viernes, 15 de junio de 2007

A veces, el amor duele. No debería de ser pero es. No se controla lo que se siente, como muchas veces no se piensa lo que se dice. El mismo cuerpo que tantas noches he probado, es el mismo que ahora está tan lejos. Nos separan enormes milímetros. Lo que un día fue, ya no volverá a ser jamás. Las mismas caras pero distintas personas.

Le veo hablar con otra y me vuelvo loca. Finjo que no me importa, pero en el fondo, ahí donde debería estar el corazón, duele. Sonrío como si fuera lo más normal, como uno más. Camino decidida, fuerte en mi debilidad. Todo sigue igual, como si fuéramos amigos cuando fuimos amantes.

Es difícil, intento fijarme en él, pero no puedo, no quiero, no me apetece. ¿Para que buscar en otros, si no voy a encontrar nada? Se lo digo, me parece mal, no tengo motivos pero es así. Vuelvo, no ha pasado nada. Bailo como los demás. Me siento, miro al frente y sonrío, una vez más.

Se van, me quedo. Vuelven, estoy. Entra, espero. Una más, otra vez. Cuando un silencio lo dice todo las palabras sobran. Espero, espero, caminamos. Mi coche. Un beso que lo dice todo, dos de cortesía. Punto de embrague, primera. Arranco, segunda. Tercera y ya he llegado. Me desmaquillo y desvisto. Mi cuerpo, suave, desprende dolor. Me meto en cama, sonrío, giro la cabeza, y no está, una vez más, como hace tiempo…

El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga
(Mahatma Gandhi)

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