A veces, en medio de la oscuridad que sobrevuela al cine actual surge un pequeño rayo de esperanza en forma de película indie (que daño le ha hecho la intifada popera a este término). A pesar que los productores, grandes estudios y seudopensadores del séptimo arte se les da por explotar lo que ya no da más de sí (Piratas del Caribe, pastiches de explosiones y estilo, el nuevo género de romance estúpido y otras lindezas varias de este triste siglo XXI...) siempre hay alguién dispuesto ha alegrarnos la vida, este es, sin duda, Charlie Kauffman.
De origen judío y nacido en Nueva York, me imagino (porque no lo sé) que Charlie sería ese freaky entrañable de instituo y universidad, con miles de ideas fluyéndole por la cabeza, con cierto aire depresivo a la vez que esperanzador y con una coletilla del tipo "... ahí viene este con sus idas de olla..." seguramente el bueno de Charlie estaría cansado de ese tipo de habladurías, y un día, aquel guión que llevaba tiempo encima de la mesa decidió enviarlo por las productoras de Hollywood. Rechazo suele ser lo común. Pero un pequeño geniecillo vió las posibilidades de un guión que fluctuaba entre lo surrealista, irisorrio y punzante. Spike Jonze despertó de ese mal sueño que era ser director de vídeos musicales (el aclamado Praise You de Fatboy Slim) o participar con un papel de tonto en la patética 3 Reyes. El bueno de Spike llamó a un tal Michael Stipe para pedir un poco de dinero, una vez obtenido el sí. Él y Kaufman se conocieron. Me imagino que Spike le diría "oye Charlie,Cameron Díaz quieren un papel..." y Kauffman, con esa pinta de despestidado respondería "... ¿Cameron Díaz? Bueno, una cara bonita..." O puede que no. El hecho es que "Como Ser John Malkovich" se convirtió en el acontecimiento del año. Nunca un guión había causado tanto revuelo, la historia de Craig Schwartz y el pequeño habitáculo que lo conduce a la cabeza de John Malkovich durante 15 minutos y lo vomita en un descampado de Jersey, hizo correr ríos y ríos de tinta. John Cusack parecía actor, Cameron estaba fantástica camuflada en una maraña de pelo, y Catherine Keener estaba estupenda de secundaria. Como no podía ser de otra manera, la Academia (que algún momento de la historia tuvo significado) le nominó al Mejor Guión Original, Kauffman no le dió importancia. Y es que ese año, Allan Ball con American Beauty devastó mentes a lo largo del mundo...
Tras el éxito de "Como ser..." en 2001 Charlie colabora con su buen amigo Alvin Gndry en "Human Nature" una rareza de difícil digestión, pero los amigos están para eso. Tras 3 años de idas y venidas y de alguna que otra crisis creativa, Kauffman vuelve a golpear. "El Ladrón de Orquídeas" es hasta la fecha, la mejor película del guionista. Con un NIcholas Cage majestuoso, Charlie Kauffman simplemente cuenta su imposibilidad de hacer un guión en la propia película. Lo hizo Cervantes en el Quijote con la omnisciencia del narrador, y Kauffman lo emplea para hacer cine dentro del cine. Para más INRI Nicholas encarna a Charlie Kauffman y su hermano gemelo, Donald, contando la imposibilidad a la hora de pasar a la pantalla el libro El Ladrón de Orquídeas de Susan Orlean (Meryl Streep) realidad y ficción se funden y confunden a lo largo de la película, para acabar con un final que se ríe de todo de la mano de The Turtles. Kauffman, el de verdad, describe la sicología humana a la perfección, la soledad del perdedor y el hedonismo del triunfador, lo normativo y lo rupturista, todo ello en una enorme crítica al sistema y cine actual. Reírse de uno mismo para poder reírse de los demás. Nuevamente, la Academia se vuelve acordar del bueno de Charlie, y hasta le hace un guiño. En la nominación al oscar al Mejor Guión Adaptado nomina a Charlie y... Donald Kauffman. Que son la misma persona, puesto que Donald no existe, puro álter ego del guionista en sus dos primeras películas. En esta ocasión Ball no estaba, pero sí la figura de Polanski y su Pianista, aclamado y merecido ganador de aquella noche.
Charlie no desiste, su cabeza fluye, y piensa, y siente. Ya tiene un nombre, ya es una referencia, se dice que es una de las 100 personas más influyentes en Hollywood, que no es poco. Después de un encontronazo con George Clooney por "Confesiones de una mente peligrosa" motivado por las variaciones que éste introdujo en el guión, Kauffman dejó una perla dialéctica que ya apuntaba hacia donde iba encaminarse su siguiente proyecto: "Lo usual para un escritor es entregar un guión y luego desaparecer. Pero eso no es para mí. Quiero estar involucrado de principio a fin. Y estos directores (Gondry, Jonze) lo saben y lo respetan." A los pocos meses, y bien entrado el 2003 se estrena "Eternal Sunshine of the spotless mind" (traducida al español con un grotesco Olvídate de mí¡) La película cuenta la relación entre Joel (un estupendo Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet, ganadora del Oscar por dicha interpretación). Relación en la que Joel decide borrar cualquier recuerdo de ella de su cerebro bajo un método revolucionario, y a mitad de proceso se da cuenta que no es lo que quiere... Lo que todas las ex- parejas han deseado, ese "ojalá no te hubiera conocido" Kauffman lo hace realidad en una oda al amor, las coincidencias, el azar y el destino. Compleja por momentos, pero maravillosa en su resolución, Eternal Sunshine... es la película más bonita del guionista. Es imposible no sentirse identificado, descrito o comprendido. Kauffman gira sobre sus propias paranoias, la sociedad narcisista, la soledad y el apego a los seres queridos con una originalidad digna de mención, pero no por ese estilo visual tan asqueroso y que tanto gusta a la intifada postmoderna, si no por el contenido y la sencillez. Es cine clásico pero adaptado (que no actualizado) a la época que vivimos.
Hasta el momento, Kauffman no había conseguido ningún Oscar, pero sí el respeto de la comunidad cinéfila, que no es poco tal y como andan las cosas. La ceremonia del 2004 tenía preparado algo para el bueno de Charlie. Allí, en su butaca, miraba una vez más todo el circo del Kodak Theatre. Su hija debería estar en cama, pero con lo testaruda que era, se querría quedar para saber si papá por fin iba a ganar. Charlie se había reído mucho viendo Los Invencibles, digno rival. Se empalagó del El Aviador y el corazón se le dobló con EL Secreto de Vera Drake, pero lo que de verdad le tocó el alma fue la devastadora Hotel Rwanda. Ante sí, todos ellos, estaba imaginando como sería dar un discurso de ganador cuando Samuel L. Jackson dijo eso de " and the oscar goes to... Charlie Kauffman - Eternal Sunshine...". Dió las gracias, mandó a su hija a la cama y se fue por donde había llegado, de la misma manera, sin hacer ruido.
Este es Charlie Kaufman, el hombre que vuelve loco a Hollywood, el que se resiste a caer en las garras de la dictadura de lo actual, el que guioniza para quién le deje no para quién le quiera. Uno de los pocos que quedan. Admirador confeso de Mankiewicz, y siguiendo los pasos de éste, va a dar el salto a la dirección. Su obra se va a llamar "Synecdoche, New York" ¿el argumento? pues algo así como un dramaturgo que cree que se está muriendo y pone todo su empeño en realizar una réplica a tamaño real de la ciuda de Nueva York dentro de un almacén para utilizarla en su última obra...
Como la vida misma.
viernes, 15 de junio de 2007
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