...

Grotesco. La nueva era, lo que se conoce como postmodernidad, ha logrado instrumentalizar mensajes y quitarles contenido. Samantha arroja su peluca como liberación, pero su luberación parte de la opresión estética. La serie interioriza y expresa que la peluca es una imposición estética con la que se logra una aceptación social como si nada pasara. En fin. Resulta que la gente enferma de cáncer, la que lo hace, lleva peluca para que no la miren y la acepten como mujer guapa y esbelta de lacio cabello. No la lleva porque le guste verse así y no recordar cada día la lacra que en su cuerpo tiene, ¡ que va¡. Si, evidentemente una mujer, y hombre que creo que ambos son personas, con los efectos de la quimioterapia y sin pelo en el cuerpo le cueste aceptarse. Quizás, porque su cuerpo está enfermo. ¿Las mujeres que llevan peluca es porque son esclavas de la belleza? ¿es lo que dice la serie?. Sí. El propio medio que dicta los cánones de belleza, es el mismo que le pone limitaciones a un argumento desnaturalizado. La belleza no es un don, ni una habilidad, ni siquiera un factor de evolución, si no un atributo del ser humano. En mayor o menor grado. Lo demás es pura desnaturalización, descontextualizar el significado. Así de sencillo. Reconstruírlo en base a los mismos conceptos pero cambiando su contenido, borrar cualquier tipo de antecedente histórico y adaptarlo al tiempo como algo verdadero, entendido, y sobretodo, aceptado.

Si aceptamos damos cabida a la sociedad, si no interiorizamos los valores de ésta, lo que tienes que ser para producir y mantener el orden en funcionamiento que ha sido interiorizado como natural y bueno, no es posible, hay un cambio de sistema. Lo dice Fromm, que algo sabe. Ese es el triunfo que los debates lo son sobre cosas que no son cosas, si no manipulaciones al servicio de un interés sistémico e inmovilista. Sexo en Nueva York plasma la vida de 4 mujeres solteras, empleadas, de clase alta (vamos, como es la realidad.) con facilidad para hombres y problemas vanales. Esta serie la vió medio mundo. De este medio mundo una cuarta parte lo interiorizó ya no como verdadero, si no como fin a tener en vida. Si algo así pasa con algo tan sibilino como una serie, ¿que no pasará con la política, la economía, la historia...? Pues nada, ¿porqué? Porque la gran victoria de todo esto, es que hablar de lo citado es algo carca, desapegado del día a día y de lo que "verdaderamente interesa"(compras, debates para limpiar conciencias, vanalidades...) y alguien me puede decir, por favor, ¿en que momento nos hemos creído que las cosas son así para que todo funcione?

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