sábado, 14 de julio de 2007

Papá y mamá tenían un hijo muy robusto, era como le llamaban las amistades para no herir sensibilidades. El niño, consciente de su cuerpo, tenía por naturaleza lo que en ocasiones le negaba la inteligencia. ¡No pegues¡, le decía su madre en el parque. Pareció escarmentar aquel día que cogido por una mano y zarandeado insistintemente con la otra, dejó de abusar de los demás niños para ser quién mandaba en el columpio...

El colegio hace madurar, pero también que se aprenda a leer, escribir y querer ser algo, o nada, pero con conocimiento de causa. AL principio los colores y dibujos de los libros le llamaban la atención, igual que los vestidos de las niñas. Luego las figuras, cuadrados, rombos, trapecios, y círculos. El cículo se repitió muchas veces en sus exámenes. Pero llegó al instituto. Allí, cansado de aquella barriga y aquella cara de pan, decidió apuntarse al gimnasio del barrio. Ya nunca dedicó mucho tiempo a los estudios, y ahora que su cuerpo se transformaba le fascinaba. La atracción que aquellos músculos enormes ejercían sobre él era tan fuerte que no podía resistirla, y los años pasaron entre pesas, proteínas y alguna que otra juerga.

Algo tenía que hacer con su vida, muchos de sus amigos trabajaban, y había algunos, a los qué no veía hace tiempo, que se habían labrado un buen futuro gracias a sus expedientes y posteriores carreras. Otros igual, desde aquellos FP que a él le parecían tan aburridos y para niñatos. Se sentía orgulloso de siempre comprar las camisas más grandes, de mirar con desdén a aquellos que no eran como él, de ir a la última cuando nunca fue el primero. Era el portero de la discoteca de moda. 60 euros la noche hacían más del sueldo base, más alguna que otra chapuza para salir del paso, le permitían vivir si no comodamente, si al día. Mujeres, respeto, autoridad... no le podía pedir más a la vida, porque mucho más no había aprendido.

Esa noche, no había mucha gente, una de esas en las que hay que cumplir porque te pagan un sueldo. A la entrada, dos chicos, normales, como cualquiera que pueda pasear por la calle. Riendo y disfrutando de lo que, a buen seguro, era una borrachera. Sin faltar al respeto, solo riendo y hablando. No le gustaban aquellos aires de despreocupados, aquella sonrisa de ingenuidad que desprendían. Los miró de arriba abajo y decidió que aquella camiseta no le gustaba, y que no entraban. No daban crédito. Habían oido hablar de ello, pero nunca lo habían vivido. Intentaron hablar, dialogaron, sin levantar la voz, simplemente mostrando la impotencia de no poder acabar una noche bebiendo la última, la única noche que tenían para verse puesto que el trabajo y los horizontes, separan.

Le dió igual. Con una media sonrisa y un empujón, les callaba. El era el rey, como en el parque pero de mayor, mientras les decía "No" por la otra puerta pasaban chicas a las que usurpaba un beso por su condición de rey, ellas esclavas. Le seguían hablando, pero él sólo gesticulaba hacia ellas, en un ademán desairado, lo que en un principio fue un suave empujón se acabo convirtiendo en una cara estrellada contra el suelo, una camiseta ensangrentada y un grado de inconsciencia total. "me insultó".
"No entiendo porque no nos dejas pasar, no somos diferentes a nadie, simplemente queremos seguir divirtiéndonos un poco más. A ver... y ¿Si fueras tú? ¿Te gustaría que por llevar ese traje no te dejara entrar porque..." No pudo acabar la frase porque al instante estaba en el suelo, la bofetada sonó a ira y rabia, a ignorancia, a una inferioridad tan grande que lo dejó tumbado en el suelo.

De pie, seguía mirando con su media sonrisa lo que había hecho. Pero a veces, no siempre eres el rey. No sólamente eran dos amigos, si no que eran hermanos. Uno, trabajaba en la Universidad de Bilbao, e iba tener que estar de baja, el otro, el más inocente, fascinado desde niño por Bruce Lee era profesor de Tae-Kwon-Do en un gimnasio de élite de la ciudad.

Le dolía todo el cuerpo, nadie le ayudaba, sólo sus amigas lo miraban y entre histéricas y drogadas intentaban marcar tres números en el móvil, los de la ambulancia. Y él, arrastrándose, con algo que en algún momento fue un traje, recogía,uno a uno, los dientes que había en el suelo...

1 comentario:

Anouk dijo...

Homee...
A quen temos por aqui!!
:)

Entrei porque vin o link no teu nick do messenger (conecteime un momento dende a conta de meu irmán, jejeje).

E bueno, xa levaba tempo querendo facer un conto destes...Por aquilo de desafogarme un pouco ainda que ninguén o lea, e moito menos comente.

Xa me dixeron que entraches no meu fotolog!Jajaja
Tédesme todos vixiada xa...


En fin, xa remato!
Pasareime por aquí sempre que teña tempo.


Un biquiño moi grande!