Es triste, muy triste que en pleno siglo XXI el ser humano no disfrute de la igualdad. Y no disfruta porque la mujer está muy por detrás en la sociedad, según el feminismo. Dicho movimiento está aquejado de una falta de crítica enorme. Tras más de 40 años de lucha feminista, encabezada en sus inicios por Rosa Parks y la lucha racial.
El feminismo encuadra la igualdad de las mujeres en el sistema económico vigente. No se critica la estructura ni el establecimiento de redes, sólo la posición del objeto, primer error. El feminismo occidental se preocupa de la paridad, las mujeres "prostituídas" y otras lindezas. Un elevado porcentaje de la población mundial femenina no se siente representado en esto, porque ni siquiera gozan de sistemas económicos tan desarrollados. Fluyen entre ablaciones de clítoris y malos tratos. Pero el feminismo occidental sigue hablando de las medidas de conciliación, de horas de lactancia y de sueldos iguales. Pues sí, gran loa, pero ¿cuantas mujeres tienen acceso a la educación en todo el mundo? ¿No habría que empezar por ahí? ¿Cuántas mujeres en el mundo no gozan de derechos básicos? Y ya es triste que la propia condición de humanidad no sea disfrutada por las mujeres.
El feminismo no triunfará nunca hasta que no transmita lo universal de su mensaje. Ningún movimiento social ha conseguido un logro con un discurso "nosotros-ellos" de oposición, Ecologismo, movimiento negro... consiguieron una unidad social y por eso triunfaron. El feminismo sigue anclado en sus premisas de patriarcado y simplezas del estilo, en esto del patriarcado Max Weber tiene mucho que decir. Ya cansa tanta igualdad de género, cuando parece transmitir la igualdad de unas pocas, no de todas. ¿Es tan avergonzante ser ama de casa y realizarse a través de este trabajo? ¿O será que la sociedad no ha sabido valorar y darle la importancia que requiere a dicha figura? Si las amas de casa tuvieran un status reconocido y una remuneración de acorde a su trabajo que las dignifica (presupuesto marxista para huír de la alienación y la espiral consumista) ¿no cambiarían las cosas? ¿Alguna teórica de la liberación se ha molestado en preguntar a las amas de casa si estas están o no contentas con lo que hacen? ¿Realmente es tan fácil llevar la economía de una casa, la socialización de los más pequeños y un marco de convivencia estable? Empleando cánones de valoración capitalista y simbólica, la mujer (u hombre) que desempeña su trabajo en la familia, es criticada y señalada como rasgo de inferioridad.
Pues que quieren que les diga, para mí tiene mucho más mérito la mujer que se levanta a las 9 de la mañana, prepara desayunos, limpia, compra, cocina, plancha, rige la economía familiar, aconseja y cuida de marido e hijos, día tras día, sin ningún reconocimiento, con críticas de sus semejantes. Que aquella mujer oficinista que lucha en el mercado salvaje por ser la mejor y tener lo que se merece (subsumisión del valor de uso en el valor de cambio)... Hay dos refranes que dicen "quien mucho abarca poco aprieta" y "aprendiz de mucho, maestro de nada". Y es que es imposible crear a un hijo trabajando, llevando la casa y siendo eficiente (seas hombre, mujer o conjuntamente), y eso de que trabajo y llevo la casa igual de bien, es mentira. Todos sabemos el tiempo y dureza que entrañan las tareas del hogar, sumémosle el trabajo laboral desempeñado en no menos de 8 horas, más dormi,comer y cosas varias ¿hay tiempo en el día para hacerlo todo bien? Pues claro que no. Somos hipócritas, materialistas y esto ha ido dominando y desluciendo de contenido a algo tan loable como el movimiento feminista, ahora, se encuentra dando tumbos entre "dignidad de la imagen de la mujer", "paridad" y "conciliación de lo familiar y laboral". Es decir, el credo de un ínfimo porcentaje poblacional femenino, se ha convertido en representativo de una totalidad desconectada, en su mayoría, de tal mensaje y sociedad.
Eso sí, a Almodovar, Zapatero y otros líderes mediáticos se les ha concedido un premio por la mejora de la imagen de la mujer, uno en sus películas (¿?), el otro por sus medidas políticas, y los últimos por excluír imágenes de mujeres en los anuncios de contactos. Y yo creo, que en el 3er y 2º mundo todas las mujeres están dando botes de alegría por el gran avance que esto supone...
sábado, 30 de junio de 2007
viernes, 29 de junio de 2007
LA PARADOJA DEL SOCORRISTA
La nueva sociedad tiene un componente individual que lo devasta todo. El concepto "individuo" se ha malentendido. Ya no se trata de la singularidad y proyección de la persona, no, si no de la conversión en un Estado. El individuo se ha convertido en imperio de ley, algo reservado al Estado, para su propia satisfacción e interés. Este imperio de la ley, convierte a la persona en un sujeto en constante competencia con sus iguales y con la consiguiente necesidad de notoriedad y diferencia. Todo ello dentro de un marco qué es la masa. El individuo se cree libre cuándo realmente pertenece a un compedio de interacciones, comportamientos, normas y valores dirigidas por un ente social cuyo acuerdo se ha convertido en una imposición. La inconsciencia de pertenencia a tal movimiento, hace que el individuo se aleje de sus semejantes y se singularice en sí mismo, sus ideas y aprendizajes, sin mayor razón que la propia. El individuo es por fin la medida de sí mismo y de todo lo demás. En este resumido ambiente, se encuentra la paradoja del socorrista.
La playa es un sistema natural con sus propias leyes, el ser humano ha llegado a dominar muchas cosas, pero a un no la naturaleza. En verano, las normas del agua se codifican en banderas; verde-apto, amarillo-precaución, rojo-prohibido. El socorrista avisa y vigila por la preservación de sus iguales en la figura de bañistas. Con la bandera roja, cuatro o cinco personas, siempre se meten en el agua, a dos de esas 5 la corriente las arrastra ¿Qué tiene que hacer el socorrista? El socorro es una acción que surje y se deriva tras un momento de peligro inesperado. La casuística determina el momento. De ahí se socorre. La persona que disfruta de una tarde en la playa, se baña y sufre un corte de digestión, un calambre, desfallecimiento... o cualquier situación inesperada en un estado de normalidad y calma aparente, ha de recibir ayuda. Ahora bien, la persona que haciendo caso omiso a los avisos, consciente de sí misma y que valorando la situación decide meterse en el agua con una bandera roja, atenta contra su instinto de pervivencia, contra lo innato de las personas que no es más que las ganas de vivir. Ya no sólo atenta contra sí misma, si no contra un tercero, el socorrista ¿Porqué el socorrista ha de poner su vida en peligro con el mar encrespado, por la irresponsabilidad categórica del individuo? No hay necesidad, porque eso ya no se convierte en socorro, si no en imprudencia, en temeridad ¿Es una temeridad una situación de socorro? NO. Quién la lleva a cabo es un temerario, pero quién la sufre es una víctima, ergo ésta es la que necesita el socorro. Por lo tanto, el socorrido en esta situación es el socorrista. De ahí la paradoja.
La temeridad del individuo sitúa al socorrista en un disyuntiva; la de su obligación para salvar a los bañistas en situaciones de peligro y la de su propia subsistencia. La primera ya no es cierta, porque no es una situación de peligro, si no una temeridad, una provocación o irresponsabilidad. Ya no es socorro, si no educación, obligación de rescate o cualquier otro término. Sin embargo, el socorrista, no pensará en todo esto, actúa por instinto laboral (el de la preservación de la seguridad de los bañistas) viéndose envuelto en una situación dónde requerirá ayuda, ergo se convierte en socorrido. El socorrista sabiendo de los peligros, pone en juego su vida por una socialización errónea en las normas de pervivencia básicas. El individuo social verdadero, es responsable y coherente, valora y comprende. Todo lo demás es una legitimación de las actitudes individualistas.
En una sociedad dónde el individuo es su medida, donde se dice que nadie educa a nadie, que yo mismo sé lo que hago... en una sociedad dónde se han cimentado estos valores. El sujeto que decide meterse en el agua con bandera roja, no merece la atención de nadie. Y no es omisión de socorro, repito, es una temeridad, y la temeridad como su nombre indica no es socorro. Lo que pasa es que hay mucho pazguatismo y estupidez congénita. Se dramatiza todo tanto, que a la excepción se la convierte en norma. Una sociedad donde una persona a sabiendas de que pone en peligro la vida de otras, lleva a cabo su acción y aún encima hay que socorrerle, una sociedad que incita a la salvación de los desalmados e insolidarios, está enferma. Si la humanidad se quiere preservar no debe atentar contra sus principios básicos de solidaridad y supervivencia. Es algo sabido. Entonces ¿dónde está el problema? ¿En que es duro dejar morir a alguién que se está ahogando? No se trata de dejar morir, eso es lo mejor, si no de dar rienda suelta al individualismo, es decir, si cuando los megáfonos clamaban por lo peligroso del mar, si cuando el socorrista señalaba las zonas de riesgo y prohibía el acceso a bañistas, las personas en cuestión dudaban de la legitimidad del mensaje porque "no es para tanto y yo tengo calor y no quiero esperar en las duchas" si por algo tan nimio, tan ridículo, el individuo decide seguir adelante seguro de sus fuerzas y posibilidades aún poniendo en peligro la pervivencia de sus congéneres sin la mayor importancia, entonces, llegado el momento de intervención, el socorrista, debería sentarse, coger sus prismáticos y decir " si tan seguro estabas que te saltaste todas las normas de convivencia y preservación social, pusiste en peligro la vida de otras personas sin importarte lo más mínimo, entonces, ahora, empieza a nadar..." Suena duro, pero es que no lo es. Sea pensado objetivamente, quitado el componente de "es que podría ser mi amigo..." y la verdad lógica y aplastante, se muestra.
Ya no hay normas, ni valores, sólo el individuo. No se llama sociedad si no acuerdo de convivencia individual. Y quién no quiera vivir en ese acuerdo, que dé un paso adelante... Bienvenido.
La playa es un sistema natural con sus propias leyes, el ser humano ha llegado a dominar muchas cosas, pero a un no la naturaleza. En verano, las normas del agua se codifican en banderas; verde-apto, amarillo-precaución, rojo-prohibido. El socorrista avisa y vigila por la preservación de sus iguales en la figura de bañistas. Con la bandera roja, cuatro o cinco personas, siempre se meten en el agua, a dos de esas 5 la corriente las arrastra ¿Qué tiene que hacer el socorrista? El socorro es una acción que surje y se deriva tras un momento de peligro inesperado. La casuística determina el momento. De ahí se socorre. La persona que disfruta de una tarde en la playa, se baña y sufre un corte de digestión, un calambre, desfallecimiento... o cualquier situación inesperada en un estado de normalidad y calma aparente, ha de recibir ayuda. Ahora bien, la persona que haciendo caso omiso a los avisos, consciente de sí misma y que valorando la situación decide meterse en el agua con una bandera roja, atenta contra su instinto de pervivencia, contra lo innato de las personas que no es más que las ganas de vivir. Ya no sólo atenta contra sí misma, si no contra un tercero, el socorrista ¿Porqué el socorrista ha de poner su vida en peligro con el mar encrespado, por la irresponsabilidad categórica del individuo? No hay necesidad, porque eso ya no se convierte en socorro, si no en imprudencia, en temeridad ¿Es una temeridad una situación de socorro? NO. Quién la lleva a cabo es un temerario, pero quién la sufre es una víctima, ergo ésta es la que necesita el socorro. Por lo tanto, el socorrido en esta situación es el socorrista. De ahí la paradoja.
La temeridad del individuo sitúa al socorrista en un disyuntiva; la de su obligación para salvar a los bañistas en situaciones de peligro y la de su propia subsistencia. La primera ya no es cierta, porque no es una situación de peligro, si no una temeridad, una provocación o irresponsabilidad. Ya no es socorro, si no educación, obligación de rescate o cualquier otro término. Sin embargo, el socorrista, no pensará en todo esto, actúa por instinto laboral (el de la preservación de la seguridad de los bañistas) viéndose envuelto en una situación dónde requerirá ayuda, ergo se convierte en socorrido. El socorrista sabiendo de los peligros, pone en juego su vida por una socialización errónea en las normas de pervivencia básicas. El individuo social verdadero, es responsable y coherente, valora y comprende. Todo lo demás es una legitimación de las actitudes individualistas.
En una sociedad dónde el individuo es su medida, donde se dice que nadie educa a nadie, que yo mismo sé lo que hago... en una sociedad dónde se han cimentado estos valores. El sujeto que decide meterse en el agua con bandera roja, no merece la atención de nadie. Y no es omisión de socorro, repito, es una temeridad, y la temeridad como su nombre indica no es socorro. Lo que pasa es que hay mucho pazguatismo y estupidez congénita. Se dramatiza todo tanto, que a la excepción se la convierte en norma. Una sociedad donde una persona a sabiendas de que pone en peligro la vida de otras, lleva a cabo su acción y aún encima hay que socorrerle, una sociedad que incita a la salvación de los desalmados e insolidarios, está enferma. Si la humanidad se quiere preservar no debe atentar contra sus principios básicos de solidaridad y supervivencia. Es algo sabido. Entonces ¿dónde está el problema? ¿En que es duro dejar morir a alguién que se está ahogando? No se trata de dejar morir, eso es lo mejor, si no de dar rienda suelta al individualismo, es decir, si cuando los megáfonos clamaban por lo peligroso del mar, si cuando el socorrista señalaba las zonas de riesgo y prohibía el acceso a bañistas, las personas en cuestión dudaban de la legitimidad del mensaje porque "no es para tanto y yo tengo calor y no quiero esperar en las duchas" si por algo tan nimio, tan ridículo, el individuo decide seguir adelante seguro de sus fuerzas y posibilidades aún poniendo en peligro la pervivencia de sus congéneres sin la mayor importancia, entonces, llegado el momento de intervención, el socorrista, debería sentarse, coger sus prismáticos y decir " si tan seguro estabas que te saltaste todas las normas de convivencia y preservación social, pusiste en peligro la vida de otras personas sin importarte lo más mínimo, entonces, ahora, empieza a nadar..." Suena duro, pero es que no lo es. Sea pensado objetivamente, quitado el componente de "es que podría ser mi amigo..." y la verdad lógica y aplastante, se muestra.
Ya no hay normas, ni valores, sólo el individuo. No se llama sociedad si no acuerdo de convivencia individual. Y quién no quiera vivir en ese acuerdo, que dé un paso adelante... Bienvenido.
Estoy harto de las personas que sólo saben hablar de sí mismas. Estoy harto de las personas que para decir algo necesitan hablar de sí mismas. Estoy harto de las personas egocéntricas que tienen que ser el centro de atención hablando de sí mismas. Estoy harto de las personas que no piensan en los demás porque sólo saben pensar en sí mismas. Estoy harto de las personas que para crear una conversación sólo saben hablar de lo que hicieron un fin de semana. Estoy harto de las personas que no castigan al mentiroso ni engreído, si no que lo defienden y apoyan porque es su "amigo". Estoy harto de las personas que no tienen en cuenta a los demás porque están demasiado ocupadas preocupándose de sí mismas. Estoy harto de las personas que monopolizan todos los ambientes hablando de sí mismas. Estoy harto de las personas que para monopolizar un ambiente tienen que buscar alguién con quién meterse, para poder hablar de sí mismas. Estoy harto que la gente que ve esto no diga nada, calle y les siga escuchando hablar de sí mismas. Estoy harto de hablar de cualquier cosa y escuchar "¿y entonces yo?, luego yo...". Estoy harto de estar triste contarlo, y que estas personas digan "como a mí...". Estoy harto de que no tengan empatía con nadie más que no sean ellas mismas o gentuza de su misma calaña. Estoy harto de tenerlo tan cerca...
martes, 26 de junio de 2007
DEL DOLOR EN LA TELEVISIÓN
Ocurrió ayer que un convoy de tropas españolas en el Líbano voló por los aires tras la explosión de una bomba. Hipótesis, como siempre, no faltaron. Se recuerdan imágenes del conflicto israelí, se dan los nombres de los muertos, la palabra "España" o "español" es utilizada en una de cada cuatro palabras... Podríamos decir que los problemas sólo son problemas cuando tocan de cerca, algo ya sabido, por otra parte.
La Televisión convierte en imagen aquello que nosotros elaboramos con nuestro pensamiento. Esa imagen se universaliza, de ella participan todas las personas que sintonizan una u otra cadena en algún momento. Se establece un vínculo social a través de la virtualidad de las imágenes, puesto que lo real sólo es momentáneo. La imagen vincula a personas de diferentes sitios. En este caso, el lugar es el Líbano, lejano. Pero el agente de la acción es español, cercano. Se entremezclan dos dimensiones, la lejana en lo geográfica y la cercana en lo emotivo-personal. La primera es evidente, y la segunda radica en ese componente de identificación personal. Lo nacional como propio. La percepción del riesgo como cercana ¿Cómo se logra esto? Con la transmisión de las imágenes de los funerales. El hecho de ver caras desencajadas, llantos, gritos... recuerda que la muerte está ahí, en cualquier momento. Pero a la vez la dota de causalidad, "como yo no tengo gente en el ejército, no me va a pasar. Pero el drama es muy grande..." se transmite una muerte ligada a una enorme casuística: un conflicto, un lugar sin transitar, un camino determinado que no otro... y le hace perder ese halo de temeridad, sin embargo recobra al ver el dolor en la cara ajena.
No es necesario mostrar el dolor, es gratuito. Todos sabemos lo que se siente al perder a un ser querido, y más aún siendo un hijo, por la sencilla razón que no pertenece a la ley natural que los padres entierren a sus hijos, si no al revés. Pero el componente dramático, humano es necesario para llamar la atención. De la misma manera que las cifras de soldados muertos en IRak pasan desapercibidas, si las dotamos de fastuosos funerales americanos, con las víctimas rotas y los cañones disparando al acorde de las notas del himno, el impacto es mucho mayor. Por lo tanto, el dotar de componente humano a la muerte le da mayor dramatismo. Entonces ¿en que punto de la evolución nos hayamos? ¿Cuándo fue necesario ver el dolor ajeno insistentemente para concienciarse? Y si no es así ¿Que clase de humanidad es aquella que busca la carnaza en el dolor ajeno, que ve como un medio de distracción el dolor de otros? ¿Que clase de comunalidad surge del dolor individual convertido en martirio universal? La que se siente, no la que está. Decía Noelle-Neumann que los olvidados por la televisión son víctimas en una doble dimensión, por un lado en su concepción de olvidados, y por otro, que nadie tiene conciencia de su existencia al no tener cobertura en medio alguno.
Pues si para saber que el mundo está en guerra por las decisiones unilaterales de Estados faraónicos alejados de sí mismos, si para tomar conciencia de que un día morimos tenemos que presenciar los funerales, gritos y dolor ajenos en televisión, sí sólo se nos revuelve el estómago con imágenes impactantes, con lo bobalicón de lo mediático. Si en esto nos hemos convertido, es mejor apagar la televisión y volver a empezar ya no de nuevo, si no desde cero...
La Televisión convierte en imagen aquello que nosotros elaboramos con nuestro pensamiento. Esa imagen se universaliza, de ella participan todas las personas que sintonizan una u otra cadena en algún momento. Se establece un vínculo social a través de la virtualidad de las imágenes, puesto que lo real sólo es momentáneo. La imagen vincula a personas de diferentes sitios. En este caso, el lugar es el Líbano, lejano. Pero el agente de la acción es español, cercano. Se entremezclan dos dimensiones, la lejana en lo geográfica y la cercana en lo emotivo-personal. La primera es evidente, y la segunda radica en ese componente de identificación personal. Lo nacional como propio. La percepción del riesgo como cercana ¿Cómo se logra esto? Con la transmisión de las imágenes de los funerales. El hecho de ver caras desencajadas, llantos, gritos... recuerda que la muerte está ahí, en cualquier momento. Pero a la vez la dota de causalidad, "como yo no tengo gente en el ejército, no me va a pasar. Pero el drama es muy grande..." se transmite una muerte ligada a una enorme casuística: un conflicto, un lugar sin transitar, un camino determinado que no otro... y le hace perder ese halo de temeridad, sin embargo recobra al ver el dolor en la cara ajena.
No es necesario mostrar el dolor, es gratuito. Todos sabemos lo que se siente al perder a un ser querido, y más aún siendo un hijo, por la sencilla razón que no pertenece a la ley natural que los padres entierren a sus hijos, si no al revés. Pero el componente dramático, humano es necesario para llamar la atención. De la misma manera que las cifras de soldados muertos en IRak pasan desapercibidas, si las dotamos de fastuosos funerales americanos, con las víctimas rotas y los cañones disparando al acorde de las notas del himno, el impacto es mucho mayor. Por lo tanto, el dotar de componente humano a la muerte le da mayor dramatismo. Entonces ¿en que punto de la evolución nos hayamos? ¿Cuándo fue necesario ver el dolor ajeno insistentemente para concienciarse? Y si no es así ¿Que clase de humanidad es aquella que busca la carnaza en el dolor ajeno, que ve como un medio de distracción el dolor de otros? ¿Que clase de comunalidad surge del dolor individual convertido en martirio universal? La que se siente, no la que está. Decía Noelle-Neumann que los olvidados por la televisión son víctimas en una doble dimensión, por un lado en su concepción de olvidados, y por otro, que nadie tiene conciencia de su existencia al no tener cobertura en medio alguno.
Pues si para saber que el mundo está en guerra por las decisiones unilaterales de Estados faraónicos alejados de sí mismos, si para tomar conciencia de que un día morimos tenemos que presenciar los funerales, gritos y dolor ajenos en televisión, sí sólo se nos revuelve el estómago con imágenes impactantes, con lo bobalicón de lo mediático. Si en esto nos hemos convertido, es mejor apagar la televisión y volver a empezar ya no de nuevo, si no desde cero...
lunes, 25 de junio de 2007
¿Está enferma la sociedad? El problema de lo social radica en el sensacionalismo, o se tiende a magnificarlo todo o se tiende a reducirlo. No sé si existe un punto medio, porque ésta es otra gran paradoja de la modernidad mal entendida. Los puntos medios. Ni todo es blanco ni todo es negro, siempre hay grises. Y con eso se va al fin del mundo, como si fuera un axioma demostrado científicamente. Los componentes químicos tienen fórmulas, si cambia algo en la fórmula cambia algo en el componente, ya no es el mismo. Es decir, no es que haya puntos intermedios, si no que hay cosas distintas. El problema de lo imparcial, es ese, que no se emplea como imparcialidad misma, como juez objetivo. Si no como salvaguarda de la persona única e individual. De la misma manera que el individuo no se puede subsumir en la masa perdiendo todo aquello que lo hace diferente, no se puede excluír de sus iguales acentuando la realidad de su ego como vía de escape. La masa es una cosa, y las relaciones personales son otra. En éstas últimas surge lo de "las cosas no son blancas o negras, siempre hay un punto intermedio"
¿Seguro? ¿Desde cuando? ¿Que hay entre la vida y la muerte? Nada, no hay un punto intermedio. El estado natural del hombre es la vida o la muerte, ¿un coma? Eso no es natural, sí, hay casos que despiertan, pero son la EXCEPCIÓN, y la excepción no se puede convertir en norma. El problema es que ésta se individua, se humaniza y dramatiza. Se le da una cara, una vida, unos sentimientos y entonces se estropea todo. No quita que sea un drama, desde luego, pero el componente individualista lo convierte en una causa. Y con todos mis respetos, quedar en coma, seguramente por la medicina, sea visto como un fallo neuronal, algo que aún no se puede explicar, pero es evidente que ahí el concepto de "vida" ya no es el mismo del que partíamos en la explicación. Ahí, la vida, significa estar atado a un aparato para siempre, yacer en sueños mientras te hablan y limpian... ¿es eso vida? ¿y muerte? Pues ya está.
"Hay mucha gente que..." ¿Y? ¿Quién es esa mucha gente? MIS amigos, gente que conozco YO, MIS padres. Así claro que existen puntos intermedios, porque es aceptar la generalidad pero con una excepción en lo tocante a lo personal. Entonces si todos hacemos lo mismo, legitimamos una actituda y la damos como norma universal. Funciona así, pero no significa que esté bien hecho. Lo objetivo radica en verlo todo desapegado de sentimientos, con la única consciencia de lo que estamos analizando. Mediarlo todo por la experiencia personal, por lo cercano sin ser capaces de hacer una abstracción, es garantía de error y estupidez humana. Pero el hecho es que la gran masa social actúa de esta manera, cuando se opina de algo se parte de que uno mismo y sus allegados no lo hacen, y ya queda salvado ante la mirada de la opinión pública. Todo el mundo dice lo mismo, muestra una correción personal fuera de lo común, pero las acciones del día a día demuestran que nadie lo hace. Porque si así fuera...
Pero el hecho de hablar de uno mismo, amigos y familiares, garantiza algo mucho mayor que es la autoprotección ¿quién se atreve a poner en tela de juicio los comportamientos de mis padres? Pero es que los padres son ese rol, padres, que yo sepa no son diáconos que manden sobre otras personas. Y antes que padres, son personas, y las personas nos equivocamos... ¿Los amigos? Pues lo mismo. Pero ese aspecto dramatico y humanizador de las relaciones humanas es lo que las aleja de una verdadera teoría social, de un correcto análisis. Porque nadie esta dispuesto a reconocer un error, a pensar que lo suyo no es lo mejor, y mucho peor, a tener la humildad de decir "sí, hay gente que sabe más que yo y debo escucharla". Pero esto no es posible gracias a la democratización de la cultura mal entendida, algo, de lo que hablaremos en venideros días...
¿Seguro? ¿Desde cuando? ¿Que hay entre la vida y la muerte? Nada, no hay un punto intermedio. El estado natural del hombre es la vida o la muerte, ¿un coma? Eso no es natural, sí, hay casos que despiertan, pero son la EXCEPCIÓN, y la excepción no se puede convertir en norma. El problema es que ésta se individua, se humaniza y dramatiza. Se le da una cara, una vida, unos sentimientos y entonces se estropea todo. No quita que sea un drama, desde luego, pero el componente individualista lo convierte en una causa. Y con todos mis respetos, quedar en coma, seguramente por la medicina, sea visto como un fallo neuronal, algo que aún no se puede explicar, pero es evidente que ahí el concepto de "vida" ya no es el mismo del que partíamos en la explicación. Ahí, la vida, significa estar atado a un aparato para siempre, yacer en sueños mientras te hablan y limpian... ¿es eso vida? ¿y muerte? Pues ya está.
"Hay mucha gente que..." ¿Y? ¿Quién es esa mucha gente? MIS amigos, gente que conozco YO, MIS padres. Así claro que existen puntos intermedios, porque es aceptar la generalidad pero con una excepción en lo tocante a lo personal. Entonces si todos hacemos lo mismo, legitimamos una actituda y la damos como norma universal. Funciona así, pero no significa que esté bien hecho. Lo objetivo radica en verlo todo desapegado de sentimientos, con la única consciencia de lo que estamos analizando. Mediarlo todo por la experiencia personal, por lo cercano sin ser capaces de hacer una abstracción, es garantía de error y estupidez humana. Pero el hecho es que la gran masa social actúa de esta manera, cuando se opina de algo se parte de que uno mismo y sus allegados no lo hacen, y ya queda salvado ante la mirada de la opinión pública. Todo el mundo dice lo mismo, muestra una correción personal fuera de lo común, pero las acciones del día a día demuestran que nadie lo hace. Porque si así fuera...
Pero el hecho de hablar de uno mismo, amigos y familiares, garantiza algo mucho mayor que es la autoprotección ¿quién se atreve a poner en tela de juicio los comportamientos de mis padres? Pero es que los padres son ese rol, padres, que yo sepa no son diáconos que manden sobre otras personas. Y antes que padres, son personas, y las personas nos equivocamos... ¿Los amigos? Pues lo mismo. Pero ese aspecto dramatico y humanizador de las relaciones humanas es lo que las aleja de una verdadera teoría social, de un correcto análisis. Porque nadie esta dispuesto a reconocer un error, a pensar que lo suyo no es lo mejor, y mucho peor, a tener la humildad de decir "sí, hay gente que sabe más que yo y debo escucharla". Pero esto no es posible gracias a la democratización de la cultura mal entendida, algo, de lo que hablaremos en venideros días...
martes, 19 de junio de 2007
Take the highway to the end of the night
End of the night, end of the night
Take a journey to the bright midnight
End of the night, end of the night
Realms of bliss, realms of light
Some are born to sweet delight
Some are born to sweet delight
Some are born to the endless night
End of the night, end of the night
End of the night, end of the night
Realms of bliss, realms of light
Some are born to sweet delight
Some are born to sweet delight
Some are born to the endless night
End of the night, end of the night
End of the night, end of the night
End of the night, end of the night
Take a journey to the bright midnight
End of the night, end of the night
Realms of bliss, realms of light
Some are born to sweet delight
Some are born to sweet delight
Some are born to the endless night
End of the night, end of the night
End of the night, end of the night
Realms of bliss, realms of light
Some are born to sweet delight
Some are born to sweet delight
Some are born to the endless night
End of the night, end of the night
End of the night, end of the night
End of the night - The Doors ( The Doors- 1967)
lunes, 18 de junio de 2007
Oscar Wilde, que sabía mucho de la apariencia y la manipulación a cambio del éxito, dijo un día que "Un cínico es un hombre que sabe el precio de todas las cosas e ignora el valor de una sola" Decía Descartes que hay que dudar, porque los sentidos nos engañan, es la duda cartesiana, la que critica lo subjetivo porque viene mediado por la pasión y los sentimientos, claros obnubiladores de la razón. En este sentido, Bukowski decía eso de que el amor hace perder la perspectiva de las cosas refutando la antigua teoría griega que los sentimientos van por un lado y la razón por el otro.
La historia es un continuum, no puede ser vista parcialmente ni mucho menos desde el presente, si no en su momento y su eco en el futuro (tanto en el que va a venir, como en el que es). Lo mismo sucede con las personas, decía Shakespeare que los amantes no son lo que fueron en su última discusión, si no durante toda la relación. Tendemos a sacar conclusiones mediadas, de un sólo lado, y nos equivocaremos seguro. El espíritu crítico es necesario para evolucionar. La persona que cree que nunca se ha equivocado, es mejor desconfíar de ella. La persona que no admite un error o cree que todo lo hace bien y hay una especie de confabulación universal para que al final todo acabe de otra manera, es una narcisista. Valora las cosas por su propia experiencia, cree que por hacerlo ella ya está bien hecho, eso es lo grande. Dice Fromm que la persona narcisista que llega a un sitio y dice buenos días, le parece maravilloso, porque es ella la que lo está diciendo. Fuera de ella no existe nada, pero dentro lo es todo.
El tiempo da y quita razones. Los que creímos en un momento amigos, por los que nos flagelamos día tras día y agachamos la cabeza, ahora no son más, que por decirlo sencillamente, nada. No hay mayor desprecio que no dar aprecio. La mentira, la manipulación, el cinismo, el egoísmo y todos cuantos defectos de la época actual se quieran poner, definen a una persona que un día estuvo cerca, y ahora, con perspectiva, ya no es que esté lejos, si no que puede que nunca estuviera. Se dice que el historicismo, fundamentar la historia en el presente partiendo de hechos post factum, es malo. Y lo es, otra cosa es no haber conocido la historia en su totalidad, sólo tener una visión, y sesgada, cuand se ve desde todas las perspectivas, ya se puede juzgar. Y no desde el presente, si no desde el inicio a su final, y es ahí, cuando te das cuenta que no has hecho nada malo, que simplemente fuiste una consecuencia, una parte ínfima. Y que si te pintan de malo es porque la retórica tiene mucho poder y las palabras son oídas aún sin quererlo, de ahí la grandeza de Saramago; Somos ciegos, podemos ver, pero no sabemos mirar. Y es que cuando miras con la ayuda de tus amigos, ves la verdad, y ante esa no hay justificación que valga.
La historia es un continuum, no puede ser vista parcialmente ni mucho menos desde el presente, si no en su momento y su eco en el futuro (tanto en el que va a venir, como en el que es). Lo mismo sucede con las personas, decía Shakespeare que los amantes no son lo que fueron en su última discusión, si no durante toda la relación. Tendemos a sacar conclusiones mediadas, de un sólo lado, y nos equivocaremos seguro. El espíritu crítico es necesario para evolucionar. La persona que cree que nunca se ha equivocado, es mejor desconfíar de ella. La persona que no admite un error o cree que todo lo hace bien y hay una especie de confabulación universal para que al final todo acabe de otra manera, es una narcisista. Valora las cosas por su propia experiencia, cree que por hacerlo ella ya está bien hecho, eso es lo grande. Dice Fromm que la persona narcisista que llega a un sitio y dice buenos días, le parece maravilloso, porque es ella la que lo está diciendo. Fuera de ella no existe nada, pero dentro lo es todo.
El tiempo da y quita razones. Los que creímos en un momento amigos, por los que nos flagelamos día tras día y agachamos la cabeza, ahora no son más, que por decirlo sencillamente, nada. No hay mayor desprecio que no dar aprecio. La mentira, la manipulación, el cinismo, el egoísmo y todos cuantos defectos de la época actual se quieran poner, definen a una persona que un día estuvo cerca, y ahora, con perspectiva, ya no es que esté lejos, si no que puede que nunca estuviera. Se dice que el historicismo, fundamentar la historia en el presente partiendo de hechos post factum, es malo. Y lo es, otra cosa es no haber conocido la historia en su totalidad, sólo tener una visión, y sesgada, cuand se ve desde todas las perspectivas, ya se puede juzgar. Y no desde el presente, si no desde el inicio a su final, y es ahí, cuando te das cuenta que no has hecho nada malo, que simplemente fuiste una consecuencia, una parte ínfima. Y que si te pintan de malo es porque la retórica tiene mucho poder y las palabras son oídas aún sin quererlo, de ahí la grandeza de Saramago; Somos ciegos, podemos ver, pero no sabemos mirar. Y es que cuando miras con la ayuda de tus amigos, ves la verdad, y ante esa no hay justificación que valga.
viernes, 15 de junio de 2007
A veces, el amor duele. No debería de ser pero es. No se controla lo que se siente, como muchas veces no se piensa lo que se dice. El mismo cuerpo que tantas noches he probado, es el mismo que ahora está tan lejos. Nos separan enormes milímetros. Lo que un día fue, ya no volverá a ser jamás. Las mismas caras pero distintas personas.
Le veo hablar con otra y me vuelvo loca. Finjo que no me importa, pero en el fondo, ahí donde debería estar el corazón, duele. Sonrío como si fuera lo más normal, como uno más. Camino decidida, fuerte en mi debilidad. Todo sigue igual, como si fuéramos amigos cuando fuimos amantes.
Es difícil, intento fijarme en él, pero no puedo, no quiero, no me apetece. ¿Para que buscar en otros, si no voy a encontrar nada? Se lo digo, me parece mal, no tengo motivos pero es así. Vuelvo, no ha pasado nada. Bailo como los demás. Me siento, miro al frente y sonrío, una vez más.
Se van, me quedo. Vuelven, estoy. Entra, espero. Una más, otra vez. Cuando un silencio lo dice todo las palabras sobran. Espero, espero, caminamos. Mi coche. Un beso que lo dice todo, dos de cortesía. Punto de embrague, primera. Arranco, segunda. Tercera y ya he llegado. Me desmaquillo y desvisto. Mi cuerpo, suave, desprende dolor. Me meto en cama, sonrío, giro la cabeza, y no está, una vez más, como hace tiempo…
Le veo hablar con otra y me vuelvo loca. Finjo que no me importa, pero en el fondo, ahí donde debería estar el corazón, duele. Sonrío como si fuera lo más normal, como uno más. Camino decidida, fuerte en mi debilidad. Todo sigue igual, como si fuéramos amigos cuando fuimos amantes.
Es difícil, intento fijarme en él, pero no puedo, no quiero, no me apetece. ¿Para que buscar en otros, si no voy a encontrar nada? Se lo digo, me parece mal, no tengo motivos pero es así. Vuelvo, no ha pasado nada. Bailo como los demás. Me siento, miro al frente y sonrío, una vez más.
Se van, me quedo. Vuelven, estoy. Entra, espero. Una más, otra vez. Cuando un silencio lo dice todo las palabras sobran. Espero, espero, caminamos. Mi coche. Un beso que lo dice todo, dos de cortesía. Punto de embrague, primera. Arranco, segunda. Tercera y ya he llegado. Me desmaquillo y desvisto. Mi cuerpo, suave, desprende dolor. Me meto en cama, sonrío, giro la cabeza, y no está, una vez más, como hace tiempo…
El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga
(Mahatma Gandhi)
A veces, en medio de la oscuridad que sobrevuela al cine actual surge un pequeño rayo de esperanza en forma de película indie (que daño le ha hecho la intifada popera a este término). A pesar que los productores, grandes estudios y seudopensadores del séptimo arte se les da por explotar lo que ya no da más de sí (Piratas del Caribe, pastiches de explosiones y estilo, el nuevo género de romance estúpido y otras lindezas varias de este triste siglo XXI...) siempre hay alguién dispuesto ha alegrarnos la vida, este es, sin duda, Charlie Kauffman.
De origen judío y nacido en Nueva York, me imagino (porque no lo sé) que Charlie sería ese freaky entrañable de instituo y universidad, con miles de ideas fluyéndole por la cabeza, con cierto aire depresivo a la vez que esperanzador y con una coletilla del tipo "... ahí viene este con sus idas de olla..." seguramente el bueno de Charlie estaría cansado de ese tipo de habladurías, y un día, aquel guión que llevaba tiempo encima de la mesa decidió enviarlo por las productoras de Hollywood. Rechazo suele ser lo común. Pero un pequeño geniecillo vió las posibilidades de un guión que fluctuaba entre lo surrealista, irisorrio y punzante. Spike Jonze despertó de ese mal sueño que era ser director de vídeos musicales (el aclamado Praise You de Fatboy Slim) o participar con un papel de tonto en la patética 3 Reyes. El bueno de Spike llamó a un tal Michael Stipe para pedir un poco de dinero, una vez obtenido el sí. Él y Kaufman se conocieron. Me imagino que Spike le diría "oye Charlie,Cameron Díaz quieren un papel..." y Kauffman, con esa pinta de despestidado respondería "... ¿Cameron Díaz? Bueno, una cara bonita..." O puede que no. El hecho es que "Como Ser John Malkovich" se convirtió en el acontecimiento del año. Nunca un guión había causado tanto revuelo, la historia de Craig Schwartz y el pequeño habitáculo que lo conduce a la cabeza de John Malkovich durante 15 minutos y lo vomita en un descampado de Jersey, hizo correr ríos y ríos de tinta. John Cusack parecía actor, Cameron estaba fantástica camuflada en una maraña de pelo, y Catherine Keener estaba estupenda de secundaria. Como no podía ser de otra manera, la Academia (que algún momento de la historia tuvo significado) le nominó al Mejor Guión Original, Kauffman no le dió importancia. Y es que ese año, Allan Ball con American Beauty devastó mentes a lo largo del mundo...
Tras el éxito de "Como ser..." en 2001 Charlie colabora con su buen amigo Alvin Gndry en "Human Nature" una rareza de difícil digestión, pero los amigos están para eso. Tras 3 años de idas y venidas y de alguna que otra crisis creativa, Kauffman vuelve a golpear. "El Ladrón de Orquídeas" es hasta la fecha, la mejor película del guionista. Con un NIcholas Cage majestuoso, Charlie Kauffman simplemente cuenta su imposibilidad de hacer un guión en la propia película. Lo hizo Cervantes en el Quijote con la omnisciencia del narrador, y Kauffman lo emplea para hacer cine dentro del cine. Para más INRI Nicholas encarna a Charlie Kauffman y su hermano gemelo, Donald, contando la imposibilidad a la hora de pasar a la pantalla el libro El Ladrón de Orquídeas de Susan Orlean (Meryl Streep) realidad y ficción se funden y confunden a lo largo de la película, para acabar con un final que se ríe de todo de la mano de The Turtles. Kauffman, el de verdad, describe la sicología humana a la perfección, la soledad del perdedor y el hedonismo del triunfador, lo normativo y lo rupturista, todo ello en una enorme crítica al sistema y cine actual. Reírse de uno mismo para poder reírse de los demás. Nuevamente, la Academia se vuelve acordar del bueno de Charlie, y hasta le hace un guiño. En la nominación al oscar al Mejor Guión Adaptado nomina a Charlie y... Donald Kauffman. Que son la misma persona, puesto que Donald no existe, puro álter ego del guionista en sus dos primeras películas. En esta ocasión Ball no estaba, pero sí la figura de Polanski y su Pianista, aclamado y merecido ganador de aquella noche.
Charlie no desiste, su cabeza fluye, y piensa, y siente. Ya tiene un nombre, ya es una referencia, se dice que es una de las 100 personas más influyentes en Hollywood, que no es poco. Después de un encontronazo con George Clooney por "Confesiones de una mente peligrosa" motivado por las variaciones que éste introdujo en el guión, Kauffman dejó una perla dialéctica que ya apuntaba hacia donde iba encaminarse su siguiente proyecto: "Lo usual para un escritor es entregar un guión y luego desaparecer. Pero eso no es para mí. Quiero estar involucrado de principio a fin. Y estos directores (Gondry, Jonze) lo saben y lo respetan." A los pocos meses, y bien entrado el 2003 se estrena "Eternal Sunshine of the spotless mind" (traducida al español con un grotesco Olvídate de mí¡) La película cuenta la relación entre Joel (un estupendo Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet, ganadora del Oscar por dicha interpretación). Relación en la que Joel decide borrar cualquier recuerdo de ella de su cerebro bajo un método revolucionario, y a mitad de proceso se da cuenta que no es lo que quiere... Lo que todas las ex- parejas han deseado, ese "ojalá no te hubiera conocido" Kauffman lo hace realidad en una oda al amor, las coincidencias, el azar y el destino. Compleja por momentos, pero maravillosa en su resolución, Eternal Sunshine... es la película más bonita del guionista. Es imposible no sentirse identificado, descrito o comprendido. Kauffman gira sobre sus propias paranoias, la sociedad narcisista, la soledad y el apego a los seres queridos con una originalidad digna de mención, pero no por ese estilo visual tan asqueroso y que tanto gusta a la intifada postmoderna, si no por el contenido y la sencillez. Es cine clásico pero adaptado (que no actualizado) a la época que vivimos.
Hasta el momento, Kauffman no había conseguido ningún Oscar, pero sí el respeto de la comunidad cinéfila, que no es poco tal y como andan las cosas. La ceremonia del 2004 tenía preparado algo para el bueno de Charlie. Allí, en su butaca, miraba una vez más todo el circo del Kodak Theatre. Su hija debería estar en cama, pero con lo testaruda que era, se querría quedar para saber si papá por fin iba a ganar. Charlie se había reído mucho viendo Los Invencibles, digno rival. Se empalagó del El Aviador y el corazón se le dobló con EL Secreto de Vera Drake, pero lo que de verdad le tocó el alma fue la devastadora Hotel Rwanda. Ante sí, todos ellos, estaba imaginando como sería dar un discurso de ganador cuando Samuel L. Jackson dijo eso de " and the oscar goes to... Charlie Kauffman - Eternal Sunshine...". Dió las gracias, mandó a su hija a la cama y se fue por donde había llegado, de la misma manera, sin hacer ruido.
Este es Charlie Kaufman, el hombre que vuelve loco a Hollywood, el que se resiste a caer en las garras de la dictadura de lo actual, el que guioniza para quién le deje no para quién le quiera. Uno de los pocos que quedan. Admirador confeso de Mankiewicz, y siguiendo los pasos de éste, va a dar el salto a la dirección. Su obra se va a llamar "Synecdoche, New York" ¿el argumento? pues algo así como un dramaturgo que cree que se está muriendo y pone todo su empeño en realizar una réplica a tamaño real de la ciuda de Nueva York dentro de un almacén para utilizarla en su última obra...
Como la vida misma.
De origen judío y nacido en Nueva York, me imagino (porque no lo sé) que Charlie sería ese freaky entrañable de instituo y universidad, con miles de ideas fluyéndole por la cabeza, con cierto aire depresivo a la vez que esperanzador y con una coletilla del tipo "... ahí viene este con sus idas de olla..." seguramente el bueno de Charlie estaría cansado de ese tipo de habladurías, y un día, aquel guión que llevaba tiempo encima de la mesa decidió enviarlo por las productoras de Hollywood. Rechazo suele ser lo común. Pero un pequeño geniecillo vió las posibilidades de un guión que fluctuaba entre lo surrealista, irisorrio y punzante. Spike Jonze despertó de ese mal sueño que era ser director de vídeos musicales (el aclamado Praise You de Fatboy Slim) o participar con un papel de tonto en la patética 3 Reyes. El bueno de Spike llamó a un tal Michael Stipe para pedir un poco de dinero, una vez obtenido el sí. Él y Kaufman se conocieron. Me imagino que Spike le diría "oye Charlie,Cameron Díaz quieren un papel..." y Kauffman, con esa pinta de despestidado respondería "... ¿Cameron Díaz? Bueno, una cara bonita..." O puede que no. El hecho es que "Como Ser John Malkovich" se convirtió en el acontecimiento del año. Nunca un guión había causado tanto revuelo, la historia de Craig Schwartz y el pequeño habitáculo que lo conduce a la cabeza de John Malkovich durante 15 minutos y lo vomita en un descampado de Jersey, hizo correr ríos y ríos de tinta. John Cusack parecía actor, Cameron estaba fantástica camuflada en una maraña de pelo, y Catherine Keener estaba estupenda de secundaria. Como no podía ser de otra manera, la Academia (que algún momento de la historia tuvo significado) le nominó al Mejor Guión Original, Kauffman no le dió importancia. Y es que ese año, Allan Ball con American Beauty devastó mentes a lo largo del mundo...
Tras el éxito de "Como ser..." en 2001 Charlie colabora con su buen amigo Alvin Gndry en "Human Nature" una rareza de difícil digestión, pero los amigos están para eso. Tras 3 años de idas y venidas y de alguna que otra crisis creativa, Kauffman vuelve a golpear. "El Ladrón de Orquídeas" es hasta la fecha, la mejor película del guionista. Con un NIcholas Cage majestuoso, Charlie Kauffman simplemente cuenta su imposibilidad de hacer un guión en la propia película. Lo hizo Cervantes en el Quijote con la omnisciencia del narrador, y Kauffman lo emplea para hacer cine dentro del cine. Para más INRI Nicholas encarna a Charlie Kauffman y su hermano gemelo, Donald, contando la imposibilidad a la hora de pasar a la pantalla el libro El Ladrón de Orquídeas de Susan Orlean (Meryl Streep) realidad y ficción se funden y confunden a lo largo de la película, para acabar con un final que se ríe de todo de la mano de The Turtles. Kauffman, el de verdad, describe la sicología humana a la perfección, la soledad del perdedor y el hedonismo del triunfador, lo normativo y lo rupturista, todo ello en una enorme crítica al sistema y cine actual. Reírse de uno mismo para poder reírse de los demás. Nuevamente, la Academia se vuelve acordar del bueno de Charlie, y hasta le hace un guiño. En la nominación al oscar al Mejor Guión Adaptado nomina a Charlie y... Donald Kauffman. Que son la misma persona, puesto que Donald no existe, puro álter ego del guionista en sus dos primeras películas. En esta ocasión Ball no estaba, pero sí la figura de Polanski y su Pianista, aclamado y merecido ganador de aquella noche.
Charlie no desiste, su cabeza fluye, y piensa, y siente. Ya tiene un nombre, ya es una referencia, se dice que es una de las 100 personas más influyentes en Hollywood, que no es poco. Después de un encontronazo con George Clooney por "Confesiones de una mente peligrosa" motivado por las variaciones que éste introdujo en el guión, Kauffman dejó una perla dialéctica que ya apuntaba hacia donde iba encaminarse su siguiente proyecto: "Lo usual para un escritor es entregar un guión y luego desaparecer. Pero eso no es para mí. Quiero estar involucrado de principio a fin. Y estos directores (Gondry, Jonze) lo saben y lo respetan." A los pocos meses, y bien entrado el 2003 se estrena "Eternal Sunshine of the spotless mind" (traducida al español con un grotesco Olvídate de mí¡) La película cuenta la relación entre Joel (un estupendo Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet, ganadora del Oscar por dicha interpretación). Relación en la que Joel decide borrar cualquier recuerdo de ella de su cerebro bajo un método revolucionario, y a mitad de proceso se da cuenta que no es lo que quiere... Lo que todas las ex- parejas han deseado, ese "ojalá no te hubiera conocido" Kauffman lo hace realidad en una oda al amor, las coincidencias, el azar y el destino. Compleja por momentos, pero maravillosa en su resolución, Eternal Sunshine... es la película más bonita del guionista. Es imposible no sentirse identificado, descrito o comprendido. Kauffman gira sobre sus propias paranoias, la sociedad narcisista, la soledad y el apego a los seres queridos con una originalidad digna de mención, pero no por ese estilo visual tan asqueroso y que tanto gusta a la intifada postmoderna, si no por el contenido y la sencillez. Es cine clásico pero adaptado (que no actualizado) a la época que vivimos.
Hasta el momento, Kauffman no había conseguido ningún Oscar, pero sí el respeto de la comunidad cinéfila, que no es poco tal y como andan las cosas. La ceremonia del 2004 tenía preparado algo para el bueno de Charlie. Allí, en su butaca, miraba una vez más todo el circo del Kodak Theatre. Su hija debería estar en cama, pero con lo testaruda que era, se querría quedar para saber si papá por fin iba a ganar. Charlie se había reído mucho viendo Los Invencibles, digno rival. Se empalagó del El Aviador y el corazón se le dobló con EL Secreto de Vera Drake, pero lo que de verdad le tocó el alma fue la devastadora Hotel Rwanda. Ante sí, todos ellos, estaba imaginando como sería dar un discurso de ganador cuando Samuel L. Jackson dijo eso de " and the oscar goes to... Charlie Kauffman - Eternal Sunshine...". Dió las gracias, mandó a su hija a la cama y se fue por donde había llegado, de la misma manera, sin hacer ruido.
Este es Charlie Kaufman, el hombre que vuelve loco a Hollywood, el que se resiste a caer en las garras de la dictadura de lo actual, el que guioniza para quién le deje no para quién le quiera. Uno de los pocos que quedan. Admirador confeso de Mankiewicz, y siguiendo los pasos de éste, va a dar el salto a la dirección. Su obra se va a llamar "Synecdoche, New York" ¿el argumento? pues algo así como un dramaturgo que cree que se está muriendo y pone todo su empeño en realizar una réplica a tamaño real de la ciuda de Nueva York dentro de un almacén para utilizarla en su última obra...
Como la vida misma.
miércoles, 13 de junio de 2007
jueves, 7 de junio de 2007
La docencia no es una obligación, si no un deber, casi que diría que un placer. El hecho de poder enseñar y transmitir conocimientos sólo debería ser patrimonio de aquellos que lo sienten, no de quienes se sienten obligados para. Lo de siempre, libertad de o libertad para. En la actualidad, muchos de los futuros docentes no lo son por vocación, palabra romántica en total desuso, si no por salida airosa y cómoda para los próximos 35 años. Un buen sueldo, vacaciones largas, pagas extras y el "pequeño" deber de formar a las generaciones venideras. Vamos, jauja.
Creo en la humanidad y el género humano, y también creo que todos los profesores quemados y cómplices de un sistema inútil fueron, en su inicio, revolucionarios y agentes de cambio. Pero la sinergia del sistema y la autoderrota inflingida acabaron con esa posibilidad romántica y la tradujeron en una especie de todo sigue igual o ¿quién soy yo para cambiar lo que lleva tanto tiempo así? Porque presuponer que las personas desde un inicio sean cómplices de la mediocridad y la desmotivación, sería demasiado triste. Total, que en una de esas conversaciones al aire entre amigos salió el tema de si alguno fuera profesor, en universidad, tendría favores o facilidades en el caso de dar clase a un amigo, novia o sucedáneo cercano a una relación personal estrecha.
La respuesta cae por su propio peso. No. La docencia, la sabiduría, el aprendizaje es una cosa, y la amistad o relación de pareja es otra diferente. Y si una va bien no significa que la otra le siga, y viceversa. Hay unos mínimos para todo el mundo, para los estudiantes, tu rol en la universidad o instituto es el de estudiante, y como tal tienes que cumplir unos baremos, luego, fuera de ahí, ya cambia. El estudiante que suspende puede ser el amigo con el que hablas todos los días, pero ello no garantiza aprendizaje o buenas maneras en el estudio. Es como presuponer que quién no hace bien su trabajo por falta de destreza, es un inútil en los demás campos de su vida. Pues eso.
Las cosas son difíciles por sí mismas, sin necesidad de que nadie las complique más. Si quieres aprender, luchas por ello, si sólo quieres aprobar está la ley de los tres días; me lo leo, chapo el último y saco un cinco... vale, pero luego no nos quejemos si no hay base, si me exigen más o cualquiera chuminada de la comodidad, que todos como estudiantes, hemos querido. La comodidad y facilidad, no significa mejor aprendizaje. Pero tampoco la dificultad lo es. Las cosas por sí mismas. La labor de un maestro es compleja, enseñar, despertar inquietudes, llegar a los alumnos con contenido... parece fácil, pero a la vista está que no se sabe hacer.
Ahora bien, el alumnado juzga a los profesores por como son sus exámenes, o peor aún, por ese individualismo asqueroso de "es que a mí me suspendió..." ¿Y? ¿Quién es una persona entre 1000 alumnos? sí, el 0,1 por ciento. No se valorá la capacidad, el contenido, ni las formas, sólo el resultado personal. Y es ahí donde el sistema comienza a enquistarse. ¿Que más da que el profesor me apruebe, y con nota, con un trabajito si no aprendí nada y vi que era un zoquete máximo? Pues da igual, porque aprobé y tengo nota, así es como son las cosas.
Eso junto con la necedad del sistema establece un caldo de cultivo tan fuerte y espeso, que la única dirección que permite, ya no es la mediocridad, si no la ignorancia, claro acompañante de la autodestrucción...
Creo en la humanidad y el género humano, y también creo que todos los profesores quemados y cómplices de un sistema inútil fueron, en su inicio, revolucionarios y agentes de cambio. Pero la sinergia del sistema y la autoderrota inflingida acabaron con esa posibilidad romántica y la tradujeron en una especie de todo sigue igual o ¿quién soy yo para cambiar lo que lleva tanto tiempo así? Porque presuponer que las personas desde un inicio sean cómplices de la mediocridad y la desmotivación, sería demasiado triste. Total, que en una de esas conversaciones al aire entre amigos salió el tema de si alguno fuera profesor, en universidad, tendría favores o facilidades en el caso de dar clase a un amigo, novia o sucedáneo cercano a una relación personal estrecha.
La respuesta cae por su propio peso. No. La docencia, la sabiduría, el aprendizaje es una cosa, y la amistad o relación de pareja es otra diferente. Y si una va bien no significa que la otra le siga, y viceversa. Hay unos mínimos para todo el mundo, para los estudiantes, tu rol en la universidad o instituto es el de estudiante, y como tal tienes que cumplir unos baremos, luego, fuera de ahí, ya cambia. El estudiante que suspende puede ser el amigo con el que hablas todos los días, pero ello no garantiza aprendizaje o buenas maneras en el estudio. Es como presuponer que quién no hace bien su trabajo por falta de destreza, es un inútil en los demás campos de su vida. Pues eso.
Las cosas son difíciles por sí mismas, sin necesidad de que nadie las complique más. Si quieres aprender, luchas por ello, si sólo quieres aprobar está la ley de los tres días; me lo leo, chapo el último y saco un cinco... vale, pero luego no nos quejemos si no hay base, si me exigen más o cualquiera chuminada de la comodidad, que todos como estudiantes, hemos querido. La comodidad y facilidad, no significa mejor aprendizaje. Pero tampoco la dificultad lo es. Las cosas por sí mismas. La labor de un maestro es compleja, enseñar, despertar inquietudes, llegar a los alumnos con contenido... parece fácil, pero a la vista está que no se sabe hacer.
Ahora bien, el alumnado juzga a los profesores por como son sus exámenes, o peor aún, por ese individualismo asqueroso de "es que a mí me suspendió..." ¿Y? ¿Quién es una persona entre 1000 alumnos? sí, el 0,1 por ciento. No se valorá la capacidad, el contenido, ni las formas, sólo el resultado personal. Y es ahí donde el sistema comienza a enquistarse. ¿Que más da que el profesor me apruebe, y con nota, con un trabajito si no aprendí nada y vi que era un zoquete máximo? Pues da igual, porque aprobé y tengo nota, así es como son las cosas.
Eso junto con la necedad del sistema establece un caldo de cultivo tan fuerte y espeso, que la única dirección que permite, ya no es la mediocridad, si no la ignorancia, claro acompañante de la autodestrucción...
sábado, 2 de junio de 2007
Celo: 1.- Recelo que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda llegue a ser alcanzado por otro// 2.- Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra. Son dos de las definiciones que da la RAE para definir los celos. Las selecciono porque ambas comparten una característica común; esa concepción de posesión. En el primer caso "... bien que disfrute", en el segundo "la persona amada". Cualquiera habrá escuchado que "un poco de celos es una demostración de que tú pareja te quiere o le importas..." ¿Me lo explica?. ¿Qué tiene que ver el querer algo o alguién con el ser celoso? Los celos son una patología, la expresión de un complejo. El miedo a perder algo y dejar de tenerlo, de ser especial, de ser distinto y pasar a formar parte de un nuevo grupo de referencia.
En el caso de las parejas, los celos se derivan por ese instinto machista-animal de posesión de la presa, "la mujer es mía" parecen decir ese tipo de comportamientos. Nadie es de nadie, y ninguno llegamos a poseer a persona alguna, porque somos eso, iguales, personas, no mercancías. No hay celos buenos, no existen. Un crimen es un crimen, aunque para muchos de nosotros muchas personas no merezcan vivir por determinados echos, da igual, cometemos un crimen. Pues con los celos es igual. La primera definición lo descubre todo "...llegue a ser alcanzado por otro" He ahí la clave. La fetichización de las cosas, alcanza a las personas. Se trata, como ya mencionamos, de sentirse especial y envidiado, por los demás al poseer algo que es deseado por otras personas y no puede ser alcanzado, una vez que esto comienza a perderse y compartirse, significa que esa posición de lejanía y deseo es compartida, generalizada y por lo tanto perdida. Ese hecho de tender a la normalidad, a la igualdad, a que otros sean como uno, es lo que produce celos. Sí ha eso le añadimos el componente género, tenemos un cóctel explosivo.
"Mi novia" es mía, de nadie más. El hecho de pensar que porque alguién hable con ella, la mire o cualquier acción que conlleve un encuentro, nos puede privar de la persona, es muestra de una inseguridad, de una falta de confianza. Ya no en uno mismo, si no en la relación. Que triste tiene que ser vivir en pareja y extralimitar los movimientos del otro por miedo a perderlo. Ese miedo es irreal, porque nunca llegamos a tener a nadie. Y los celos no son más que complejos que terminan devastando una relación. Creo que se puede discutir, ser diferente, hasta ir cada uno por un lado y luego volverse a reunir, pero los celos, eso no se supera ni se cura. Deja una marca indeleble en las personas. El que es celoso lo es para siempre, y quién lo ha sufrido queda marcado para toda su vida. Siempre que hable con otra persona, que se relacione va a sentir el frío acero de la desconfianza en su nuca, aunque esta no exista, pero fue una vez y tanto marcó, que la herida sigue sangrando.
Los celos no son una demostración de amor, ni de cariño, ni de nada parecido. Son egoísmo, posesión, enajenación, todo eso y mucho más. Así como el deseo intenso de amar lo cura todo, el deseo intenso de poseer lo destruye. Mucha gente evita los celos estando siempre con su pareja, creando un mundo aparte de MÍ para TI, donde no entra nadie más. Eso es cobardía, una felicidad basada en el hermetismo. Pero al final nada de esto importa, porque las personas nos hemos convertido en nuestra propia medida, ya no son celos, es que quiero mucho a mi pareja y no puedo estar sin ella... mentira. No, discuto porque tengo miedo a perderla, y la quiero tanto, que me duele verla hablando con alguién... mentira. El amor no es exclusividad, eso se llamó derecho de pernada. Los celos no es más que economizar las relaciones humanas, convertir a las personas en mercancías y productos, como tales, una vez conseguidos, son apartados del mundo y tenidos como exclusivos, sus iguales los reclaman como tales sin más fin que el conocerlos y hacerlos partícipes de la realidad humana, pero eso, solo es patrimonio de quién ama y quién lo tiene. ¿De verdad eso es una demostración de amor?
En el caso de las parejas, los celos se derivan por ese instinto machista-animal de posesión de la presa, "la mujer es mía" parecen decir ese tipo de comportamientos. Nadie es de nadie, y ninguno llegamos a poseer a persona alguna, porque somos eso, iguales, personas, no mercancías. No hay celos buenos, no existen. Un crimen es un crimen, aunque para muchos de nosotros muchas personas no merezcan vivir por determinados echos, da igual, cometemos un crimen. Pues con los celos es igual. La primera definición lo descubre todo "...llegue a ser alcanzado por otro" He ahí la clave. La fetichización de las cosas, alcanza a las personas. Se trata, como ya mencionamos, de sentirse especial y envidiado, por los demás al poseer algo que es deseado por otras personas y no puede ser alcanzado, una vez que esto comienza a perderse y compartirse, significa que esa posición de lejanía y deseo es compartida, generalizada y por lo tanto perdida. Ese hecho de tender a la normalidad, a la igualdad, a que otros sean como uno, es lo que produce celos. Sí ha eso le añadimos el componente género, tenemos un cóctel explosivo.
"Mi novia" es mía, de nadie más. El hecho de pensar que porque alguién hable con ella, la mire o cualquier acción que conlleve un encuentro, nos puede privar de la persona, es muestra de una inseguridad, de una falta de confianza. Ya no en uno mismo, si no en la relación. Que triste tiene que ser vivir en pareja y extralimitar los movimientos del otro por miedo a perderlo. Ese miedo es irreal, porque nunca llegamos a tener a nadie. Y los celos no son más que complejos que terminan devastando una relación. Creo que se puede discutir, ser diferente, hasta ir cada uno por un lado y luego volverse a reunir, pero los celos, eso no se supera ni se cura. Deja una marca indeleble en las personas. El que es celoso lo es para siempre, y quién lo ha sufrido queda marcado para toda su vida. Siempre que hable con otra persona, que se relacione va a sentir el frío acero de la desconfianza en su nuca, aunque esta no exista, pero fue una vez y tanto marcó, que la herida sigue sangrando.
Los celos no son una demostración de amor, ni de cariño, ni de nada parecido. Son egoísmo, posesión, enajenación, todo eso y mucho más. Así como el deseo intenso de amar lo cura todo, el deseo intenso de poseer lo destruye. Mucha gente evita los celos estando siempre con su pareja, creando un mundo aparte de MÍ para TI, donde no entra nadie más. Eso es cobardía, una felicidad basada en el hermetismo. Pero al final nada de esto importa, porque las personas nos hemos convertido en nuestra propia medida, ya no son celos, es que quiero mucho a mi pareja y no puedo estar sin ella... mentira. No, discuto porque tengo miedo a perderla, y la quiero tanto, que me duele verla hablando con alguién... mentira. El amor no es exclusividad, eso se llamó derecho de pernada. Los celos no es más que economizar las relaciones humanas, convertir a las personas en mercancías y productos, como tales, una vez conseguidos, son apartados del mundo y tenidos como exclusivos, sus iguales los reclaman como tales sin más fin que el conocerlos y hacerlos partícipes de la realidad humana, pero eso, solo es patrimonio de quién ama y quién lo tiene. ¿De verdad eso es una demostración de amor?
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