Hay una frase que dice eso de "dónde todos piensan igual, es que nadie piensa mucho..." Y en España es lo que se lleva. Me hace gracia, ya no me enfada. Mi adolescencia la disfrute en cinemascope, en muchas de esas películas la bandera de las barras y las estrellas salía cada diez minutos de metraje, el himno cantado, una serie de valores representados por un héroe envuelto en dicha esvástica. Y todos los americanos y el mundo estaban bajo dicha simbología. Yo, desde mi inocencia, pensaba "estos yankies son idiotas...". De hecho en películas indies la voz contestaria de dicho movimiento era tildada de neurótico, enemigo del país, desvíado, outsider... o cualquier improperio que se le quiera poner. Dicho personaje recogía las simpatías del espectador en su butaca que lo veía como un Sansón que terminaba sucumbiendo a los encantos de una Dalila postmoderna.
Resulta que España, es igual. Bajo cantos a la desintegración, péridade identidad y demás elementos devastadores de la "una, grande y libre", como contraposición comienza a surgir una idea de identificación, de apasionamiento por lo Español. Como identidad e identificación. Pero ya no como reafirmación propia si no como reafirmarción entorno a la opresión de los elementos restantes. Decía Orson Wells que España es un país formado por pequeños países que juntos conforman esa peculiaridad nacional. Pues nada, que no. Aquí, como ya escribí, si no te identificas con Alonso eres antiespañol, si muestras indiferencia hacia la bandera y los logros de cabecillas del régimen nacional, eres antiespañol. A ver, que alguién me lo explique; si yo por no sentirme identificado con una bandera y demás representaciones artificiales simbólicas soy un nacionalista rupturista, el qué si lo hace es un nacionalista centrista. Es decir, concibe ESPAÑA como logro y representación personal, pero no concibe que otra persona no sienta eso por ESPAÑA pero si por GALICIA, PAÍS VASCO, CATALUNYA, ANDALUCÍA... los primeros valen, pero los segundos no. No lo entiendo.
España es la unión de todas las comunidades, si el simbolismo que se construye a través de esa palabra y toda su iconografía, se construye para reafirmar su identidad mediante la oposición a las restantes, algo falla. Es decir, por ejemplo, si un deportista, visto que la única manera de competir internacionalmente (tema en el que entraremos otro día) es bajo una imposición administrativa e internacional vigende desde versalles, decide hacerlo ¿porqué no puede ir bajo la seña española pero con el reconocimiento de la particularidad vasca, catalana...? La evolución historica de dichas naciones (nacionalidades, si se quiere) es distinta a la de la nación española, por lo tanto no hay identificación, o no tan fuerte.
Lo reconozco, en esa adolescencia hubo momentos que seguía al deportista español en algunas disciplinas, pero el deporte, es deporte. Y me di cuenta que todo lo que representaba cada victoria (instrumentalizada por la política y el sistema) no significaba nada para mí. Pero sin embargo, cuando veía a Álvaro Pino, me emocionaba. O Andrés Díaz. Y más adelante Marcos Serrano, Fran, David Cal, Oscar Pereiro, Ivan Raña, Gomez Noya, Borja Oubiña... todos ellos gallegos. Cuyo único reconocimiento les puede ser dado por esa bandera y colores, aunque ellos luego abrazen la bandera gallega. ¿Es eso libertad?. Creo que cada claro. No puedo respetar el sentimiento español porque dicho sentimiento no me respeta, ni mucho menos entiende, a mi y a tantos miles de ciudadanos. Lo decía Orwell, todos los animales son iguales, pero hay unos animales que son más iguales que otros...
martes, 10 de abril de 2007
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