jueves, 19 de julio de 2007

SOBRE EL CINE ACTUAL

¿Es la actualidad actual o una copia mal hecha del pasado? Lo digo por una curiosidad en la que repare el otro día. Alfred Hitchcock es uno de los grandes genios del cine, y no lo digo yo, si no sus películas. De Steven Spielberg se dice que es "el rey Midas de Hollywood". Uno por calidad y el otro por cantidad. ¡Mentira¡ gritaran los más osados. ¿Y La Lista de Schindlers? Una adaptación. ¿Y Munich? Un trauma de Steven. ¿Y ET? bonita película. Y así podríamos seguir con Tiburón, Jurassic Park, Encuentros en la Tercera fase... No voy a discutir la calidad de Spielberg, para mí limitada tirando a nula (otra cosa es la capacidad para generar éxito y sueños). Si no de la forma en que el pequeño Stevie se da a conocer en el mundo.

El Diablo sobre ruedas (1971) originalmente pensada para televisión, marca un hito en el cine moderno. Dennis Weaver es el protagonista que recorre América en coche, y que sin saber cómo ni porqué topa con un camión que lo persigue para fines no muy bondadosos. La película recrea una atmósfera claustrofóbica y tensa, donde la desesperación por el heroe crece y crece a lo largo del metraje. Lo inexplicable de la persecución atemoriza, así como el final, que lejos de acabar algo arroja una sensación de intranquilidad y adrenalina disparada.

Se le cataloga por ciertos círculos como obra maestra. Pero veamos. Allá por 1963 en un apacible pueblecito, donde veranean los protagonistas, comienzan a sufrir ataques del reino animal, descontrolado y enloquecido. Son Los Pájaros, de Hitchcock, donde Tippi Hedren pone el primer peldaño de lo que será el cine de alaridos. ¿Porqué unas gaviotas? ¿porqué a la gente? ¿Porqué...? La misma atmósfera de terror e incertidumbre, ya la dibujó Hitchcock diez años antes. Con el simple recurso de la cámara y un ritmo pausado roto por los graznidos de las aves.

Creo que no hacen falta más comparaciones. En la época de Hitchcock éste emplea una naturaleza que se rebela, temor atávico de la sociedad, descontrolada e imprevisible, cóctel explosivo para la sociedad. Stevie hace lo mismo con la modernidad. Personifica el terror en un mastodóntico camión, símbolo del avance y libertad (entendida ésta como mayor número de posibilidades de desplazamiento en tiempo y espacio) puesto en manos de un desvíado. Dando a entender, implícitamente, que esa rutina del viaje y el trabajo desequilibran al individuo. En el caso de Hitchcock critica el avance de esa modernidad, de la que habla Stevie, que termina invadiendo espacios y áreas que no le son correspondidas.

El jovencito Spielberg alucinó con esto, pero repetir con los mismo elementos es plagio, o como le llaman ahora, "remake". Simplemente lo "actualizó", mantuvo el mismo mensaje, la misma esencia pero filtrándolo hacia la modernidad creciente. No es una ruptura en la forma, sí en la estética y en la "actualización" del mito. Realmente, Stevie no ha sido referente de nada. Porque en Tiburón, nuevamente, emplea Los Pájaros pero con más violencia. La imagen del Tiburón, la naturaleza más descarnada que atacan a los apacibles turistas de una playa (el choque del turismo como ocio de la nueva clase moderna y la playa como símbolo de la naturaleza, la misma invasión espacial que en Spielberg) lo que con Hitchcock se resuelve con paraguas, una rudimentaria hoguera, en Tiburón se necesitan explosiones y sofisticados armamentos, al igual que en el Diablo sobre ruedas surge el mensaje poético de que el hombre supera a la máquina cuándo se sirve de ésta para destruirla. Los Pájaros deja abierto que pueda volver acontecer, en El Diablo la sombra de la locura colectiva sobrevuela los títulos de crédito.

Y resulta grotesco que a un artista se le valore cuando su obra no es suya. Sí, le da personalidad, la personifica, la cosifica. Pero no le da originalidad ni creatividad. No es creada, es simplemente actualizada. La única creación que existe es la quitarle el contenido histórico y convertirlo en innovación, cambiar, no crear. No por ello es malo, pero si se le asocia a otra esfera. Claro que tiene mérito estar influenciada e intentar parecerte a tus maestros. E incluso llegar a su altura, pero eso, MAESTROS, los orígenes. Y ese es el problema, se olvida el orígen de las cosas. En la cultura de la fugacidad todo tiene que ser "ya" y "ahora". No hay consciencia de temporalidad o continuidad, todo surge, está y desaparece. Pero hay un pasado artístico ya creado, donde están las directrices y los orígenes qué interesa borrar. Si todo surge en el momento, sin influencia, es dotar al artista de una característica de gurú, de maestro en el momento. Si no hay referencias, entonces algo de lo qué no se tenía constancia y es bueno, es lo mejor. Es sencillo. El problema es que el acuerdo de que un producto es bueno, no surge objetivamente, si no que está mediado por intereses (en el cine taquilla, espectadores, el número, la cantidad).

El arte es producir, ofrecer esa expresión sin esperar nada a cambio, quién llega al mundo del arte esperando recibir algo no es un artista, es cualquier otra cosa. Lo dice E. Fromm, uno de los grandes pensadores del siglo XX. Algo de razón tiene que tener.

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