Me hace gracia hablar de cine con la gente. Porque uno se da cuenta de lo frágil que es la memoria, de lo sencillo que resulta arrojar miles y miles de películas a la retina del espectador, como si fueran hamburguesas, listas para comer, digerir y olvidar. Me hace gracia eso de " es que vi muchas películas pero no me acuerdo del título ni de que iba hasta que no la veo..." es decir ¿me leí muchos libros pero no me acuerdo ni del escritor ni del título? triste, cuanto menos.
Digo esto a propósito de una joya que allá por 1999 removió las entrañas del sistema con una lírica desconocida en el séptimo arte, pese a quién le pese esta expresión. Sam Mendes se encargó de dibujar una historia contemporánea en American Beauty, una de las obras maestras de los últimos 20 años, como suena. Ni Crash, ni Brokeback mountain, ni El Pianista... tengo mis dudas con Babel. En American Beauty se hace realidad lo invisible; que detrás de la normalidad existe la infelicidad. Una normalidad creada en una casita con una puerta roja (iluminada toda la película) el amor incondicional a una mujer, que dejó de ser ella hace mucho tiempo. Una Hija adolescente desplazada, la golfa que no es tan puta porque es vírgen pero no quiere ser "vulgar", gloriosa última escena. Todos conforman el collage que traza Mendes a lo largo de dos profundas horas. En ese momento, como Ricky Fitz, sabes que no estás solo en el mundo, que hay alguién ahí afuera que te entiende, y mejor aún, que lo ha sabido plasmar en imágenes, acordes y palabras medidas perfectamente, sin llegar a cargar pero sin saber a poco.
Habrá memos y bobalicones, porque todo hay que decirlo, que se queden con la imagen de la bolsa de plástico "queriendo bailar, en uno de esos días de otoñoa en que va llover, y el aire está cargado de electricidad..." vean en eso el explotado "placer por las pequeñas cosas" de Amélie. Pues eso, bobadas, estupideces ñoñas. Porque lo dice Ricky en una alegoría que marca época; " y descubrí que hay vida detrás de las cosas [...] y siento que hay tanta belleza en el mundo, que creo que no puedo soportarlo..." No es lo azaroso de la bolsa y lo "bonito" de ese baile, la belleza radica en la energía "electricidad", "baile" en esa sensación de reencarnación entre Ricky Fitz y la naturaleza a través de la modernidad, una bolsa, avance del hombre, arrastrada por el viento y la hojarasca, sin más utilidad, una pieza más, pero que dota de armonía al conjunto.
Esa idea no la tiene cualquier persona, es de un genio. En una película donde todos son normales; Anette Bening vende casas pero no quiere dar una IMAGEN de fracasada, el padre de Ricky (un excelente Chris Cooper) quiere educación y disciplina para dar una IMAGEN de normalidad, Angela (Mena Suvari) simplemente quiere ser modelo y ser deseada por todos para huír de la IMAGEN de vulgar. Y el bueno de Ricky, en un comienzo que recuerda a La Ventana Indiscreta pero modernizada, simplemente captura esas imágenes porque le parecen "bonitas" o "atractivas". Por no es ñoño, al contrario, fluye porque es natural, porque todos los personajes buscan esa redención, y ninguno la tiene.
Se convierte Lester Burham en el antiheroe de la película. Despido brillante, trabajo denigrante para él complaciente, búsqueda de la felicidad que perdió como camino a la amiga guapa de su hija... Y al final, en otra alegoría se describe esto: "¿Como está señor Burham?. Es la primera vez en mucho tiempo que alguién me pregunta eso... Bien, estoy bien... " Con una sonrisa mirando la foto de su hija, "vaya, vaya, vaya..." y los sesos estampados en la pared. Brutal. En un Mcguffin para la eternidad, las vidas de todos y cada uno de los protagonistas cobran otro sentido, la soledad de Carolyn, la compañía en la separatidad del mundo de Ricky y Jane, la inocencia de Angela, la espiral de destrucción del coronel... Y todos ellos unidos por la mueca sonríente de Lester Burham apoyado en la mesa de la cocina en un inmenso charco de sangre.
Su voz en off transmite una paz colosal, un plano secuencia sin más virtuosismo que mostrar la misma imagen del principio sustenta los últimos minutos, y el cuerpo se estremece cuando el bueno de Lester, desde algún lado, recuerda su felicidad en las manos de su abuela, las acampadas con los boy scouts, Jane creciendo, carolyn siendo carolyn... y dice eso de que no es un segundo lo que se te pasa delante de tus ojos, si no un océano de recuerdos. "... algún día lo entenderán".
Y se acaba. Te das cuenta que el bueno de Mendes ha dinamitado el sistema desde dentro, y también te das cuenta que su mensaje se malentenderá. Los ñoños lo entenderán como una oda al amor, mentira. Los solitarios como lo triste que es estar solo, mentira. Todo el mundo se olvida del título, "American Beauty" Belleza Americana, y esa belleza no es cosa por cosa, si no todo el conjunto. Ninguno es feliz, Jane Y Rycky tienen "un amor tan intenso" que lo tienen que vivir solos, ellos dos únicamente. De Carolyne ni hablamos. Pero Lester se realiza en el conjunto, en su ejercicio, su dignidad laboral (disfruta haciendo hamburguesas, le dignifica), su volver a sentirse vivo. Siente el conjunto, la totalidad. De aí su sonrisa, porque en el momento que muere pasa a formar parte de la totalidad del mundo que el vivió, es energía. Eso es amor, el único amor que hay en toda la película, el que viene de la belleza, de la armonía.
El problema de esto, como digo, es que la creciente cultura postmoderna convierte este tipo de película o Amélie en ñoñerías, les quita el mensaje y contenido para adueñarse individual y egóticamente del contenido como si fuera su vida. Y así le quitan el significado, porque es sólo imagen. Porque la grandeza de American Beauty o Amélie es que son excepciones, no formas de vivir la vida. Las pequeñas cosas de Amélie eran por su infelicidad y necesidad de sentirse querida a través de sus buenas obras, luego encuentra el amor. En American Beauty la normalidad devora a Kevin Spacey y esa "anormalidad" que le hace feliz le termina matando. ¿La moraleja? No lo sé, a mí, particularmente, me dice que el amor no es una relación de pareja, ni querer para siempre ha alguién, ni tener cosas, ni ser valorado por una sociedad que no es social, para mí es mucho más sencillo. "... hay tanta belleza en el mundo que creo que no puedo soportarlo" apreciar eso es muy difícil, pero no imposible, y ese es el camino de la eternidad, del verdadero amor, el que ni se crea ni se destruye... Gracias Sam.
sábado, 21 de julio de 2007
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