El telediario de los fines de semana es una crónica de sucesos continuada (bueno, esto suele ser casi siempre así). Uno de los temas estrella de los medios, algún día hablaremos del terremoto mediático de los McCann, son las muertes en accidentes de tráfico.
La carretera se ha convertido en la nueva lacra social para los medios. Jóvenes, alcohol, drogas, exceso de velocidad... parecen ser las razones que se encuentran detrás de este drama social. El asunto es que las muertes al volante son un goteo incesante, y algún espectador se puede preguntar ¿acaso antes la gente no moría en las carreteras? ¿o será que no morían tantas personas? ¿o quizás será que si no era tanta gente era porque había menos coches matriculados en España y el riesgo de morir en un accidente era mucho menor porque también había menos gente sometida al mismo? O puede que no afloren, pero no parecen ser preguntas insensatas.
Por un lado, la sangría constante de muertos al volante se convierte en una pesada losa en la conciencia de la sociedad. ¿En qué hemos fallado? Parecen preguntarse políticos, autoridades y analistas. Quizás este crecimiento sin barreras se haye detrás de todo esto. Es decir, si cada vez se fabrican coches con más prestaciones y posibilidades pero el asfalto sigue siendo el mismo ¿qué es lo que falla? El conjunto, sin duda alguna.
La sociedad es de consumo, para consumir hay que generar riqueza, esta riqueza la generan enormes fábricas de vehículos que cada mes expeden un nuevo modelo, en esas fábricas trabaja gente por un sueldo, ese sueldo es dirigido por la publicidad hacia la satisfacción de la seguridad fetichizada en una casa, un vehículo, vacaciones, lo último en tecnología... En el caso del vehículo, cada modelo es más novedoso que el anterior (ahora se lleva el coche ecológico, por eso del cambio climático. Va a ser que las fábricas que lo hacen son biodegradables...) estos nuevos modelos te hacen sentir la libertad en forma de velocidad y control, y este control hace ya a más de 250 muertos en un año. Es decir, muerto por día. Pero no es tan fácil. Una pistola mata, pero si no se dispara no tiene uso. El vehículo depende del piloto, y parece que los pilotos españoles les da por hacer su propia ley de la carretera; controles positivos, excesos de más de 30km/h en zona urbana, 160 en autopista (si, en Alemania cada carril tiene su limitación de alta velocidad, pero quién se pase 1 km, va al talego...) juventud que se deja los dientes en el salpicadero...
¿Que se nos ocurre? Sensibilización. Claro, como que al individuo que va mamado hasta las cejas seguro que se acuerda del anuncio una vez puesto a 180 por la recta de su casa. O como si el que tiene prisa porque lelga tarde al curro, o simplemente quiere llegar ya a casa después de su jornada laboral.consumista le importaran los lesionados medulares. Da igual. El número sigue aumentando, y la sensación, para variar, ya no es que no se pueda parar (si es que realmente es una lacra y no una pérdida asimilada de la estructura de la sociedad de consumo. Muchos coches, más conductores, más gente sometida a riesgo, más muertos,) si no que el problema, como decíamos, no es problema hasta que no toca de cerca, hasta que no muere un allegado.
Hoy, una de las noticias hablaba de un accidente en Sarria (Lugo) un chico de 19 años borracho al volante tras un botellón, con seis personas a bordo, se empotró contra un pilar de hormigón. Murieron dos hermanas de 15 años y otros 3 están graves. El conductor ileso. Por lo visto iba a más de 180 por el pueblo, llovía, perdió el control y se empotró. Si, se saltó toda la precaución, y mato a gente joven, y yo me pregunto, al margen de todo lo viario, ¿Que hacían dos chicas de 15 años de botellón hasta las 3:30 de la mañana? Quizás, una mayor responsabilidad social las hubiera salvado de la muerte en esta ocasión. Pero no. Como decimos en Galicia " a tiñan aí..."
domingo, 30 de septiembre de 2007
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