sábado, 12 de mayo de 2007

En una cadena de televisión, esta noche, emitieron "El Club de la Lucha", película de David Fincher (director de Seven y de las irregulares Alien 3, The Game y la Habitación del Pánico) en la que se sumerje en la neurosis social y la crítica antisistémica en la figura de Tyler Durden, encarnado por Bradd Pitt. La película analiza minuciosamente el auge y declive de un neoyuppie a las puertas del siglo XXI. El consumismo, lo material y deseado por interiorizado son los ejes centrales de la vida de Jack. Tyler es todo lo contrario; contestario, directo, incorrecto... Una película que devasta el nuevo germen social.

Me sirve para analizar una figura un tanto curiosa. Bradd Pitt, ese hombre. Sin duda la belleza le ha jugado una mala pasada. Siempre tenido en cuenta por su físico y luego por su interpretación, pero ¿realmente interpreta?. Veamos. El primer papel de Brad, relevante, fue en "Thelma y Louise", las malas lenguas dicen que conseguido tras pasar un examen con Susan Sarandon... A partir de ahí, nuestro jovenzuelo, flirtea con lo indie (Johnny Suede, una suerte de Trash revisitada), Kalifornia y Amor a Quemarropa. Tras hacerse cierto nombre con actuaciones lacrimógenas y basadas en lo visceral (que pena que Dennis Hoper ya hiciera antes eso) dió el pelotazo con las muy dudosas Entrevista con el Vampiro (destrozo de la novela de Anne Rice) y la lacrimógena Leyendas de Pasión. Convertido en icono sexual, Seven le abre la puerta de los neoculteretas y 12 monos (resulta que Hoffman no tiene merito por hacer de Rain Man, pero Brad sí por ser subnormal en esa película...) y Sleepers son los referentes de sus grandes actuaciones.
El resto del currículum no tiene desperdicio; 7 Años en el Tíbet, la patética ¿Conoces a Joe Black?, Troya, Ocean´s 11-12, y la más reciente Babel (lo peor de la película con sus caritas y gritos de sobreactuación...) Este es Brad, parte de su carrera.

Resulta que la encarnación de Tyler Durden le valió el reconocimiento y aplauso general de muchos críticos del XXI, pero en los puristas,sí, esos carcas que sólo vieron millones de películas, no levantó ninguna pasión. Lógico. La película es buena, pero la actuación de Pitt no es más que una revitalización de Kurtz (Marlon Brando en Apocalyse Now). Ese rapado, esa pinta estrambótica y desgarbada durante toda la cinta. Musculatura y verborrea con sentido. Lo mejor, el final, ese cigarro y esas pasadas de sus manos por su rostro (¡Ay, si Brando levantara la cabeza). Es apropiarse de una creación de un maestro, modelarla por el filtro de lo actual y hacer que sirva de única referencia, borrar cualquier conexión. Y sí, se puede lograr. Pero hay que ir más allá. No desmerezco la actuación del americano, porque no soy quién, pero por lo menos, la mido en su justa medida. Brad Pitt es un actor normal, tirando a malo. Que supo explotar su físico y mejorar a lo largo de su carrera. Pero siempre será el niño mono, y nos pasarán imágenes suyas de Seven y El Club para decir que es muy bueno. Mentira. Burda manipulación. Su filmografía está ahí para acreditar su nivel. Se me ocurren cientos de actores, hasta españoles, mejores que él; Edward Norton, Forrest Whitaker, William H. Macy, Don Cheadle, Johnny Deep (otro guapo pero con tablas), Javier Bardem, Sergi López, Luis Tosar... esto en los actuales, pero cualquiera de éstos ante Spencer Tracy, Cary Grant, Humprey Bogart, William Holden, Robert Michum, Brando... languidecen.

Entonces, pongamos cada cosa en su sitio. El cine moderno no es malo, pero no es lo mejor que se ha hecho nunca. Todo quedó inventado entre los 60 y 70, lo demás son artificios de efecto y piruetas de guión. Ya no se hace cine como el de antes, muy pocas películas quedan en la retina, ni siquiera recuerdas sus frases. Sam Peckimpah, uno de esos directores malditos por su vida llena de excesos, dibujó obras maestras con muy poco presupuesto. Sólo hablando de la amistad, el respeto y el honor, estremece más que cualquier engaña bobos con su camarita, sus slow-motion y demás estupideces gratuitas. Películas bien contadas y dirigidas, con un mensaje claro y conciso, la sencillez de la vida en base al respeto puro y duro. Al ser buena persona, donde los outsiders lo son porque actúan por principios y verdad. Los tildan de locos, de malos, les insultan, y les tirotean. Pero son íntegros, mueren por ellos y los suyos. Hacen daño a quién no entiende de humanidad. Lo demás, son milongas. En la retina tengo la llegada al fuerte de mapache en Grupo Salvaje. Cuatro hombres que buscan venganza y justicia, ante crímenes y mentiras. Su final, el más épico. Poesía en un tiroteo. Repaso Reservoir Dogs, y comprendo la grandeza de Tarantino, siempre diciendo de donde viene (Godard, Peckimpah, artes marciales...) y dándole su toque. Ahí, radica la clave, en su humildad. Dicen que está loco, pero no hay entrevista en la que Tarantino no mente a Houston, Ford, Hitchcock y se le dibuje una sonrisa.
"... sólo quiero morir con dignidad."
Joel McGrea (Duelo en la Alta Sierra. 1962)

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