miércoles, 28 de noviembre de 2007

Confianzas...

Una de las acepciones que la RAE da de confianza es familiaridad o libertad excesiva. Lo de familiaridad le dota de ese componente tradicional y costumbrista. La confianza como vínculo, unión fundada en el respeto y en entendimiento entre iguales. Pero ¿libertad excesiva?. ¿Puede ser la libertad, excesiva?. Si. Cuando interfiere en la de la otra persona. Ese es el límite entre libertades, el famoso "la libertad de uno acaba donde comienza la de los demás". Gran proverbio.

En los tiempos que corren resulta complicado distinguir entre confianza y abuso. Por la sencilla razón que delimitar las cosas es visto como egoísmo. En la fiesta de la libertad individual, todo es relativo. La comodidad la juzga el "yo", una vez más. Un "yo" orgulloso de sí mismo, de su propia existencia. Donde todo es bonito porque "yo" lo hago, porque soy "yo" quién lo siente y percibe así, y los demás están muertos porque "yo" lo digo. Amparado en mi propia especificidad y magnificencia ególatra.

En este campo, la confianza se torna en arma más que en forma de vida. Cuando se sobrepone la necesidad propia a la de los demás, cuando no se consulta porque se da por hecho. A fin de cuentas, cuando no se tiene una noción realista de las cosas, porque vivimos cada uno en nuestro mundo. En este ámbito la convivencia se vuelve insostenible. La solución no es fácil, porque en la actualidad reconocer un error significa ser inferior, perder partes de esa magnificencia. Y en lugar de reconocerlo, lo justificamos. Con argumentos individuados, o con la intromisión de "pues tú..." el otro como reproche, no como compañero. El error muestra la imperfección, el mostrarse ante los demás, ante el público que te observa y convive contigo. Los juicios que a nadie gustan.

Pero no se es menos persona, dicen que el buen entendedor no es el que más habla si no el que sabe escuchar. Y sólo nos oímos a nosotros mismos, porque todo "yo" es especial, y si no se siente así se recurre a la insensibilidad como definición vital.

Hoy en día no se puede dialogar, porque todo el mundo quiere llevar la razón como garante de su dominio y posición privilegiada como oráculo anónimo. No se debate, porque no se tiende a ceder, a buscar la verdad subyacente. Sólo a corroborar lo que uno piensa y dice por encima del otro. En la sociedad competitiva el segundo es un perdedor, no una persona que tiene la posibilidad de ser primero, o mejor aún, sin categorías. La de una persona que intenta realizarse y superarse, no como premio, no como medio para conseguir algo, si no como forma de transcendencia, como elemento eugenésico. Ya no.

No se puede diverger en opiniones porque cada uno es como es. Y en eso no hay problema, sino en que cada uno siendo como es sea más que los demás. Una lógica paradójica que engloba una verdad inmutable, que sólo pensamos en los demás en la medida que nos afectan. El utilitarismo en su punto álgido. Las personas están cansadas de escuchar "pues a mi..." "pues YO no hago eso..." " pues YO no soy así". Nadie te lo ha preguntado. A nadie le interesa. Porque en esa oda individual no hay nada que escuchar, y mucho menos algo que descubrir. Pero da igual ¿a quién le importa? "Rayadas", "Comerse la cabeza". En una sociedad donde el individuo tendiera a mejorar, a realizarse a través de los demás y en sí mismo. En una sociedad donde escuchar fuera norma y autocomplacerse sanción. Ahí donde el individuo es consciente de sí mismo y de todo el entorno en una unión perfecta, ahí, las cosas comenzarían a cambiar. El yo surge necesariamente por contraposición a algo. La conciencia de uno mismo surge cuando se tiene conciencia de que hay algo más. El yo sin el otro, no es nada. Pero lo otro siempre existe. Cualquier lugar existe aunque no hayamos estado allí, otra cosa es tener conciencia de ello. Y la coletilla del "´¿y luego yo?" ya cansa. Pero es lo que hay.

jueves, 22 de noviembre de 2007

No somos dueños de nada, porque si lo pensamos fríamente, no tenemos nada. "somos la mierda cantante y danzante del mundo" lo decía Tyler Dourdain, y poco se equivoca. En lugar de reflejarnos en nosotros mismos, en crecer y desarrollarnos como personas en y por los demás... No, lo hacemos a través de la posesión. De la falsa certeza de que aquello que tenemos nos hace más fuertes, seguros y mejores. El problema es que cada vez que obtenemos una cosa surge otra que la mejora, y con ella, la imperiosa necesidad de sentirse cobijado en esa necesidad creada. La avaricia se ha convertido en una forma de vida. Acumular ya no en relación a los demás, si no a un "yo" que se infla a una velocidad proporcional a la que consume. Y cuando hablamos de consumir, no hablamos de aquello que se puede comprar, si no de todo aquello que tiene la cualidad o es absorvido por la esfera de lo consumible.

Las personas ya no son por sí mismas, sentimos a la gente por lo que significa para uno mismo, por lo que "me aporta", no por lo que es. Fetichizamos las relaciones de amistad a través de baremos de productividad; si me siento feliz, si estoy cómodo, si me aporta una conversación. Convertimos la amistad en utilidad, no en sentimiento. Y para obtener la máxima utilidad hay que estar preparado, hay que saber lo que mostrar y lo que no, hay que ser una persona según el ambiente en el que te veas implicado, siempre con una sonrisa, con buenas formas. Como mostrando que eres un amigo universal. Todo para conseguir algo, no para sentir. Se trata de entretener, de realizarse con los demás no a través de ellos. Soy porque estoy contigo. Una simbiosis neutralizanete, donde el "yo" sujeto es más grande que todo el predicado. Ese SOY suena enorme, pesado. Tanto, que limita la segunda parte, que es el objeto que le permite ser, el otro. Pero ese "otro" en lugar de ser él mismo, es por lo que significa para el yo. Pierde su naturalidad, su condición y su cualidad que se ve maquillada por el filtro de la utilidad que representa para la otra persona.

El amor, camina por el mismo sendero. Ya no se trata de amar a la persona, si no que la capacidad de amar recuerda que "yo" puedo amar, que soy libre en mi acto de amar y me enorgullezco de todo ello porque soy "yo" quién lo hace. Ya no se ama a la persona por lo que es, si no por su significado para mí. Y eso es peligroso. Puesto que la persona puede significar mucho para mí, pero si ha sido una mala persona con los demás ¿de que vale?. Pues sí, sigue valiendo. ¿Porqué? Porque se ha perdido la moral y las referencias. La referencia es el individuo, el yo narcisista y egocéntrico. "mientras no me lo haga a mí..." parece ser el nuevo credo. "Me gustan las personas que me juzgan por lo que soy con ellas, no por otras cosas" sí, tal cual Hitler. Sólo el propio individuo es quién de glorificarse u hundirse (esto último, más bien poco, puesto que suele ser una forma de llamar la atención y mostrarse, que de sentimiento verdadero) Las relaciones son por y para siempre, y para ello hay que apartarse en una burbuja individual que se pinta de rosa y se llena de caramelos. Las parejas viven su amor en una soledad compartida, es un amor egótico, excluyente ¿lo que excluye es amor? El amor une, crea, produce, no divide o selecciona. Eso es otra cosa.

Pero para plantearse todo esto hay que tener espíritu crítico, primeramente, con uno mismo, y luego ir ampliando miras. A nadie le gusta saber que está equivocado ¿por? Porque históricamente siempre se hizo burla sobre el error, el desprestigio cae sobre el fallo y la incapacidad, en lugar de la comprensión y la ayuda. ¿Porqué? Porque quién falla no tiene, no puede poseer, y eso, se ha convertido en marca social. Ya no se trata de medios de producción, si no de bienes de consumo, somos lo que consumimos no lo que producimos, puesto que nos hemos hecho a la idea, casi innata, del trabajo como obligación y medio para, no como realización. "Estuve allí.." "tengo esto.." "fui a comer a..." es más la sensación de posesión que la de sentimiento. LAs cosas no se hacen porque se sienten, se perciben, si no como dinámica general. Los viajes se convierten en fetichización de los lugares "yo estuve allí, por lo tanto existe y es mío" en lugar de sentirlo per se. No puedes entrar en el Louvre creyendo que sólo tú lo percibes, básicamente, porque no estás sintiendo objetivamente todo lo que ves, si no por reflejo de lo que deberías sentir. No se trata de lo que me transmite la medusa, si no de lo que evoca, lo que significaba para el pintor, que inquietud tendría para plasmarlo de esa manera. Eso es sentir el arte, porque el arte tiende a lo absoluto, a la perfección, no a la belleza. La belleza es un paso, lo absoluto es la finalidad (T. Adorno).

Y como el individuo actual es absoluto, puesto que lo abarca todo, el arte también lo es, porque se subsume en todo su ser. Como decía al principio, ya no sentimos verdaderamente, si no que conceptualizamos las cosas para que signifiquen algo para nosotros. Si no las podemos tener ya no significan. En el mundo visual y posmoderno la vida es así, lo imaginario como triunfo. Ya no hace falta sentir porque la posesión de las imágenes evoca ese sentimiento y esa realidad. Así es que la gente está triste, que defienden lo indefendible y que se dedican a vivir una juventud eterna que ya no volverá. Y alguno de éstos, hubo un momento, en que lo llamamos amigo y un amigo esta lleno de vida, éstos también están llenos, pero de mediocridad.

"... no se puede pensar un sentimiento ni se puede sentir un pensamiento" J.P. Sartre

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Go 'way from my window,Leave at your own chosen speed.
I'm not the one you want, babe,I'm not the one you need.
You say you're lookin' for someone Never weak but always strong,
To protect you an' defend you
Whether you are right or wrong,
Someone to open each and every door,
But it ain't me, babe,
No, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're lookin' for, babe.
Go lightly from the ledge, babe,

Go lightly on the ground.
I'm not the one you want, babe,
I will only let you down.
You say you're lookin' for someone
Who will promise never to part,
Someone to close his eyes for you,
Someone to close his heart,
Someone who will die for you an' more,
But it ain't me, babe,
No, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're lookin' for, babe.

Go melt back into the night, babe,
Everything inside is made of stone.
There's nothing in here moving
An' anyway I'm not alone.
You say you're looking for someone
Who'll pick you up each time you fall,
To gather flowers constantly
An' to come each time you call,
A lover for your life an' nothing more,
But it ain't me, babe,
No, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're lookin' for, babe.

It ain´t me, babe (Bob Dylan, 1964)