lunes, 31 de diciembre de 2007

Ella: El amor se vive con intensidad. Lo había encontrado en una de esas casualidades en las que dos personas cruzan su mirada y parecen decirse algo cuando simplemente se están observando. La interpretación de cada uno hizo el resto. Un café. A la semana una noche de marcha. A la siguiente un cine. Y entre medias, amor camuflado de sexo. La confianza y el respeto se convirtieron en sus armas. Su relación, su amor, un ejemplo. Ahora, le esperaba...

Él: La conoció una tarde antes de enfrentarse a una noche de pasión y sexo rápido. La vió por la calle, y su naturaleza de lobo se convirtió en vida espiritual. El mundo se paró por un instante, cuando se quiso dar cuenta, la tenía en sus brazos, desnuda y preciosa, a la luz de un nuevo amanecer. No es fácil borrar una vida de nombres sin cara en la agenda. Prometía amor, por no decir miedo. Ahora, una vez más, se dirigía a su encuentro con la sonrisa de enamorado...

La otra: Guapa de cortar la respiración. Con ese toque de veteranía e inocencia que hacía perder la cabeza al más cuerdo. Ninguno más que otro, ni nadie más que ella. Él era distinto. Mezclaba un curioso cariño con una pasión descontrolada. Se divertían las pocas horas que se veían. Disfrutaban el uno del otro sin nadie saberlo. En un peligroso sentimiento de complicidad y amor furtivo. Las horas, escasas, se convertían en días y paraban en el tiempo en el mismo colchón donde yacían el uno junto al otro. Hoy, como casi siempre, despues de una cita, lo veía marcharse, calle arriba, a junto de Ella

1 comentario:

federica dijo...

Me encantas! Me gustaría saber tu opinion de mi blog:

www.cosmospalabra.blogspot.com

Creo que es poesía contemporánea que no está mal...