domingo, 8 de abril de 2007

Ya tocaba. No se puede soportar. Domingo soleado, de esos en los que una suave brisa cálida te acaricia la tez. Enciendes la televisión antes de pasear, y ahí está, con su flamante coche. Monoplaza, le llaman. Jugándose la vida en el asfalto a 320 km/h, un asturiano que se han empeñado en que represente el orgullo patrio en el deporte (¿?) motor. Ya cansa. Mientras Fernandito corre con su bólido ojeo la red en busca de información. Una noticia me sonroja mientras Alonso afronta la recta de Bahrein a toda pastilla. 84 víctimas durante la semana santa en accidentes de tráfico. Es decir, durante estos 5 días, diariamente han fallecido 17 personas, una cada hora y media. Imagínate que ves un partido de fútbol, al terminar, ha fallecido alguién. Vas al cine, acaba la película, y otro muerto más. La sangría es sonrojante, pero no son personas, ni muertos, si no números.

Pensemos fríamente. Por cada persona fallecida en accidente, detrás hay una familia, la muerte no sólo sesga una vida si no que determina miles para toda la existencia. Familias que viajaban a la playa acaban debajo de un camión. Esa novia deseosa de abrazar a su pareja que ha fallecido entre quitamiedos, los jóvenes que se beben la vida y la desperdician en el asfalto. Alonso, mientras, anunciando carburantes para tú coche "porque yo uso lo mejor...". Fernando en un anuncio de Muesly compitiendo con otra persona. Fernando con una videoconsola sintiendo la libertad a través de la velocidad. Fernando, fernando, fernando... Ya basta ¿Que ha hecho alonso? Que alguién me lo explique. Encumbramos a un ¿deportista? cuyo notable mérito es ir a 300 km/h por un circuito. Lo que sueñan miles de españoles en esas rectas de autovías, se imaginan a las manos del MP4/22 y los comentarios del calvo resonando al fondo. La voz temerosa "que haces, venga que no hay prisa..." se responde con una sonrisa, "tranqui, que controlo". A los 10 minutos, el único que controla es el conductor de la ambulancia del Samur. Alonso, mientras tanto, viaja comadamente en su jet privado camino a Lóndres. Pensando en vielas, bujías y velocidades puntas. Los medios llenan portadas con ese casco y mono de "trabajo", crean un icono e imagen deseable en base a la velocidad y lo vertiginoso. Como la vida misma, ya no vale la paciencia, la historia. Tiene que ser ya y ahora. Como Alonso, el número es 84,a estas horas rozaremos los 90, y cuando leamos 100 ni nos sonrojaremos, al lado del periódico, tendremos el Marca que vitorea al héroe español de la velocidad, a los goles del madrid y todo tipo de evento deportivo. Unos le llaman evasión, otros demagogia, pero sólo creo y escucho, idiota de mí, a los que llevan flores a un punto recondito y perdido de cualquier carretera española...

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